martes, 28 de diciembre de 2010

DIOS SEGÚN ARISTÓTELES


S
i bien es cierto que la filosofía exige un devenir del pensamiento supremamente más riguroso que todos aquellos misticismos espirituales y religiosos (a los que la tradición nos mantiene lamentablemente acostumbrados), también es factible observar nacer de ella una teología, pero proveniente de los más profundos abismos mentales de varios reconocidos y escrupulosos pensadores. Esto no debe entrañar una contradicción, pues, como ya se ha dicho anteriormente en estas páginas, cada Dios es del tamaño de la conciencia que lo elucubra. Justo por esto, analizar el problema de Dios desde el punto de vista de la filosofía, más que parecer algo insólito, es elevar el nivel del debate a uno más sublime, responsable y profundo.

Esta oportunidad será correspondiente a la teología de Aristóteles, el artífice por excelencia de toda la arquitectura filosófica de la Grecia antigua, y por ende, de una muy extensa parte del conocimiento de la humanidad hasta bien entrada la Edad Media. Este titán del pensamiento fue discípulo directo de Platón a la vez de ser su gran amigo, lo cual no evitó que fuera su principal crítico y reformista de la filosofía de aquel.

Bajo una concepción metafísica en la que Platón había dividido el mundo en dos, a saber, en una realidad de las ideas y de las cosas en sí y en una realidad ilusoria, remedo imperfecto de la primera, que sería la que nos rodea y a la que estamos acostumbrados; Aristóteles había analizado esta concepción, la había puesto bajo sospecha, y luego logró refutarla para hacer de lo que había de cierto en ella una filosofía mucho más sólida e inexpugnable. Así fue cómo Aristóteles se coronó como el padre del Realismo, al refutar elegantemente ese dualismo platónico de dividir la realidad en dos planos, y al demostrar que no existe un mundo atrás del mundo, ni por encima del mundo, ni más allá del mundo. Desafortunadamente pareciera que aún hoy varios “pensadores” no se han percatado de esta refutación, e insisten en colocar el centro de gravedad de la verdad en planos místicos, imperceptibles y anacrónicos de realidad alterna. No es de extrañar que muchos “filosofillos” y “espirituales” del hoy sean preponderantemente platónicos. O Kantianos.

Así es pues como Aristóteles establece en su Metafísica, en su Física y en su Psicología retazos de ideas que en conjunto conforman una concepción de Dios bastante particular, muy distinta a las concepciones religiosas comunes, y sobretodo, muy superior. Para entender el dios de Aristóteles hay que comprender primero lo que significa el concepto de contingencia, desde el punto de vista filosófico.

Un fenómeno en la vida es contingente si así como ha ocurrido muy bien pudo haber ocurrido de otra manera. Nosotros, por ejemplo, hemos nacido, pero si las circunstancias hubiesen sido de forma diferente, no estaríamos aquí. Es decir, que nosotros somos contingentes, o para decirlo en otras palabras (a fin de llegar a la rigurosidad filosófica), no somos necesarios: al ser pero con la posibilidad de no haber sido, no tenemos (en nosotros) una razón que fundamente o justifique nuestra existencia. Existe pues una identidad, una especie de equivalencia, entre ser contingente y no ser necesario. Luego, después de unos momentos reflexivos, es fácil concluir que todo en la vida es contingente o innecesario; que así como han ocurrido los eventos que han desembocado en este presente muy bien pudieron haber derivado en algún otro. Vale destacar que gracias a que somos contingentes se demuestra que somos libres, y por lo tanto, responsables de nuestros actos.

Desde la perspectiva aristotélica, si algo es contingente o innecesario, entonces debe su razón a otra cuestión precedente que le haya guardado su fundamento. Si éste algo precedente sigue siendo contingente, entonces debe su razón a un tercer “algo” anterior al que le deba su fundamento. Ascendiendo sucesiva e infinitamente, Aristóteles concluyó que debe existir un ser que sea necesario por él mismo, que no sea contingente. Ese ser sería Dios.

Es por ello que para este filósofo no haría mayor falta demostrar la existencia de Dios, porque si su argumento de la no-contingencia es cierto, tan solo con ver las cosas que nos rodean estamos certificando que Dios existe. ¿Cómo es que las cosas y nosotros existimos? Existimos porque tenemos un fundamento, una razón de ser para existir, y la fuente de ese fundamento es justamente Dios. Por lo tanto, todo lo que existe nos remite inevitablemente a la absoluta necesidad (no-contingente) de una divinidad planificadora.

Por otro lado, Aristóteles reconocía en la contingencia, en lo no necesario, movimiento. ¿Qué es movimiento en este contexto? Movimiento significa una transferencia, un devenir, un transcurrir, un ser que pasa a un no ser. Ser contingente es estar en movimiento, es un “no” a lo inmutable y a lo real en si; al no ser necesario, se es un tránsito y no un fin, se es una relatividad y no un absoluto. Por esta razón, si Dios no es contingente, no puede tener movimiento. La inmovilidad (que implica inmutabilidad) es la primera característica de Dios que se deriva de lo anterior.

Asimismo, si Dios resulta inmovible, entonces no puede ser material. Todo lo que posee materia es susceptible de movimiento, pues lo material cambia, es y no es sucesivamente. Y lo material no solo posee movimiento en cuanto a naturaleza y esencia, sino que también, desde un punto de vista más básico, es susceptible de cambio en cuanto a posición y forma. Por todas estas razones, por ser lo material un sinónimo de lo mutable, la inmaterialidad de Dios es otra de Sus características.

Otra de las implicaciones de la no-materialidad de Dios es su no-posibilidad o no-latencia, sino que empero es inmanentemente presente. Dios es, según las palabras de Aristóteles mismo, el “acto puro”. Explicándolo: la materia, como ya se ha mencionado, implica un movimiento, y este movimiento implica a su vez una latencia de ser. La materia, al cambiar, va deviniendo, va siendo y transformándose constantemente en otra cosa, va sucediéndose a sí misma. Lo material por tanto implica posibilidad, implica un futuro distinto al presente, una potencialidad de “llegar a”, “de ser”, de “convertirse en”. Ergo, si Dios no es material, no puede encerrarse en Él posibilidad alguna, ni potencialidad ni latencia. Dios es. Dios no puede estar siendo, Dios no puede llegar a ser, Dios es el ya; no es ni pasado ni futuro, sino el presente mismo, es la franja justa que divide lo pretérito de lo venidero. Es el pleno instante, el pleno acto, el acontecer mismo ya ejecutado.

Entonces, si Dios es necesario, no-contingente, inmóvil, inmaterial; si no posee latencia ni posibilidad sino que ya es, si es el acto puro, si no coexiste en un plano de realidad alterna Dios es pensamiento puro.sino que existe en esta realidad, la única realidad, ¿cuál es la actividad de Dios? La actividad de Dios sería el pensamiento puro. La única forma de que Dios se mantenga como la causa primera y la justificación primera de todas las cosas, a pesar de ser inmutable, inmóvil, inmaterial, no-latente y existente en el mismo plano real, es, según Aristóteles, que sólo se permita “pensar pensamientos”. O “Noesis noeseos”, como el filósofo dice. Más aún, el único pensamiento en el que puede estar pensando Dios es en Él mismo, porque el pensamiento de Dios no puede dirigirse a las cosas más tanto en cuanto son ellas productos de sí mismo.

Como se puede deducir, esta “especie” de divinidad no puede hacer algo más que pensar, porque sino violentaría su inmovilidad. No puede permitirse el sentir, pues sentir es imperfección. No puede desear, ni apetecer, ni querer, pues esos son síntomas de latencia y carencias. No puede emocionarse; mucho menos, en contraste con las divinidades populares, podría ser juez o verdugo, ni un ente que premie o castigue. Este Dios somos nosotros mismos y todo lo que nos rodea, somos sus pensamientos. La realidad, la única realidad existente, es un subproducto de la intelección pura de Dios, en donde Él sería su base creadora primera y su justificación única primigenia. Cabe destacar que cualquier rito o tradición religiosa en esta concepción está completamente fuera de lugar.

Pues bien, he aquí a grandes rasgos toda la teología aristotélica. Es con certeza una concepción de Dios mucho más avanzada y profunda que la concepción antropológica tradicional (un dios padre, moral, bueno, represor y cumplidor de deseos), aunque para ser rigurosos, todavía persisten en el filósofo algunas ideas muy antropológicas, como eso de un "dios pensante", por ejemplo. En el mismo orden de ideas, bien vale acotar que la arquitectura filosófica de Aristóteles fue válida hasta el siglo XVI, en donde los nuevos avances científicos y el movimiento renacentista que le hizo compañía echaron por tierra sus bases metafísicas y ontológicas. Digamos que el asunto de la contingencia y de las causas primeras fue resuelto luego, sin necesidad de intervenciones divinas.

