sábado, 18 de agosto de 2012
miércoles, 1 de agosto de 2012
¿QUÉ ES UN INTELECTUAL? - Jean Paul Sartre
En una sociedad postmoderna en donde el oficio se confunde con el hombre, y en donde es solícita también una especialización del espíritu a la manera de la Revolución Industrial; no le es permitido al obrero, ni al médico, ni al policía, ni al ebanista el gozo del pensar. Ni hablar de la íntima necesidad de expresar ideas abstractas, o de emitir razonamientos que intenten apuntar a lo lejos en el horizonte. "Zapatero a sus zapatos", grita la sabiduría popular, mientras se violenta con ello las posibilidades vitales del individuo, y se le constriñe a dos o tres haceres.
A todas estas, ¿qué opinaba Sartre de los que le exigían ser un verdadero intelectual? ¿Existe tal idea como la de un "intelectual en puridad"'? En una entrevista que le fue realizada, el ensayista y filósofo ofrece una buena explicación:
E: "Sartre, quisiera empezar por preguntarte sobre los aspectos paradójicos de su situación actual. Usted se manifiesta solidario con los combatientes del Tercer Mundo, pero pareciera haber un malentendido entre ellos y usted acerca de esta solidaridad.
Sucedió que cuando un jefe revolucionario del Tercer Mundo le solicitó un encuentro urgente dentro de las 24 horas, ya que ellos nunca tienen tiempo, usted respondió: 'No puedo'. También rechazó participar en mitines de solidaridad, y cuando preguntaron la causa de su negativa, ante el asombro de los organizadores, les contestaron: 'Sartre no puede asistir, está ocupado'. Al explicarles que Sartre tiene cita en su casa con el Sr. Flaubert de tal a tal hora, entendieron menos aún.
Como ellos le aprecian, piensan que ese trabajo sobre Flaubert es una especie de táctica y también que Flaubert podía esperar, ya que usted sería más útil en su puesto de combate. Contrariamente a estos hombres del Tercer Mundo, hay otras personas que piensan que cuando usted interviene en política pierde su tiempo. Su aceptación para presidir el tribunal que debe juzgar los crímenes de guerra en Vietnam les parece equivocada, dicen que no le concierne.
Me gustaría que me contestara sobre estos dos temas".
S: "Creo que estos dos puntos de vista, que conozco bien y que se oponen entre sí, vienen del hecho de que ni unos ni otros entienden lo que es un intelectual.
Se podría precisar un intelectual europeo, hoy. Digo 'europeo' porque en el Tercer Mundo un intelectual tiene como primera tarea servir al desarrollo del su país. En consecuencia, ponerse a disposición del gobierno y del partido. Y ser profesor, aún si lo que desea es escribir, etc.
En Europa estamos en una sociedad capitalista llena de contradicciones, y un intelectual es otra cosa. Primero hay que saber dónde se lo recluta. Se lo recluta en lo que podemos llamar el grupo de técnicos del saber y del saber práctico; entendiéndose por eso los profesores, los investigadores científicos, los ingenieros, los médicos, los escritores. Pero este campo no es suficiente con hacer su trabajo para ser un intelectual.
Un intelectual aparece a partir del momento en que el ejercicio de este oficio hace surgir una contradicción entre las leyes de ese trabajo y las leyes de la estructura capitalista. Digamos que cuando el científico, que necesariamente tiene una relación con lo universal, ya que lo que busca son las leyes, al darse cuenta de esa universalidad, ya no existe en el mundo; que ya no encontremos más conceptos universales, sino que, al contrario, encontramos clases opuestas, que no tienen ni el mismo estatus ni la misma naturaleza que el humanismo burgués que se pretende universal, es en realidad un humanismo de clase; en ese momento, si encuentra esa contradicción, el científico la encuentra en sí mismo.
A pesar de los conceptos burgueses que él mismo tiene por haber sido instruido y educado por los burgueses, al mismo tiempo él siente que su trabajo lo conduce a esa idea de universalidad que es contraria a la de los burgueses, y en consecuencia a la naturaleza de su propia constitución. Es entonces cuando se convierte en un intelectual. En otras palabras, un científico nuclear no es un intelectual, es un científico en la medida en que hace sus investigaciones. Si el mismo científico, llevando a cabo sus investigaciones nucleares, se da cuenta de que con su trabajo va a posibilitar la guerra atómica, y si denuncia esto, es porque lo siente como una contradicción. Él hace lo universal en la medida en que estudia la física nuclear, y crea la posibilidad de un conflicto singular precisamente porque su trabajo puede usarse a los fines de la guerra.
Si al mismo tiempo, como ha sucedido a menudo, cierto número de científicos nucleares se reúnen y declaran que no quieren que su trabajo se utilice para esos fines, ellos viven su propia contradicción. Si denuncian esa contradicción exterior, yo digo que son intelectuales.
