martes, 28 de diciembre de 2010

DIOS SEGÚN ARISTÓTELES


S
i bien es cierto que la filosofía exige un devenir del pensamiento supremamente más riguroso que todos aquellos misticismos espirituales y religiosos (a los que la tradición nos mantiene lamentablemente acostumbrados), también es factible observar nacer de ella una teología, pero proveniente de los más profundos abismos mentales de varios reconocidos y escrupulosos pensadores. Esto no debe entrañar una contradicción, pues, como ya se ha dicho anteriormente en estas páginas, cada Dios es del tamaño de la conciencia que lo elucubra. Justo por esto, analizar el problema de Dios desde el punto de vista de la filosofía, más que parecer algo insólito, es elevar el nivel del debate a uno más sublime, responsable y profundo.

Esta oportunidad será correspondiente a la teología de Aristóteles, el artífice por excelencia de toda la arquitectura filosófica de la Grecia antigua, y por ende, de una muy extensa parte del conocimiento de la humanidad hasta bien entrada la Edad Media. Este titán del pensamiento fue discípulo directo de Platón a la vez de ser su gran amigo, lo cual no evitó que fuera su principal crítico y reformista de la filosofía de aquel.

Bajo una concepción metafísica en la que Platón había dividido el mundo en dos, a saber, en una realidad de las ideas y de las cosas en sí y en una realidad ilusoria, remedo imperfecto de la primera, que sería la que nos rodea y a la que estamos acostumbrados; Aristóteles había analizado esta concepción, la había puesto bajo sospecha, y luego logró refutarla para hacer de lo que había de cierto en ella una filosofía mucho más sólida e inexpugnable. Así fue cómo Aristóteles se coronó como el padre del Realismo, al refutar elegantemente ese dualismo platónico de dividir la realidad en dos planos, y al demostrar que no existe un mundo atrás del mundo, ni por encima del mundo, ni más allá del mundo. Desafortunadamente pareciera que aún hoy varios “pensadores” no se han percatado de esta refutación, e insisten en colocar el centro de gravedad de la verdad en planos místicos, imperceptibles y anacrónicos de realidad alterna. No es de extrañar que muchos “filosofillos” y “espirituales” del hoy sean preponderantemente platónicos. O Kantianos.

Así es pues como Aristóteles establece en su Metafísica, en su Física y en su Psicología retazos de ideas que en conjunto conforman una concepción de Dios bastante particular, muy distinta a las concepciones religiosas comunes, y sobretodo, muy superior. Para entender el dios de Aristóteles hay que comprender primero lo que significa el concepto de contingencia, desde el punto de vista filosófico.

Un fenómeno en la vida es contingente si así como ha ocurrido muy bien pudo haber ocurrido de otra manera. Nosotros, por ejemplo, hemos nacido, pero si las circunstancias hubiesen sido de forma diferente, no estaríamos aquí. Es decir, que nosotros somos contingentes, o para decirlo en otras palabras (a fin de llegar a la rigurosidad filosófica), no somos necesarios: al ser pero con la posibilidad de no haber sido, no tenemos (en nosotros) una razón que fundamente o justifique nuestra existencia. Existe pues una identidad, una especie de equivalencia, entre ser contingente y no ser necesario. Luego, después de unos momentos reflexivos, es fácil concluir que todo en la vida es contingente o innecesario; que así como han ocurrido los eventos que han desembocado en este presente muy bien pudieron haber derivado en algún otro. Vale destacar que gracias a que somos contingentes se demuestra que somos libres, y por lo tanto, responsables de nuestros actos.

Desde la perspectiva aristotélica, si algo es contingente o innecesario, entonces debe su razón a otra cuestión precedente que le haya guardado su fundamento. Si éste algo precedente sigue siendo contingente, entonces debe su razón a un tercer “algo” anterior al que le deba su fundamento. Ascendiendo sucesiva e infinitamente, Aristóteles concluyó que debe existir un ser que sea necesario por él mismo, que no sea contingente. Ese ser sería Dios.

Es por ello que para este filósofo no haría mayor falta demostrar la existencia de Dios, porque si su argumento de la no-contingencia es cierto, tan solo con ver las cosas que nos rodean estamos certificando que Dios existe. ¿Cómo es que las cosas y nosotros existimos? Existimos porque tenemos un fundamento, una razón de ser para existir, y la fuente de ese fundamento es justamente Dios. Por lo tanto, todo lo que existe nos remite inevitablemente a la absoluta necesidad (no-contingente) de una divinidad planificadora.