Hasta una nueva oportunidad. Muchos saludos.






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lunes, 20 de diciembre de 2010

LA APUESTA DE SUNIAGA: UNA AFRENTA A PASCAL


A
parte de la fe como medio de certificar la existencia de los dioses, algunos filósofos y pensadores se han dado a la tarea de demostrarla también por medio de la razón y desde su perspectiva como creyentes. En esta oportunidad no es una demostración, sino más bien un argumento utilitario, lo que se plantea publicar a continuación.

Blaise Pascal fue un físico, matemático, filósofo y teólogo que en 1670 ideó la siguiente argumentación, en afán de mostrar cómo es más ventajoso ser un creyente que un no creyente. En su libro “Pensamientos” explica que:

“Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear.”

Buscando un sentido más pragmático, la misma argumentación puede resumirse y esquematizarse de la siguiente manera:

• Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo.

• Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada.

• Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada.

• Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo.

Esta argumentación es popularmente conocida como “La apuesta de Pascal”. También es muy conocida su invalidez, pues ha sido harto refutada. No es la intención de las líneas presentes publicar dicha refutación, la cual es accesible en un gran número de publicaciones anteriores. Sólo digamos que haciendo una justa tasación de las palabras de Pascal, el filósofo Mario Bunge ha dicho al respecto que la misma es “a la vez científicamente falsa, filosóficamente confusa, moralmente dudosa y teológicamente blasfema”.

Es factible, en retaliación a Pascal y por medio de su estilo utilitarista, plantear una nueva propuesta para los creyentes. La denomino, no sin salpicarla con algo de sátira, como “La apuesta de Suniaga”. Luego, también esquematizando las ideas, se tiene:

• Puedes no creer en Dios. Si no existe, estarás en lo correcto.

• Puedes no creer en Dios. Si Dios existe, pero no tiene un Plan Divino para su creación, no tendría entonces necesidad de establecerse como un ente rector y juez de actos morales al final de nuestras vidas. Ante un universo (filosóficamente) contingente, no regulado, no planificado; nada en específico, en rigor, tendría razón de ser esperado. En este caso, bien se puede creer o no creer en Dios, sin ninguna ventaja que beneficie alguna de las dos decisiones.

• Puedes no creer en Dios. Si Dios existe, no tiene un Plan Divino, más sí acontece que es un juez de los asuntos morales humanos al final de nuestras vidas, entonces este dios es uno creador y juez. En toda la magnificencia esperada de un ente como tal, una perfecta justicia y moral que emane de Dios no podría de ninguna manera remitir castigos o recompensas eternas a cambio de una vida finita, ni cometer la injusticia de reprender a sus creaciones habiendo sido de Su deseo el que tuvieran serias imperfecciones, ni mucho menos evaluar negativamente el uso de una razón escrupulosa al someterle a una legítima duda en honor a la verdad. En este caso, se podría asegurar que el no creer es más ventajoso, pues implica ante Dios una honestidad de alta valía, congruente con el uso de la razón y de un espíritu amante de las verdades profundas.

• Puedes no creer en Dios. Si Dios existe y tiene un Plan Divino, no existe ninguna responsabilidad en los actos de los seres humanos, pues todo evento ya está predeterminado en Su intención. Esto incluye el negarle o someterle a duda: también estaría dentro del plan.

Finalmente se debe agregar que en cualquier otro caso, diferentes características de un dios nos llevarían a la inevitable conclusión de que es in extremis similar a los seres humanos, y se tendría que concluir que dicho ente no es más que una magnificación de las más imperfectas pasiones y temores. Si Dios existe y resulta de tal manera, al ser tan parecido a nosotros, nos coloca entonces en una posición en la que debemos reflexionar si nos subvaloramos como seres humanos o si hemos sobrevalorado a Dios en cuanto a dios.






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sábado, 18 de diciembre de 2010

10 CARACTERÍSTICAS TÍPICAS EN DOÑAS OPOSITORAS

P
ara nada pretendo que sea un secreto mi crítica constante al gobierno chavista, crítica que considero legítima, parte de mis derechos y siempre enfocada a la positiva transformación mental del ciudadano venezolano. No obstante, como tampoco soy afín a ningún dogma y soy, además, enemigo expreso de los fundamentalismos, debo denunciar, así sea en son de sorna, la postura de muchas personas que componen el bando opositor al gobierno en Venezuela.

Justamente por renegar de los fundamentalismos es que he capturado un indeseable comportamiento de tal tipo, predominante en las señoras opositoras, lo cual, me da mucha pena decirlo, es exactamente igual en esencia al comportamiento del bando al que cuestionan. Lo mejor en esta clase de explicaciones es ofrecer ejemplos, así que sin más introducción, he aquí las 10 características típicas de una doña opositora dogmática:

1. Escribir en mayúsculas en los correos y redes sociales: Quizás sea cuestión de la edad, de la presbicia, de las cataratas o de la miopía; pero existe una extraña tendencia por parte de las doñas opositoras, sobretodo a partir de cierta edad, a escribir todo sus comentarios y correos en mayúsculas.

Los entendidos en la socialización internauta están de acuerdo en que escribir todo con mayúsculas es un equivalente a emular gritos en una conversación hablada. De repente todo cobra sentido, pues cuando una doña opositora critica al gobierno siempre grita, y por eso es muy fácil y comprensible verla escribiendo así; sobretodo cuando omite las comas, acentos y demás signos de puntuación. Quizás sea un equivalente a gritar todo sin tomar respiro.

Sí, así son.


2. Divulgar rumores de “sacudones”: Nunca faltará una doña de este estilo que afirme estar bien conectada con el secreto mundo conspirativo opositor (el cual considero inexistente). En el ascensor, en el mercado o en el bus, siempre una señora que te haya evaluado y te considere de confianza te dirá, susurrando:

“Mira, mucho cuidado con lo que te voy a decir: me dieron un dato desde el Alto Mando Militar. Me dijeron que para este fin de semana hay un sacudón bien fuerte. Compra comida enlatada, velas, fósforo y agua. Esto va a ser horrible. Ya está todo organizado, para que el loco de Chávez se vaya…”

Lo que me parece curioso no es que eso nunca haya ocurrido, ni me parece curioso las 24 veces que lo he escuchado, ni cómo es posible que una señora que se la pasa viendo la novela de las 9 de la noche y juegue bingo de vez en cuando esté tan empapada de las conspiraciones militares e insurrecciones populares. Lo que me parece curioso es que lo de las velas, los fósforos, el agua y los enlatados también lo dicen, y con el mismo susurro sombrío, las señoras fanáticas de los misterios de la Virgen de Fátima y los últimos tiempos…

¿Será que son las mismas señoras?

Si tienes preparado un kit para apocalipsis zombies, estás listo para enfrentar las profecías de Fátima y las explosiones sociales del fin de semana.


3. Marchas, apagones de luz y toque de cacerolas por “la libertad y la democracia”: Consulte a una señora opositora indignada y con virtudes de liderazgo, y propondrá una genial idea, la cual acabará con todo vestigio de totalitarismo en el país. ¿Cuál es esa panacea? Tocar cacerolas desde el balcón de la casa.

En efecto, según estudios de científicos alemanes y de la medicina sistémica, se ha corroborado una asombrosa correlación entre el escándalo que hace una cacerola y la caída de regímenes totalitaristas y dictaduras. La correlación es proporcional al número de cacerolas sonantes y a la intensidad, frecuencia y duración de los golpeteos; de manera tal que una señora que toque su cacerola durísimo, rapidísimo y durante 20 minutos hará más efecto en eliminar a los gobernantes que una señora de ánimos menos motivados.

Asimismo, en una propuesta un poco más artística, se sugieren los apagones de las luces de la casa, durante 20 minutos más o menos, para que los gobernantes sepan “lo sumido en las sombras que mantienen a sus ciudadanos” y por ende se aflijan y se vayan. Esta me gusta, porque es algo ecológico.

Pero la reina de los mecanismos anti-gobierno son las marchas. Esta estrategia en verdad está llena de valía, pero dado que la oposición y el gobierno venezolano han agotado este recurso hasta el cansancio, el procedimiento de promover la reflexión en los ciudadanos y gobernantes ha perdido toda esencia en el país. No en vano Venezuela es el país que ha roto el Récord Guiness de mayor número de marchas y protestas.

Una demostración de la ya floja capacidad de impacto de las marchas son las entrevistas en los marchantes. No importa el motivo de la protesta, la razón por antonomasia para una persona participante siempre será “la democracia y la libertad”. Muy estimada señora amante de la libertad y la democracia: ¿sabe usted de dónde nace el principio de libertad de los seres humanos y sabe también por qué elige una democracia como sistema de gobierno? No se vale contestar con un “¡Fuera Chávez!”.

Al juzgar por cómo quedó la cacerola, esta señora hizo claudicar como a tres ministros ella sola.