En esa condición, como vemos, el intelectual tiene un doble aspecto. Es a la vez un hombre que hace un determinado trabajo y no puede dejar de ser ese hombre. Tiene que hacer ese trabajo, porque no es en el aire en donde él descubre sus contradicciones, es en el ejercicio de su profesión. Y al mismo tiempo, denuncia estas contradicciones a la vez en su propia interioridad y en el exterior porque se da cuenta de que la sociedad que lo ha construido lo ha construido como a un monstruo; es decir, como alguien que custodia intereses que no son los suyos, que son opuestos a los intereses universales.
En ese momento es un intelectual, y en consecuencia denuncia esta doble contradicción. La denuncia porque la sufre; no porque la encuentra fuera de sí, sino porque la sufre a su manera como otros explotados sufren. Por supuesto que no es lo mismo, no es un sufrimiento vivo, punzante. Es el descubrimiento de la alienación en sí mismo y fuera de sí mismo.
Pero si el intelectual no descubre constantemente su contradicción en sí, si no ejerce constantemente su oficio de intelectual, de científico o técnico de un saber práctico, es un marginal. Si al contrario, continua ejerciéndolo se encuentra en una contradicción, porque él debe dar testimonio por todos de su contradicción , que es la misma para los demás. Es decir que debe a la vez ejercer su oficio y comprometerse en la manifestación de las contradicciones de la sociedad. Uno no es posible sin el otro.
Mis amigos del Tercer Mundo tienen la amabilidad de apoyarme. Mis amigos cubanos me tienen confianza y me han dicho "cuando vuelva a París, hable de la Revolución Cubana". Y yo lo hice. Publiqué unos quince artículos en 'France Soir'. Pero, ¿cree que si yo no hubiera escrito novelas o ensayos me hubieran dado en 'France Soir' la posibilidad de tener durante quince días una página entera?
Ud. me dice que los argelinos y los del Tercer Mundo se creen en posición de exigir todo a sus amigos y compañeros, con lo que yo estoy de acuerdo. Solo que hay otro saber que significa ese 'todo' `para cada uno. Hay que saber que un político y un intelectual son dos cosas diferentes. Exigir de un político que haga todo por la causa que abraza quiere decir que se mantenga sobre el plano político, que esté en disponibilidad perpetua, que lleve a cabo las acciones comunes con los que van en su misma dirección; y que, al mismo tiempo, determine un objetivo en función de las posibilidades que descubra en el campo de lo posible. Exigir del intelectual que haga todo ya es otra cosa. El intelectual no tiene poder, porque es un hombre que vive su contradicción en su interior y en lo exterior. El intelectual no tienen ningún poder real, ninguna eficacia real -más tarde podemos volver sobre esto, si Ud. quiere-. Sin embargo, por ser ineficaz es que puede servir. Hay que pedirle que se comprometa totalmente en tanto tiene un trabajo real y tiene una eficacia en ese plano, porque ahí es contradictorio.
Por ejemplo, a los que me critican al revés, y dicen '¿por qué se ocupa de la política en lugar de escribir, que es lo que debe hacer?', en general son mis amigos, gente que me conoce desde hace mucho y a quienes generalmente les gusta lo que escribo. A ellos les contesto que lo hago no tendría sentido si no fuera precisamente desde el interior de esa contradicción, contradicción nacida a la vez entre lo que hago y lo que soy. Ella vuleve sobre lo que hago para determinar el sentido mismo de mis trabajos. Es decir, que en cierto modo, si yo no formara parte del Tribunal Russell, no escribiría sobre Flaubert. Ustedes me dirán que lo escribí antes, y yo les diría que en ese momento hacía otros trabajos del mismo tipo. No se puede distinguir entre los dos términos de la contradicción, ya que están unidos y al mismo tiempo son incompatibles.
En consecuencia, me acuerdo por ejemplo que hacia 1952, cuando yo estaba en el Congreso de Viena y me acerqué a mis amigos comunistas. Muchos de mis otros amigos me lo reprocharon, no porque me haya acercado a los comunistas, sino porque, '¿qué tenía que hacer ahí?', etc. El hecho es que los años que he pasado en común trabajando con esa formación me han dado una experiencia y una comprensión de muchas cosas, que me sirven aún hoy para poder escribir sobre Flaubert".
El vídeo de la entrevista completa se sigue a continuación:
Un cordial saludo.
lunes, 23 de julio de 2012
domingo, 22 de julio de 2012
¡AH, PUEBLO PA' BOBO!