Por otro lado, Aristóteles reconocía en la contingencia, en lo no necesario, movimiento. ¿Qué es movimiento en este contexto? Movimiento significa una transferencia, un devenir, un transcurrir, un ser que pasa a un no ser. Ser contingente es estar en movimiento, es un “no” a lo inmutable y a lo real en si; al no ser necesario, se es un tránsito y no un fin, se es una relatividad y no un absoluto. Por esta razón, si Dios no es contingente, no puede tener movimiento. La inmovilidad (que implica inmutabilidad) es la primera característica de Dios que se deriva de lo anterior.

Asimismo, si Dios resulta inmovible, entonces no puede ser material. Todo lo que posee materia es susceptible de movimiento, pues lo material cambia, es y no es sucesivamente. Y lo material no solo posee movimiento en cuanto a naturaleza y esencia, sino que también, desde un punto de vista más básico, es susceptible de cambio en cuanto a posición y forma. Por todas estas razones, por ser lo material un sinónimo de lo mutable, la inmaterialidad de Dios es otra de Sus características.

Otra de las implicaciones de la no-materialidad de Dios es su no-posibilidad o no-latencia, sino que empero es inmanentemente presente. Dios es, según las palabras de Aristóteles mismo, el “acto puro”. Explicándolo: la materia, como ya se ha mencionado, implica un movimiento, y este movimiento implica a su vez una latencia de ser. La materia, al cambiar, va deviniendo, va siendo y transformándose constantemente en otra cosa, va sucediéndose a sí misma. Lo material por tanto implica posibilidad, implica un futuro distinto al presente, una potencialidad de “llegar a”, “de ser”, de “convertirse en”. Ergo, si Dios no es material, no puede encerrarse en Él posibilidad alguna, ni potencialidad ni latencia. Dios es. Dios no puede estar siendo, Dios no puede llegar a ser, Dios es el ya; no es ni pasado ni futuro, sino el presente mismo, es la franja justa que divide lo pretérito de lo venidero. Es el pleno instante, el pleno acto, el acontecer mismo ya ejecutado.

Entonces, si Dios es necesario, no-contingente, inmóvil, inmaterial; si no posee latencia ni posibilidad sino que ya es, si es el acto puro, si no coexiste en un plano de realidad alterna Dios es pensamiento puro.sino que existe en esta realidad, la única realidad, ¿cuál es la actividad de Dios? La actividad de Dios sería el pensamiento puro. La única forma de que Dios se mantenga como la causa primera y la justificación primera de todas las cosas, a pesar de ser inmutable, inmóvil, inmaterial, no-latente y existente en el mismo plano real, es, según Aristóteles, que sólo se permita “pensar pensamientos”. O “Noesis noeseos”, como el filósofo dice. Más aún, el único pensamiento en el que puede estar pensando Dios es en Él mismo, porque el pensamiento de Dios no puede dirigirse a las cosas más tanto en cuanto son ellas productos de sí mismo.

Como se puede deducir, esta “especie” de divinidad no puede hacer algo más que pensar, porque sino violentaría su inmovilidad. No puede permitirse el sentir, pues sentir es imperfección. No puede desear, ni apetecer, ni querer, pues esos son síntomas de latencia y carencias. No puede emocionarse; mucho menos, en contraste con las divinidades populares, podría ser juez o verdugo, ni un ente que premie o castigue. Este Dios somos nosotros mismos y todo lo que nos rodea, somos sus pensamientos. La realidad, la única realidad existente, es un subproducto de la intelección pura de Dios, en donde Él sería su base creadora primera y su justificación única primigenia. Cabe destacar que cualquier rito o tradición religiosa en esta concepción está completamente fuera de lugar.

Pues bien, he aquí a grandes rasgos toda la teología aristotélica. Es con certeza una concepción de Dios mucho más avanzada y profunda que la concepción antropológica tradicional (un dios padre, moral, bueno, represor y cumplidor de deseos), aunque para ser rigurosos, todavía persisten en el filósofo algunas ideas muy antropológicas, como eso de un "dios pensante", por ejemplo. En el mismo orden de ideas, bien vale acotar que la arquitectura filosófica de Aristóteles fue válida hasta el siglo XVI, en donde los nuevos avances científicos y el movimiento renacentista que le hizo compañía echaron por tierra sus bases metafísicas y ontológicas. Digamos que el asunto de la contingencia y de las causas primeras fue resuelto luego, sin necesidad de intervenciones divinas.

Hasta una nueva oportunidad. Muchos saludos.