4. Criticar pendejadas: Podríamos criticar los argumentos anacrónicos de Chávez para implementar un socialismo en pleno siglo XXI. Podríamos discutir que en efecto los sistemas económicos deben estar sustentados necesariamente sobre una base ética. Se puede decir con toda validez que dicha ideología es incompatible desde los puntos de vista físico, antropológico, económico e histórico. Pero las doñas opositoras prefieren decir: “que fea es la verruga de ese bicho”.

Ante una cadena presidencial, una doña fundamentalista de la oposición no perderá el tiempo escuchando los argumentos del presidente. Palabras van y palabras vienen, al igual que las teorías y sus discusiones esencialmente filosóficas. Lo que en verdad resulta importante es que Chávez parece un mono, un macaco. ¡Hay que ver lo feo que es!

La crítica más poderosa, con la cual la doña estará convencidísima de que lo que dice es un argumento de peso irrebatible, es hacer notar que “Chávez no tiene mujer. ¡Que horror! En amores con Evo Morales y con Fidel Castro, pero ni una sola primera dama. Claro, como le pegaba a Marisabel, quién se va a estar casando con ese bicho. El negro ese…”.

Esto, cabe destacar, va de la mano con achacarle todos los males habidos y por haber al primer mandatario. ¿Está lloviendo y un carro pasa a toda velocidad a tu lado y te empapa? Es culpa de Chávez. ¿El portugués de la panadería te vendió una canilla más flaca que un pitillo? Es culpa de Chávez. ¿Vas manejando hacia el trabajo y un tipo que iba por el hombrillo se coleó y chocó más adelante en el camino? Es culpa de Chávez.

¡Jajajaja!


5. Rosales hubiera sido un buen presidente: Lo lastimoso de la condición de Carlos Andrés Pérez es que ya no puede volver a ser presidente de Venezuela, porque si pudiera, en efecto lo sería y volvería a traer la bonanza de aquel famoso “’tá barato, dame dos”. Pero en vista de que él no puede lanzarse, había que votar por un intelectual del momento. Como Manuel Rosales.

Sólo equiparable al vertiginoso y sin horizonte vocabulario de Ricardo Arjona, Manuel Rosales es el consentido de las doñas opositoras por sus famosos aforismos de “una isla rodeada de agua”, o de aquel horno que no da peras. Al mismo tiempo, ante la barbarie que está haciendo Chávez con ese populismo mantenedor de parásitos de los recursos del Estado, Rosales había tenido una idea completamente original y contraria a lo que hace el “inquilino de Miraflores”. A saber, la tarjeta “Mi Negra”.

¿Qué será de la vida de esta señora?


6. Te dicen chavista si tu pensamiento es independiente: Esta es una de las características más curiosas, pues no será difícil que una doña opositora, que usa collares de pepas y un pañuelo mantuano, te tilde de comunista si expresas que eres ateo, o de chavista si opinas que el Che Guevara era admirable antes de meterse a guerrillero, por lo menos.

Lo mismo ocurriría si algún chico decide dejarse la barba, en donde lo acusarán de querer ser como los lacayos de Fidel Castro; y si criticas (¿cómo no hacerlo?) la infame sociedad norteamericana, eres evidentemente de la Revolución. Que los dioses os salven si os encontráis en una reunión de señoras opositoras y dices, por ejemplo, que el capitalismo es un sistema imperfecto, o que todos los medios de comunicación están parcializados y no hay ninguno que sea ecuánime. Los carterazos y los “¡fuera de aquí chavista!” no se harán esperar.

Blanco y negro del bueno, sí señor.

Obviamente el video "Out of control" de The Chemical Brothers tiene que ser chavista. No importa que sea más antiguo que el chavismo.


7. Ama los pronósticos astrológicos políticos: Las doñas opositoras son generalmente señoras muy católicas. Van a la iglesia con regularidad y son expertas en novenarios y rosarios, además de todo el culto de la Rosa Mística. Sin embargo, sin parecer notar la profunda contradicción que entraña con su fe, no sólo le piden favores a los santos (sí, eso no es legal, revisen el catecismo) sino que son fieles seguidoras de los horóscopos, lecturas “metafísicas” y talismanes.

Lo más interesante son los horóscopos. Cuando Adriana Azzi tiene ganas de remodelar la casa, lanza sus asombrosas visiones acerca del año que viene, en diciembre preferiblemente. Desde el año 2004 es infaltable que para los años inmediatos vea, gracias a los astros, que "habrá baños de sangre, una sociedad efervescente, una salida brusca del régimen, terremotos y muchas lluvias, y por supuesto la salida de Chávez". Sí, repito, lleva desde el 2004 en eso…

Un argumento sólido de una doña opositora ante los fallidos de la querida Adriana, es que Chávez tiene alrededor muchos brujos negros y babalaos que lo están ayudando a mantenerse en el poder. Por eso es que el cauce natural del universo y de los astros se ve ralentizado de alguna manera por estos poderosos magos oscuros. Es lógico.

"Para este año sí se cumple, ya verán. La astrología es algo muy serio."


8. “Pérez Jiménes era un tipo arrecho”: Sí señor. Aquí lo que hace falta es un Pérez Jiménez, un militar de esos arrechos que tenga las botas bien puestas; que ponga a trabajar a toda esa cofradía de sinvergüenzas y maleantes que están en las cárceles para que hagan autopistas bien buenas para el país.

Un tipo de carácter, que no le tenga miedo a nadie. Mano dura con todos esos vagos. ¿Que era una dictadura y que habían exiliados y presos políticos? Bueno sí, pero no importa, porque si te fijas, la mayoría de esos tipos prófugos o presos eran unos sátrapas comunistas que querían meterle la mano a este país para hacer cualquier cosa.

Eso del militar con carácter, sin miedo y con mano dura era la razón por la cual muchas de ellas, ahora ya arrepentidas, votaron por Chávez en el ’98…

Con que necesitamos un militar "arrecho" que se haga obedecer, ¿no?


9. “Somos mayoría”: En los meses que transcurren, la oposición sin lugar a dudas se ha convertido en una mayoría en Venezuela. Una mayoría que no deja de ser algo técnica (pues está muy cercana al 50% de la población), pero es una mayoría al fin. Pero para una doña opositora, la oposición ha sido mayoría todo el tiempo, desde 1999.

Cada elección perdida es una vil trampa del nefasto Chávez. Ellas son unas encuestadoras más eficientes que las empresas estadísticas que rondan en el mercado nacional e internacional, pues, hablando con la vecina, con la hermana por el teléfono, con el señor que vende los quesos y con algún vividor que trabaja para un ministerio sin ser realmente del proceso, es obvio que la oposición es mayoría y que siempre lo ha sido.

La frase típica – así la dicen desde 1999 -, es que “la gente ya despertó. Eso era al principio que la gente creía, pero ya la gente no es pendeja, ya saben cómo es ese vagabundo de Chávez. Ya tu vas a ver que más nadie se va a calar esta vaina y lo vana sacar de ahí”.

Estamos esperando.

Esta es una foto impresionante, pero no hay que dejarse engañar.


10. Ver Globovisión las 24 horas del día: El catolicismo quizás sea el culto oficial, pero en la práctica, no hay nada que una doña opositora adore más que el canal de noticias Globovisión, incluyendo a su mesías, Leopoldo Castillo.

El canal es de admirar sin duda, pues hasta ahora ha sido el bastión opositor más importante en cuanto a medios de comunicación se refiere. Es prácticamente el símbolo de la oposición, su escudo de armas en la bandera. Para una doña fundamentalista de este bando es algo más, mucho más. Es su vida, su rutina, su adicción, su droga no confesa. Debe ver las noticias por ese canal, todo el día, así sea repetidas. El momento más importante del acontecer diario es cuando comienza “Aló Ciudadano”. Éste es el culto en pleno.

La señora no sabrá muy bien, quizás, qué es Twitter, pero no dudará en llamar a sus hijos (más doctos en el asunto) y pedirles el favor de que “twiteen” al canal, diciendo, de parte de ella, de la señora Tamara, que ese señor Chávez es un vagabundo. Hace caso omiso a las sugerencias de su progenie, en las que se le dice que eso no hará nada para que Chávez salga del poder; pero el dogma es mucho más fuerte, y los ojos llenos de ira hacen dudar de cualquier otro atrevido consejo.

De vez en cuando llama al programa, y cuando no lo hace cree escuchar la voz de sus amigas cuando alguna otra persona se comunica, diciendo “así es que es Conchita, púyalo, púyalo, denuncia a ese sinvergüenza”. Se emociona y entra en furor cuando Leopoldo Castillo reprende con carácter a los chavistas y a su jefe mayor; y el concepto de clímax es algo completamente nuevo cuando uno de los invitados es Teodoro Petkoff o Rafael Poleo. Es casi orgásmico.