Publicado por
Salvador Suniaga
Etiquetas:
arte,
chavez,
politica,
sociedad,
stencil digital
sábado, 7 de julio de 2012
I, PET GOAT II - Comentarios
El colectivo que se hace llamar "Heliofant", bajo la dirección de Louis Lefebvre, ha concentrado su esfuerzo en la elaboración de una exquisita animación. Una critíca audiovisual que no busca solamente el encanto de la técnica bien ejecutada, ni se queda en la maravillosa estética que presenta, sino que conmueve con su alegórico contenido, que no deja de tener múltiples interpretaciones.
Si gusta, puede ver el corto a continuación:
Desde el principio, unas suntuosas y delicadas manos, demoníacas y femeninas, manejan a los que nos manejan. Dinero y sangre, son sus nombres; actores que nunca han dejado de protagonizar en la trama de la humanidad. ¿Pero dirigidas, entonces, bajo la máscara de la lúgubre femeneidad? Algo que pocos sospecharían, sin duda.
Y los que nos manejan -no es secreto para nadie-, son los que devengan el poder económico y militar, antonomasia actual de los Estados Unidos. No tarda en aparecer, sin embargo, la picarezca sorna al Creacionismo, pues alguien parece haber perdido en el juego del ahorcado al no atinar con la palabra "evolución". No es casual que dicha ingenuidad intelectual sea asociada con el tonto de George W. Bush. El sombrero cónico en su cabeza es casi un pleonasmo visual.
Por cierto, hablando de sombreros, el buen Obama se diferencia de su predecesor con su birrete. Pero, ¿y ese misterioso 101? Vea la animación y observe detenidamente.
Niños gregarios, individuos genéricos que no parecen pensar y que, además, se encuentran alienados tras la retícula académica, contrastan con la niña despierta (reminiscente a Alicia, pues hasta el conejo aparece) que arroja la manzana de la preocupación. Es que para los poderosos, que los subyugados disientan siempre será motivo de preocupación. No es para menos.
Comienza el fin de la distopía. En medio de un mundo gélido, la fábrica termina por destruírse a sí misma, a la sazón del final inevitable que adviene a la producción por la producción. Osama, ángel negro iluminado por la oriental luna roja, agradece delante de su séquito; no sin olvidarse de que los ángeles negros, por más negros que sean, cayeron del "Cielo". O de la CIA.
Y no es que la libertad se desmorone, es que todo se desmorona. En una metáfora muy cristiana, la serpiente y Jesucristo intervienen en medio de la implosión. Los medios, influenciadores legítimos pero decadentes de la plebe, extraen la masa encefálica de las nuevas generaciones; y pareciera que éste es el heraldo de la serpiente del Edén. Eso, con los jóvenes, porque con los ya maduros el mercado, la pugna inacablable por el dinero es su sentido existencial, Valor simbólico, y quizás alusivo a la masonería, tiene el zarcillo en la oreja izquierda del tentador personaje.
Por otro lado, el portador del Sagrado Corazón, corazón éste dibujado con traza de infante, con inocencia pero flameante, navega en trance atravesando toda la catástrofe. Los bombarderos B-2A Spitit atacan la Mezquita, y no es precisamente La Piedad de Miguel Ángel la que llora inconsolable con Jesús en sus piernas...
Nuevas generaciones de indígenas autómatas, que con un talante criminal importado, son la representación del miedo ante lo maligno y desconocido para sus ancestros. Los proletarios suramericanos se ahogan aterrorizados en medio de la inmundicia, y a la vista de una izquierda que nunca les salvará. Mientras tanto, en otras lindes, ¿para qué luchar por los oprimidos asiáticos si es el momento de los muertos, de la muerte, y este par está de fiesta?
Pero el apocalipsis ha llegado, y las lenguas de fuego del Sagrado Corazón han descendido a los hombres, tal y como lo vaticinaba San Juan. Más, basta observar que no solo es un descenso de la destrucción, no es solo una destrucción de afuera hacia dentro, sino también de adentro hacia afuera. Y adentrándose por la epiglotis de la humanidad, el flagelo definitivo apenas comienza.
Aunque el Sagrado Corazón lideriza el Gran Final, Shiva y los otros dioses le secundan en la destrucción. La devastación deja de ser patrimonio del Cristianismo y toma carácter universal. La Puta de Babilonia, antigua seductora de los hombres, recibe su juicio divino mientras se encuentra encerrada en su torre fálica. Todo se desmorona, incluyendo las legiones de esclavos encorbatados que nacieron para mimetizarse en el colectivo, producir y morir. La tundra se destroza, la serpiente que engaña huye, la danza debajo de la luna enorme avisora el término y, finalmente, ese palacio demoníaco que es el mundo del hombre colapsa, con todos sus logros y maravillas, pirámides, tecnologías y castillos, ante el gran Sol de los nuevos tiempos.
Y así, el Sagrado Corazón despierta para verlo.
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