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10 comentarios:

  1. Dah, con el penúltimo párrafo, la consecuencia de tu análisis me sonó tanto al bigotón Nietzsche que me dije: "debería leer hasta aquí".

    Al leer el último párrafo, entendí claramente la diferencia entre el pensamiento que defiendes -el bigotudo- y aquel que desprecias -el del tipín coelho o como se escriba- con una simple palabra: "padre". Bien, el mal siempre ha sido el paternalismo, en ese sentido antropológico de carencias.

    Me gustó, me puso a repasar lo leído, pero así y todo me recuerda que a pesar del gusto que compartimos, de la base filosófica más realista y humanista diría yo, lo que nos queda como especie toda, son los ideales primigenios ¿podría decirse?, y aún no desprendidos del platonismo de Aristótele, no lo más realista.

    En fin, Dios somos nosotros mismos, esa es una idea que me conquistó desde que leí La Gaya Ciencia.

    Y jajajaja, me acordé de todos aquellos profesores de física diciéndonos que dejemos el pensamiento aristotélico de la física, creo que ahora se me hace más claro por qué. Saludos mi estimado.

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  2. Saludos querido Memo. Te sorprederás, pero no tuve influencia Nietzscheana en este artículo, ¡jejeje! De hecho, mi mayor influencia fue Manuel García Morente, un ya fallecido (gran) profesor de filosofía. Y para que te sorprendas más: ¡Era sacerdote!

    Aunque suene muy a "La Gaya Ciencia", eso de que "Dios somos nosotros" se deduce del mismo pensamiento de Aristóteles. Si Dios sólo puede pensar pensamientos, y si Dios sólo puede pensarse a sí mismo, ¿qué más nos queda? Somos los pensamientos de Dios, ergo, somos Dios siendo pensados.

    Vaya que uno de lo males divinos es esa antropología de los dioses (que me suena más a ego). Pero esos dioses antropológicos no lo son solo por ser "dioses padres", sino también por sentir, por ser morales, por querer, por compadecerser, por ser misericordes, por castigar; incluso por pensar. Todas esas atribuciones son desacarademente humanas.

    Bueno, siempre agradecido de que tomes la molestia de leerme. Un fuerte abrazo.

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  3. Ninguna molestia, un placer como siempre.

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  4. Cuervo.. Hay alguna manera de descargar tus artículos en versión texto para imprimir?? Xq los considero muy interesantes pero leer algo así en la pc es muy tedioso! Gracias..!!

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  5. ¡Hola Tony! Pues te comento que en un futuro tengo pensado hacer una recopilación de los artículos por categorías, para publicarlos en documentos PDF.

    Si te urge tener los artículos de tu preferencia lo más pronto posible, comunícate conmigo por correo y te los haré llegar sin ningún problema.

    Saludos.

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  6. ustedes me dan asco manada de ateos si no fuera por que esto era una tarea no hubiera leído este articulo

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    1. Querid@, ésto es filosofía antigua, un mundo dónde no existía el monoteísmo y se acercaban al agnosticismo ya por la época helenística de Alejandro Magno así que deja tu religión a un lado para poder entender tales mentes. Además, justo gente como tú si que da asco: Ni todos los católicos/cristianos/musulmanes son buenos ni los ateos son malos.

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    2. Este artículo en realidad parece estar atacando a la idea de que un dios existe. El hecho de que quien lo escribió niegue la existencia de Dios (o varios dioses) se ve reflejado en la forma en que está escrito. Se podría haber escrito de forma contraria, denotando la creencia del autor de que Dios existe, si eso hubiese creído.

      Lo que trato de decir es que la filosofía no es religión , pero tampoco es ateísmo. Debería ser más objetivo y menos subjetivo.

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  7. Es impresionante llegue aqui porque hoy me levante con la idea de que somos pensamientos de dios, somos una creacion natural de el asi como un "experimento" pensante proveniente de El, pero no necesita encontrar ninguna prueba talves somos el producto pensante de un semi dios de otra dimension y que el si experimenta y estudis la creacion, la civilizacion, en fin puedo sonar muy loco pero les pregunto, si uds fueran dios o semidios cual seria su agenda? Que mas puede existir mas que pensar y analizar creaciones o pensamientos, es un acto natural y unico que todos hariamos, me perdi en mi mismo pero me siento tranquilo de coincidir con Aristoteles. Saludos

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  8. Omar, segun he entendido, segun la metafisica aristotelica Dios no existiria de forma transcendental (en ninguna otra dimension) sino de forma inmanente en el ser, es decir, en esta misma "dimension" (que seria la unica), en todo lo que nos rodea y en nosotros mismos.

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