La intención de esta imagen blasfema es causar estupor en las doñas opositoras.


Pues bien, os invito a verificar esto por su propia cuenta. Imprima lo escrito en esta página y haga la prueba. Le garantizo que se divertirá y aprenderá a la vez un poco más de la curiosa fauna venezolana.


Muchos saludos.





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jueves, 16 de diciembre de 2010

PLATÓN: DE LA DEMOCRACIA A LA TIRANÍA EN VENEZUELA


L
os venezolanos se caracterizan por adolecer, lamentablemente, de memoria histórica. Son muy susceptibles de olvidar las fruslerías que brotan de los labios políticos presentes y pasados. Muy en congruencia con los apologistas de la teoría de una historia cíclica, se dice que lo que acontece en la actualidad venezolana, aunque con ciertos elementos novedosos, no es más que una repetida edición de lo que ya ha pasado en esa tierra una, otra, y otra vez. Cipriano Castro constituye no menos que una fuerte evidencia de ello.

Pero no solo se adolece de aquello, sino que como en toda Latinoamérica, la esencia misma de lo que significa una nación, una patria, un estado y, particularmente, una república, no cala en la sien de, ni siquiera, la clase dirigente del conjunto de países en cuestión. Son palabras huecas, que suenan bien porque estamos acostumbrados a asociarlas desde infantes con las virtudes ciudadanas, pero sencillamente no las entendemos y mucho menos profundizamos. Desde niños alabamos la democracia, la libertad, el “hay que obedecer las leyes”, el “si no haces tal o cual los policías te encarcelan”. Votamos cuando hay que votar, sabemos que hay alcaldes y gobernadores que existen para repartirse la labor de gobernar, marchamos y protestamos cuando un “dirigente político” (o algún otro espontáneo) nos convoca porque hay una constitución que nos concede permiso para ello; pero ya, nada más. He ahí todo el entendimiento de lo que son los fundamentos de la República Bolivariana de Venezuela. No es de sorprender que nos gobiernen los que nos gobiernan.

Los venezolanos en general, y en el mejor de los casos, asociarán a Platón a algún filósofo que alguna vez existió. No se pretende de ninguna manera que sean expertos en filosofía, pero el no saber ni media referencia acerca de este gran hombre es una de las cuestiones más lamentables que hace expresa y dolientemente vívida la mínima cultura de la población. Su inmensa miopía académica (en contraste con su gran dominio de la “viveza criolla”) quizás no valore que lo que Platón ha dicho en su tratado “La República”, libro en el que se demuestra que desde hace más de un par de milenios la democracia era muy subestimada como método eficaz de gobierno. No solo eso, sino que resulta casi profético cómo es descrito el inevitable paso de la democracia a la tiranía, y de cómo una persona demócrata es convertible en tirano.

Con la esperanza (quizás ingenua) de causar así sea un atisbo de asombro, lo suficientemente poderoso como para confrontar por unos segundos, en la mente del venezolano, el dogma del fundamentalismo democrático en el que vivimos, y de inquirirle un asertivo acercamiento a la educación y a la profundización de las ideas más importantes, debo referirme a la obra anteriormente mencionada, recalcando el contenido que ahora más que nunca tiene una palpabilidad real y asombrosa con nuestro día a día político.

Explicándolo a grandes rasgos, la república de Platón es una manejada bajo la modalidad de noocracia (o una aristocracia de filósofos), en donde cada persona, de acuerdo a sus aptitudes, es colocada en su debido oficio. Sólo los espíritus más excepcionales, que hayan demostrado una rectitud indiscutible en su vida joven y adulta, y que encuentren facilidad y gozo en las más profundas reflexiones, son aquellos que son más cercanos a la idea verdadera del bien; y por lo tanto, aunque su naturaleza por ser de esta manera renegará, en principio, de todo cargo público, son los únicos capaces de guiar con sabiduría a la nación. La sociedad estipulada es una meticulosamente ordenada según los preceptos de la razón, y cada detalle de la vida diaria es cuidado para que funja de manera armónica, en consonancia con lo mejor que se podía extraer de la educación griega.

De esta aristocracia de sabios, la cual era el modelo más acabado de gobierno, degeneraban, gracias a los vicios y al alejamiento de la razón, los demás sistemas de gobierno conocidos. A más desvío de este modelo, más se degeneraba esta mencionada aristocracia en sistemas como oligarquías, democracias y tiranías; en orden de envilecimiento del modelo ideal.

Platón, en el libro octavo de “La República”, realiza interesantes paralelismos entre las modalidades de gobierno y los hombres que pertenecen a las mismas. Dichos paralelismos recuerdan mucho a la máxima que reza que “cada nación tiene el gobernante que se merece”. Pues bien, en lo que a los gobiernos democráticos respecta, el filósofo explica en primer lugar cómo en efecto un gobierno democrático es una copia fiel, una extrapolación fidedigna, de un hombre democrático.

El hombre democrático es un amante de la libertad, se ufana de ella y la vive en intensidad, pero tal cual como un adolescente (y habiéndose desviado gravemente del ideal aristocrático sabio), disfruta de la vida con total ligereza, olvidando las bases y fundamentos mismos que lo hacen libre. Desdeña y hasta sataniza los principios fundamentales de la razón; no reflexiona, vive por vivir y siente que tiene derecho a todo, entregado a todos y cada uno de los placeres de los cuales puede sacar beneficio. Como dice Platón, en ese estado confunde “la insolencia con la cultura, la anarquía con la libertad, el libertinaje con la magnificencia, la desvergüenza con el valor”. La trascendencia de la realidad a la pureza del mundo de las ideas deja de tomar relevancia, si es que alguna vez la tiene, y este hombre engañado en su felicidad se degenera hasta convertirse en tirano.

¿Y cómo ocurre esta degeneración? Pues con ese exceso de libertad, desembocando en el libertinaje puro. Tanto glorifica la libertad este hombre demócrata, que termina adentrándose en las esferas del libertinaje. Pierde el control, no razona, aborrece todo límite, sobrevalora toda individualidad. Una sociedad inmersa en tal derroche libertino no infunde ni promueve el respeto ni a la razón, ni a la competencia de cada quien. Muy pronto ese “derecho” a ser extremadamente libre se adueña del corazón del hombre democrático, y termina por rebelarse ante toda forma de coacción, así sea razonable y necesaria. Todos se autodenominan iguales a todos, en naturaleza y competencias. Los hijos se consideran iguales a sus padres, los alumnos a sus maestros, los jóvenes a los ancianos, los analfabetas a los ilustrados; y de manera definitiva, los ciudadanos a sus magistrados. Al final, las leyes y moral se transforman en mandatos huecos, pues ya no hay legislación que pueda obedecerse o que limite a alguna persona. Al final, no se tiene la menor idea de las diferencias necesarias: el pueblo es el gobernante, el gobernante es el pueblo.

Irónicamente, como bien lo explica Platón, “puede decirse con verdad que no se puede incurrir en un exceso sin exponerse a caer en el exceso contrario. Por consiguiente, lo mismo con relación a un Estado que con relación a un simple particular, la libertad excesiva debe producir, tarde o temprano, un exceso de servidumbre. Por tanto, es natural que la tiranía tenga su origen en el gobierno popular, es decir, que a la libertad más completa y más ilimitada suceda el despotismo más absoluto y más intolerable.”

Estas asombrosas palabras de Platón, tengo la certeza de ello, retumbarán en los ciudadanos venezolanos preocupados por los movimientos políticos del acontecer de hoy. Pero aún debo decir que digna de estupefacción es la descripción de la tiranía que hace el gran pensador. En efecto, una vez que el populacho se hace con el poder por medio de alguna vía u otra, ejerce lo que sus pasiones (y no la razón) han desarrollado a lo largo de esa excesiva libertad democrática, la cual ha embriagado hasta el límite todos sus sentidos sin el menor control.

Dados estos acontecimientos, se explica que “en este Estado los más entendidos y los más prudentes en su conducta son también de ordinario los más ricos. De éstos, sin duda son de los que los zánganos sacan más miel y con más facilidad. Así es que dan a los ricos el nombre de ‘pasto para los zánganos’”. La plebe, compuesta de la clase obrera, que apenas tienen con qué vivir y están ajenos a todos los negocios del patrimonio público, suele ser la más numerosa, lo cual los hace poseedores de un enorme poder político implícito en vista de que el Estado es democrático. Por esto –prosigue Platón, “los que presiden a las asambleas hacen los mayores esfuerzos en proporcionárselas (a la plebe). Con esta idea se apoderan de los bienes de los ricos, que reparten con el pueblo, procurando siempre quedarse ellos con la mejor parte.

Sin embargo los ricos, viéndose despojados de sus bienes, sienten la necesidad de defenderse, se quejan al pueblo, y emplean todos los medios posibles para poner sus bienes al abrigo de tales rapiñas. Los otros, a su vez, los acusan, inocentes y todo como son, de querer introducir la turbación en el Estado, de conspirar contra la libertad del pueblo y de formar una facción oligárquica. Pero cuando los acusados se percatan de que el pueblo, más que por mala voluntad, por ignorancia y seducido por los artificios de sus calumniadores, se pone de parte de estos últimos; entonces, quieran ellos o no quieran, se hacen de hecho oligárquicos.”

Siguiendo con los razonamientos de toda esta convulsión social, se derivan "La servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada."enjuiciamientos y condenas por doquier, denunciando a los que opinan de manera contraria y a los que antiguamente poseían el mando por derecho propio y mérito. De esta cadena de sucesos, se explica, siempre resaltará algún líder, el cual se arrogará la protección del pueblo y el cual será el acusador y perseguidor más destacado. Como es fácil suponer, éste autodenominado benefactor se granjeará muchos enemigos, y muy pronto sabrá que su vida o libertad tiene peligro. Recurre entonces al poder más grande que tiene, que es el apoyo popular, y en vista de su situación complicada, les pide que le otorguen más derechos y poderes que a ninguno para poder efectuar con mayor campo su defensa de los intereses de la comuna. “El pueblo se los concede, temiéndolo todo por su defensor y nada para sí mismo.”

Así, en medio de la inocencia (que en mi opinión es un eufemismo de la ignorancia), del resentimiento y del contexto político tumultuoso, asciende al poder máximo el tirano.

¿Cómo se desarrolla el tirano una vez que está en el poder? “Por lo pronto, en los primeros días de su dominación, sonríe graciosamente a todos los que encuentra, ¿y no llega hasta decir que ni remotamente piensa en ser tirano? ¿No hace las más pomposas promesas en público y en particular, librando a todos de sus deudas, repartiendo las tierras entre el pueblo y sus favoritos y tratando a todo el mundo con una dulzura y una terneza de padre? Cuando se ve libre de sus enemigos exteriores, en parte por transacciones, en parte por victorias, y se da cuenta seguro por este lado, tiene cuidado de mantener siempre en pie algunas semillas de guerra, para que el pueblo sienta la necesidad de un jefe. Y sobretodo, para que los ciudadanos empobrecidos por los impuestos que exige la guerra, solo piensen en sus diarias necesidades, y no se hallen en estado de conspirar contra él. Y también hace esto para tener un medio seguro de deshacerse de los de corazón demasiado altivo para someterse a su voluntad, exponiéndolos a los ataques del enemigo. Por todas estas razones es preciso que un tirano tenga siempre entre manos algún provecho de guerra.”

Las personas que han ayudado al tirano a ascender al poder son, con toda probabilidad, las que después de él ostentan mayor poder en la nación. Eso les crea la ingenua sensación de poder tutearse con él sin el menor temor, e incluso de cuestionarle algunas ideas y desaprobarlas. El tirano, defendiendo su posición, no permitirá tales atribuciones; y así como ha extinguido toda oposición y enemigos contrarios a su bando, debe eliminar políticamente a todo adversario posible dentro del suyo, ocasionando, no para menos, graves rencillas internas. De aquí que ante tal presión y peligro producto de sus pésimas prácticas, debido a sus ya incontables enemigos, debe refugiar su guarda no en los suyos, sino en extranjeros contratados para ello. Asimismo, para mantener a los fieles de su apoyo popular, que ante estas circunstancias también estarán entre diatribas internas, debe sobornarlos para tal fin. “Si paga bien, acudirán en gran número de todas partes.”

No pasará mucho tiempo para que el tirano mantenga su posición a un alto coste, extrayendo las riquezas de ámbitos y patrimonios que no le son propios, sino del pueblo mismo. Ante su actuar y su invulnerabilidad, “el pueblo verá qué hijo ha engendrado, acariciado y encumbrado, y que los que intenta arrojar son más fuertes que él. Y he aquí que hemos llegado a lo que todo el mundo llama tiranía. El pueblo, queriendo evitar, como suele decirse, el humo de la esclavitud de los hombres libres, cae en el fuego del despotismo de los esclavos, y ve que la servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada.”

Y prácticamente así es que termina el libro octavo de “La República”. Este libro fue escrito hace 2500 años…

Venezolano: ¿qué pasa por tu mente? ¿Qué te sucede? ¿Has madurado en tu ciudadanía? ¿No ha sido suficientemente clara la sabiduría antigua? ¿Persistes en despreciar la historia y la cultura? ¿Quién eres? ¿Qué deseas? ¿Permitirás que te sacrifiquen como a los corderos? ¿Serás el servil de un tirano? ¿Concederás ser enajenado de tus derechos? ¿Has entendido que sólo tú eres el responsable que lo que te aqueja? ¿Has comprendido que tu pasividad y tu ignorancia, tu igualitarismo a ultranza y tu inmadurez política, son los únicos responsables de lo que sucede?

¿Y ahora qué harás? ¿Seguirás vanagloriándote de la libertad? ¿Seguirás farfullando igualdades y democracias? Por favor, ilústrate, pues el tiempo, luego de 11 años, ya se agotó:








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martes, 14 de diciembre de 2010

CRÍTICA A LA REFORMA DE LEY DE UNIVERSIDADES


Puede acceder a la propuesta de la reforma por esta vía:

Reforma de Ley de Universidades
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D
esde lo más álgido de lo que el repudio puede expresar, transcribo con vergüenza las intenciones de lo que el gobierno venezolano pretende hacer con la ley que rige a las universidades del país. Por fin el totalitarismo añejo de los socialistas y demás resentidos ideológicos ha colocado sus tentáculos en el altar más sagrado que la decencia de un pueblo puede honrar, el cual no es otro que el de la educación.

Desde los antecedentes mismos de la propuesta, la farfullería no se hace esperar, y de lo que debería ser (por lo menos) una propuesta de ley seria, se convierte a partir de su misma introducción en una cháchara política izquierdista, digna de una novela adicional de Vargas Llosa en cuanto a la mentalidad anodina latinoamericana se refiere; y por supuesto, digna también del estilo preferido del representante máximo de la mediocridad y la idiosincrasia del venezolano: Hugo Chávez Frías.

En ella, los gobiernos de la Cuarta República, por supuesto, son los detonantes en la necesidad de reformar las leyes de educación superior, en vista de las múltiples atrocidades que han cometido; olvidándose los comunistoides, quizás adrede, que la Cuarta República concluyó hace más de una década, y que hemos tenido tiempo suficiente para salvaguardar las deficiencias que en verdad le son achacables. Desde las abismales profundidades del resentimiento y la demagogia, brota:

“Consideramos que la política de inclusión social del gobierno debe romper con el concepto de cupo universitario, y crear una política de ingreso universitario, política que a su vez debe despojarse de todo vestigio y/o concepción de mercado, así mismo debe romper con la incompetente excusa administrativa que relaciona o vincula la variable calidad con un bajo número de estudiantes”.

Nada más a tono con el socialismo, con esa igualdad hacia la miseria y con ese masticar de alas de las mariposas por parte de orugas carcomidas por la envidia. Cuando se refieren a los “vestigios del mercado”, probablemente mascullan mentalmente el hecho, la cruda realidad, de que no hay suficientes universidades para todos los egresados de la educación diversificada. Por simple “oferta y demanda” (términos que probablemente tildan peyorativamente de capitalistas pero que no por eso dejan de ser ciertos) los cupos de universidades son otorgados a los capaces, es decir, a los que poseen el nivel para poder ingresar. Es el mérito el valor fundamental que filtra a los que tendrán la oportunidad o no de sentarse en un pupitre universitario.

¿Pero es de acaso sorprender que esta petición sea de esa naturaleza, cuando el mérito ha quedado pintado de gris, sin valor, en todos los movimientos de este gobierno? ¿Qué opinión le vale el mérito al Ministro de Educación Superior, Edgar Ramírez? ¿Es meritorio que la magistratura de la educación intente ser honrada por un militar?

Y por supuesto que es evidente, y aseguraría que hasta los militares lo entienden (¡arriesgando no poco!), que un aula repleta de alumnos deriva en la mala calidad educativa. Basta un contra ejemplo, es decir, observar cómo la figura de un profesor particular, adaptado a las inquietudes de un único alumno, es el que provee la mejor calidad en la transmisión de la enseñanza. El presuponer que la cantidad de alumnos no merma la educación también es una reflexión “lógica” parte de esa entusiasta y envidiosa regla socialista del “todos somos iguales”, del querer homogeneizar los gustos, aptitudes e intereses de cada individuo en una sola amalgama, que obviamente y de paso, ha de complacer al Estado.

¿Cuál es la solución evidente para solventar la “difícil” tarea de brindarle educación superior a todos? Pues aumentar los niveles de calidad de la educación básica y ciclo diversificado. No obstante, no hay que olvidar el talante predominantemente mediocre de los organizadores de este bochorno académico, que busca, a pesar de la solución obvia, un hacinamiento de las universidades. Muy bien, hagámosles entrar a la universidad, sin prueba interna ni cupos “heredados del libre mercado”. ¿Se habrán preguntado qué pasaría una vez que entren? ¿Pensarán acaso que los profesores universitarios, que son todos educadores de corazón (puesto que su salario es miserable), bajarán el nivel de exigencia a favor de una plebe inculta y sin ánimos de ascender laboriosamente? Cualquier educador que se precie de serlo, justamente educará; y lo hará como es debido, con la limpieza estudiantil requerida que el nivel de la educación superior amerita.

Mi lenguaje se torna visceral, o mejor dicho, no tiene denuedos en expresar mi absoluta desazón, descrédito y repugnancia ante esta legislación proveniente de saltimbanquis, bufones y arlequines rojos. Y es que no es para menos, pues ante este majestuoso bosquejo de proyecto educativo, se puede saber que:

“…debe también garantizarse las condiciones de la igualdad para el ejercicio del desarrollo de la inteligencia y conocimiento, es decir ADSESO a la bibliografía, salones…”

además de la ya común necrofilia histórica que caracteriza el parapeto gobernante, esta vez mal citando al maestro Simón Rodríguez diciendo

“Inventamos o HERRAMOS”.

No he exagerado cuando tildo de espíritus pobres y burlones a los que se encuentran detrás de esta mofa de mal gusto. En verdad merecen estar condenados a herrar el resto de sus vidas, pues errando garrafalmente ya están. Pero eso es solo el principio.

La democracia, ya lo había dicho Platón hace 2500 años, es el eslabón por excelencia para el ascenso de los tiranos. Todo aquel que pretenda hacerse de un poder centralizador que se desparrame de las fronteras de su incumbencia, no tiene más que, o bien apelar a la fuerza, o mejor aún, apelar a los dogmas democráticos utilizando un pueblo no estudiado como herramienta. Las fauces chavistas, cual bocas de jarro, no se fatigan de proferir una y otra vez las palabras “pueblo”, “igualdad” y “democracia”, tal cual como todos los tiranos en la historia lo han hecho. Y ahora con esta propuesta de ley una vez más, lamentablemente, la historia vuelve a repetirse.

Explica el documento que en aras de una democratización de los procesos universitarios, ahora los alumnos, profesores, personal administrativo y obreros participarán con un peso equivalente en las decisiones. Debo decir que existe y siempre existirá una gran estima por los trabajadores administrativos y por el personal obrero de las universidades: su valía es indiscutible. No obstante, no sería democrático, sino más bien oclocrático, que personas ajenas a la esencia del ámbito académico tomarán decisiones que, respetuosamente, no les corresponden y se escapan por completo de la esfera de su competencia. Cabe recordar que en un país decente y serio cada quien va a lo suyo, y se le respeta por su experticia en el oficio respectivo. En un país que no es decente ni serio, un teniente coronel puede ser presidente de la república y algunos militares ser ministros de economía, energía eléctrica y salud. Las consecuencias ya las conoce el mundo.

Perteneciente a las oclocracias es también el perseguir que un supuesto “poder popular” y las juntas comunales –figuras que no aparecen en la Constitución, dicho sea de paso- posean ingerencia en los asuntos estratégicos de las universidades. De nuevo: ¿por qué el sacrificio de la eficiencia en función de la demagogia? ¿Por qué el no entender que la competencia, el mérito y el respeto profesional se ven ultrajados por ese “parejerismo” venezolano que nos ha hecho tanto daño? No es la igualdad la que constituye la justificación moral de este procedimiento, es el resentimiento más rancio el que nubla toda razón, y por tanto toda fundamentación lógica acerca de cómo efectuar los procedimientos.

De la misma manera en que no da igual que un músico planifique edificios, o que un historiador sea profesorEl ámbito educativo se pretende manejar por personas no educadas. de una cátedra de cálculo; no es equivalente que una persona, por muy respetable que sea y por más preñada de buenas intenciones que esté, se dedique a un oficio que no le es propio. Es una simple cuestión de eficiencia, incumbencia y mérito. ¿O es que el tan sacralizado pueblo permitiría, por ejemplo, ser objeto de operaciones quirúrgicas por parte de un policía en vez de un médico? ¿Cómo sería lícito permitir entonces que una cofradía de gente no preparada intervenga directamente en la gerencia, planificación y administración de las universidades? ¿Cómo permitir, con cordura, que esta misma gente indique cuál deba ser el rumbo de la investigación científica y humanista? ¿No es vergonzosamente paradójico que gente sin educación se dedique a los menesteres de la educación?

Una evidente inversión de los valores se hace patente con las fruslerías, con ese hablar con la boca llena, cuando se menciona una defensa legítima de la autonomía universitaria; en donde ahora, según los rojos, la debilidad de la misma estaría de forma interna y no externa como es evidente. ¿Cómo se demuestra que esta tesis es falsa? Con la lectura de la reforma en cuestión, al ver la magnanimidad que se le pretende dar al ministro de educación acerca del manejo de las universidades, con ese grosero número de atribuciones, con esa intervención arbitraria por parte del Estado, escudada en estratagemas de una muy novedosa idea de democratización del totalitarismo; “pues yo, el Estado, soy el pueblo, y el pueblo manda y sabe lo que quiere el pueblo”. Así rumian las entrañas de los huevos de basilisco.

¿Qué es lo que se quiere entonces con esta ley? O una pregunta más apropiada sería: ¿Qué sería mejor evaluar en nuestro sistema educativo? Ante las “soluciones” impregnadas en un sopor de idiotez, tales como

• No querer desvincular nunca la docencia de la investigación y demás responsabilidades que los profesores tienen a cuestas, mermando la calidad de una y otra circunstancia. (Albert Einstein tenía la libertad de dedicarse únicamente a investigar, por cierto. El resultado de ello es patente).

• Llamar a las universidades privadas, universidades de “iniciativa social”, en no sólo una apología a la imbecilidad al adorar las formas, sino contaminando con esputo socialista, ya no de forma sutil, toda legislación y concepto simbólico. La misión final, es evidente, resultará en fundir el Estado y el Gobierno en un mal formado engendro comunistoide venezolano, fabricando la impresión de que no es posible dividirlo. Es pocas palabras, una Venezuela sin socialismo no sería ya Venezuela.

• Establecer una hipócrita doble moral de la igualdad al querer conformar el CNU por todos los rectores de las universidades públicas y privadas, pero sólo permitiéndole voto a un único rector que represente a todas las privadas, versus el voto individual de cada uno de los rectores de las universidades públicas.

• La limitación de la ayudantía docente, mermando el beneficio de miles de recién egresados y estudiantes de postgrado.

• El control absoluto por parte del Estado de los ingresos propios de las universidades, como si no fuera suficiente con el pésimo aporte de recursos que éste hace hacia las mismas.

• La infame eliminación de las actividades de extensión y cursos paralelos educativos que realizan las universidades, estancando aún más, mucho más, el desarrollo intelectual, técnico y científico del país.

se encuentran las oscuras realidades educativas al son de hoy, tan estrepitosas como la inseguridad y criminalidad misma (y de hecho directamente relacionadas). Estas realidades son, por ejemplo:

• Que existan más científicos venezolanos en el extranjero que en la misma Venezuela. Sólo en Estados Unidos hay 9 mil científicos venezolanos, en comparación con los 6 mil científicos radicados en el país.

• Que la iniciativa creativa ha disminuido tanto que ya no tenemos patentes registradas desde hace 6 años. La última patente internacional fue hecha en el 2004 y fue la única en ese año.

• Que la evidencia de que los izquierdismos rancios no funcionan es la implementación de la fuerza para que se lleven a cabo. Esta reforma de leyes universitarias no es más que una legislación artificial edificada sobre otras legislaciones artificiales, contrarias a la naturaleza misma del hombre y de las sociedades. El principio que reza que mientras más leyes existan, más sintético, anti-natura y fuera de lugar es la ideología del gobierno de turno, es una certeza que ahora nos resulta evidente.

• Que este parapeto legislativo haya sido ensamblado en la clandestinidad, haciéndolo público sólo momentos antes de su segura aprobación. Ciertamente concuerda el procedimiento con los pensamientos de los apologistas de la mentira, los amantes de los resquicios, los abogados del egoísmo y del resentimiento; con todo lo mísero que se encuentra incubado por los gusanos de la envidia: los comunistas.

• Que las universidades hayan cancelado sus suscripciones a las revistas internacionales por falta de recursos, en franca posición de atraso en cuanto a las investigaciones.

• Que los salarios de los docentes venezolanos sean una miseria, tanto, que su sueldo es el más bajo de toda Latinoamérica en dicha competencia laboral.

• Que se promueva la creación de institutos y universidades paralelas y politizadas, con la consecuencia de hacer brotar bruscamente de ellas, y sin la preparación suficiente, a profesionales igualmente paralelos y politizados. Esto en aras de llenar estadísticas con cantidad y no con calidad, para luego argumentar democracias en donde lo que hay son desparpajos totalitaristas.

¿Quién puede creer ya en una Venezuela democrática? ¿Quién puede tener fe ya de alguna nimia transparencia del proceder del gobierno venezolano? Cuando se toca e interfiere con lo más sagrado de una sociedad, que es la educación, cuando se trivializa, se ofusca, se enajena y envenena, arguyendo para hacerlo ideologías ya harto superadas; cuando es una élite ignorante e incapaz la que maneja el poder para, irónicamente, hacer del ámbito educativo una nueva marioneta, ¿qué más se puede esperar?

Sólo les queda a los seres racionales, educados, espontáneamente altruistas y generosos, pensantes y escasos, regirse por el artículo 350 de la constitución venezolana; a todas luces simbólico, pero legítimo:

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos.

Desconoceré, en consecuenicia y como legítimo derecho, la Reforma de Ley de Universidades.




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lunes, 13 de diciembre de 2010

SIMILITUDES ÉTICAS ENTRE BUDISMO Y PLATONISMO


S
iddartha Gautama se sentaba plácidamente bajo las sombras de lo árboles, explicándole a sus antiguos maestros y compañeros ascetas por qué había decidido prescindir de aquella disciplina rigurosa que alguna vez los había convertido en una cofradía que buscaba la verdad. No es que la verdad ya no fuera objeto de la búsqueda del ya iluminado Siddharta, sino que simplemente el ascetismo no fungía como el camino correcto.

Buda había concluido, en base a su pasado voluptuoso como príncipe, y luego en base a su experiencia como asceta rígidamente disciplinado y desnaturalizado, que ni lo uno ni lo otro eran los senderos correctos para la búsqueda de las verdades. Era justo el medio entre ambos senderos la ruta correcta, y así se los hacía saber a sus discípulos, enunciándolo en el importante Noble Camino Óctuple, guía para la perfecta moderación en la conducta. Solo una persona moderada, alejada de los extremos, podría alcanzar por sí misma el conocimiento verdadero para eliminar el sufrimiento de la vida.

Esto ocurría aproximadamente hace 2500 años, en el noreste de la India, mientras que casi al mismo tiempo, al otro lado del mundo conocido, Sócrates enseñaba a un mozo recién llegado a la adultez, llamado Aristocles y mejor conocido como Platón, las virtudes que tiene la justicia. En esas enseñanzas, Platón entendía la suprema importancia que tenía la ponderación de la conducta si el individuo pretendía alcanzar la idea absoluta del bien.

El filósofo griego (Platón) luego explicaba en sus libros la ignorancia del hombre no ejercitado en los menesteres de la razón, al imaginar que el placer obtenido al abandonar el dolor y los estados deplorables era un verdadero placer, así como también resultaba un placer imaginario ser seducido por una sobreabundancia sensual. Entre ambos extremos se encontraba una posición media, demostrablemente correcta desde el punto de vista ético, pues desde ella cualquier descenso a un estado de miseria y dolor era sufrimiento, y desde ella, cualquier ascenso a una sobreexcitación de los sentidos también implicaba padecer. Una postura intermedia, era pues, la mejor actitud que una persona razonable debía tomar ante la vida.

Es evidente el símil entre la sabiduría oriental y la filosofía griega, y bien pudiera añadirse el calificativo de sorprendente si se recalca el hecho de que ambas culturas se encontraban relativamente alejadas. No obstante, para el beneplácito de las mentes amantes de lo curioso, el arte de vivir en el camino medio, en una conducta moderada, no es la única similitud entre ambos mundos. Otro remarcable punto de comparación constituía la armonía.

En efecto, la armonía en la forma de ser correspondía con la exteriorización de las más profundas virtudes obtenidas por el camino intermedio, pero a la vez, como si de una actitud recursiva se tratase, fungía en primera instancia como la herramienta educativa por excelencia para aprehender aquellas profundidades. Tanto para el budismo como para el platonismo esto constituía una certeza, la cual era transmisible, por aquel, a través de justamente el Noble Camino Óctuple, y por éste, por medio de la música y la gimnasia.

Desde el punto de vista budista, la armonía en la conducta era desarrollada (y desarrollable) por medio de un transitar con sabiduría, comprendiendo correctamente, pensando correctamente, guardando una conducta ética (respetuosa de la vida y alejada de la mentira), hablando correctamente, actuando correctamente, esforzándose correctamente, y meditando y prestando atención de la manera correcta. Cada aspecto es desglosable en muchos otros, pero constituyen la esencia misma de lo que implica una vida mesurada y armónica.

Por otro lado, en la antigua Grecia, la educación virtuosa sobrevenía, como se ha dicho, de la música y la gimnasia. Es importante acotar, sin embargo, que los términos “música” y “gimnasia” eran mucho más amplios conceptualmente que los que se usan en la actualidad.

Con la música, los griegos no solo perseguían una sensibilidad por las melodías y sonidos agradables, Buda y Platón compartían opiniones en cuanto a la moderación, armonía, ignorancia e ilusión.sino que pudiera decirse que era el estudio esencial de la armonía misma. Dominar el arte de la música significaba orientar el espíritu hacia la belleza, hacia la correcta proporción, hacia el hablar con gracia, el ser cordial, el desenvolverse “aristocráticamente” en los aspectos de la vida, el exteriorizar una bondad y esplendidez oriunda de los sentimientos más nobles y asertivos. Por otro lado, la gimnasia era el complemento físico, aplicado a las artes del cuerpo, de ese enriquecimiento espiritual dado por la música. El estudio de los ejercicios adecuados para fortalecer el cuerpo, el arte de combatir, el mantenerse saludable y vital; todo esto, bajo la perspectiva platónica (e incluso griega), correspondía a este ámbito. Y la compenetración profunda de la música y la gimnasia se convertía entonces en la armonía ideal para todo buen griego.

La armonía, viéndolo a fondo, no es más que el brote externo de la profundización de la conducta moderada. Lo armónico de hecho implica un sentido de proporción, de equilibrio, una moderación afín con la belleza y las buenas formas. Dada la similitud del budismo y el platonismo en cuanto a la preferencia por un camino medio ético, no es de extrañar que al perseguirle, los individuos simpatizantes de una y otra filosofía hayan desarrollado una empatía profunda por la armonía en todos los órdenes del vivir. Pero aún hay más…

Para Buda, la solución para encontrar las verdades y eliminar todo sufrimiento yacía, como ya se ha dicho, en una vida armónica, conducida por un correcto camino medio. ¿Qué ocurría empero con los que no transitaban por el adecuado sendero? Sencillamente permanecían envueltos en el manto de la ignorancia, padeciendo, por tanto, de ser marionetas del samsara, es decir, de una existencia ilusoria. Análogamente, Platón y su Mito de Caverna nos hablan de lo lejanas que están las personas de separarse de la ignorancia si no utilizan la razón para encaminarse hacia la correcta predisposición de espíritu. Como los habitantes de una caverna que solo ven sombras y siluetas en las paredes de la misma sin tener idea de qué es lo que las causa, así mismo, justo en ese fiel estado de ignorancia, deambulan las personas que desdeñan el correcto razonar, esto es, la dialéctica, para estar embebidos, empero, en un mundo que consideran real pero que no es más que ilusorio.

La pareja “ignorancia” e “ilusión”, como dúo inseparable que engaña nuestros sentidos en un mundo aparente, se hace patente en la perspectiva del sabio iluminado y del filósofo de espaldas anchas. Cabe preguntar: ¿cómo es posible que formas de pensar tan alejadas y diferentes concuerden en asuntos tan primordiales en cuanto a la ética?

Por supuesto, de ninguna manera existe una semejanza entre el budismo y el platonismo en cuando a rigurosidad en sus objetos de estudio, así como en sus perspectivas metafísicas; hasta son contradictorios en algunos tópicos. Pero queda suficientemente claro que tanto como para aspirar al nirvana como para ascender al puro e inmutable mundo de las ideas, un correcto comportamiento es menester. El comportamiento, en aras de alejarnos de toda la ignorancia e ilusión en las que estamos sumidos, debe encaminarse, bajo constantes ejercicios introspectivos, en un saber vivir moderado y armónico.

Ante estos hechos comparativos, ante las independientes visiones orientales y occidentales de lo que significa un correcto vivir, ¿sería apropiado suponer que la ética correcta, de existir, se alimenta entonces de una base racional para poder llevarse a cabo? O en otras palabras, ¿cómo es que Buda y Platón llegaron a estar de acuerdo en cuando a la ética de no ser por una implementación sistemática de la razón?

La tesis de que lo bueno y lo malo dependen absolutamente de cada persona (es decir, la tesis de la moral subjetiva), pareciera entrañar serios problemas en torno a su validez.

Muchos saludos.






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viernes, 10 de diciembre de 2010

"LA REPÚBLICA". PLATÓN. Comentarios.


E
ntre la fecunda obra concebida en la madurez de Platón, “La República” es uno de aquellos escritos que deberían ostentar alguna posición no solo en filosofía sino también en los ámbitos estéticos. Es difícil no elevarse, como si de una literatura hecha arte se tratase, al deambular por las líneas escritas por Aristocles (Platón), y casi comulgar con la idea de la existencia un bien inmanente y absoluto, de donde el cual provenimos y hacia el cual deberíamos dirigirnos.

Mucho de la belleza, de la verdadera belleza, se encuentra impregnada en los textos de esa otrora Grecia de oro, y la herramienta que usa Platón en este libro para elevar al lector es la dialéctica; la cual a su vez constituía un arte sublime para acometer las conversaciones y razonamientos por aquel entonces. Sócrates, a través de un Platón ventrílocuo, hace un uso excelso de dicho arte, y hace ver lo basto, tosco y lleno de bruzas que pueden ser las comunicaciones y el arte de la palabra en tiempos actuales.

“La República” es un tratado compuesto de 10 libros, a lo largo de los cuales la idea principal es la justicia. Sócrates, como custodio de tal virtud, se ve acorralado por algunos de sus más elocuentes amigos, defensores de las (aparentes) ventajas que obtiene la gente cuando se obra injustamente; e inquirido a explicar el porqué de su “romántica” posición, argumenta lenta y didácticamente el porqué la justicia y la idea del bien es la mejor opción en esta vida y en la próxima. Sorprendente es cómo en este devenir, Sócrates parte de lo más simple en el hombre, es decir, de sus necesidades más básicas como el hambre y la seguridad, para terminar en una majestuosa república concebida (a sus ojos) perfectamente.

En ese elocuente trayecto se nos intenta demostrar, no sin estar exento de mucha ingenuidad pero con mucho de verdad también, que una sociedad perfecta es aquella que resulta de la extrapolación de los hombres perfectos que la componen. Dividiendo en términos rasos, si se quiere, a los ciudadanos en artesanos y obreros, guerreros y filósofos, una perfecta república debe ser la manifestación de las tres partes fundamentales de cada persona, a saber las pasiones, la templanza y la razón. Es sencillo adivinar que así como es beneficioso guiar la conducta por medio de la razón, será beneficioso, en esta república platónica, que el Estado esté guiado por filósofos.

El contenido es rico en diversidad de argumentos que mantienen una lectura activa, de mitosLa república perfecta es la extrapolación de un hombre dominado por la razón. y fábulas explicativas, de referencias, lisonjeos y críticas a Homero, de modelajes pitagóricos, de la sempiterna idea metafísica de Platón del paralelo mundo de las ideas, y por supuesto, como ya se ha mencionado, de mucha belleza oratoria. Extractos famosos de este gran libro son el Mito de la Caverna, la Fábula de Er (que explicita la cosmogonía griega en la metafísica), y el increíble cálculo matemático de cuán alejado se puede estar de la verdad, que establece, por cierto, que un tirano está 729 veces más distante del bien verdadero que un monarca filósofo.

Encomiendo su lectura como obligatoria en todas las aulas de clase. Este tipo de libros ennoblece el alma, aún prescindiendo de la inocente idea de la inmanencia del bien. No es una fe, sino la razón, la que guía, aunque a veces de forma especulativa, todo el hilo argumentativo de la obra. No solamente deriva en un buen sabor ante el paladar de lectores diestros en el oficio del pensar, sino que en ojos actuales, en medio del panorama que ahora nos embarga, “La República” en particular sería de alto provecho, en son de abrir el entendimiento ante los gobiernos democráticos (eufemismo de primitivos), elevando la conciencia mucho más allá de los fundamentalismos demócratas, y dándole su justa medida a estas concepciones políticas atrasadas y tan solo mejores, si acaso, que las tiranías y dictaduras.

Muchos saludos






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lunes, 6 de diciembre de 2010

DIOS NO ES EL AUTOR DE LOS MILAGROS


E
n un ensayo anterior se analizó la perspectiva de la intervención divina en la vida diaria en una metodología que partía desde el autor del milagro (típicamente asociado con Dios) hasta la realidad material del mundo humano. En esta oportunidad se invertirá la metodología para partir entonces de nuestra realidad a una conclusión que nos arroje las características del posible autor del milagro, presuponiendo como principio, y como ejercicio imaginativo, claro está, que los milagros existan.

Para la presente tarea será importante recurrir a dos definiciones: la definición de milagro y la definición de Dios desde la perspectiva ortodoxa y más frecuente.


Milagro: Evento aislado que ocurre en un particular de forma beneficiosa, de poca probabilidad y sin explicación suficiente, atribuible a una divinidad o ente metafísico.


Dios: Ente metafísico máximo, creador de todo lo existente, al cual se le atribuye las capacidades de omnipotencia, omnisciencia, omnibenevolencia y perfección.


Con lo anterior listo, procedamos a evaluar las implicaciones de los milagros. A continuación enumeraré sólo tres. Pudiesen existir algunas otras, pero para las conclusiones de este análisis sólo bastará con la validez de una sola de ellas. Ofrezco estas tres pues se me revelan de forma bastante explícita una vez comenzados los razonamientos. Helas acá:

1) El milagro implica que alguna divinidad o ente metafísico manifieste su voluntad en querer modificar el curso de los eventos para beneficio de algún particular. Esta “manifestación de voluntad” traducida en ese querer modificar la realidad implica no sólo un cambio de ésta última, sino también un cambio en la postura de la divinidad misma. Existe un antes y un después del milagro, en donde en ese antes la divinidad no habría intervenido y en el después ya lo habría hecho. Por lo tanto durante el milagro hay un movimiento, un cambio o una variación en la divinidad para llevarlo a cabo.
El cambio en la divinidad implica que la misma no es inmutable. Si la divinidad no es inmutable, significa que en efecto puede cambiar en alguna circunstancia, de manera ascendente o descendente, para mejor o para peor, en virtud o en vicio, de alguna manera o de otra. En pocas palabras, la inmutabilidad implica incorruptibilidad, y esta divinidad no poseería tales atributos.

La consecuencia de ello es la imperfección del ente metafísico. Una divinidad que hace milagros no es inmutable, ni incorruptible: ergo no es perfecta.


2) El milagro, tal y como se ha definido, beneficia a algún particular. Esto significa que el curso natural de los eventos es modificado, y si se quiere, supeditado, para esa ocasión tan especial (que es el milagro). Toda la realidad, en vista de su evidente interconexión de todo con un todo, se redefine, pues, en función del acto milagroso. No solo podría ocurrir que todo confabula por voluntad del ente místico para que el milagro ocurra, sino que al ocurrir, lo que antes tendría que pasar de forma natural ya no ocurre, sino que es modificado para convertirse en otro futuro.


Muy bien, esto tiene dos consecuencias simultáneas. La primera de ellas es que el beneficiario del milagro poseerá una fortuna o ventaja sobre los que no son beneficiarios. La segunda consecuencia es que, bajo la alteración del mundo, ante esa interrupción de lo que iba a suceder por lo nuevo que ahora ocurre luego del milagro, algo en la realidad debe perjudicarse necesariamente en algún momento a causa de esta modificación de los eventos. O dicho de otra forma, el milagro tendrá necesariamente algunas consecuencias negativas en su entorno, en virtud del mundo holístico e interconectado en el que vivimos, a través de las causas y los efectos.


Es fácil observar entonces que tanto el beneficio parcial del particular como el mal ocasionado por la alteración de los eventos implican una carencia de igualdad ante los sucesos de la vida. Luego es legítimo denominar como injusto al autor del milagro.

3) Si la realidad es modificable por un ente metafísico, significa que no es perfecta. Si fuera perfecta, cualquier cambio en ella tendría como consecuencia su imperfección, en vista de que la perfección involucra un único y máximo estado de refinamiento. Por otro lado, si la realidad era imperfecta y la intervención divina, por medio de un cambio, la convierte en perfecta, el mundo, antes de ese cambio, tendría que ser, obviamente, imperfecto.


Sea lo uno o lo otro, si el mundo o la realidad es imperfecta, y si se presume ésta como la creación de un Creador, entonces dicho Creador es imperfecto. Se debe analizar esta situación con cautela y claridad.


Un Creador perfecto, necesariamente, da origen a creaciones perfectas, pues de la misma manera en que el color blanco no puede ser artífice de lo oscuro, un ente perfecto no podría emanar de sí, de forma natural, algo imperfecto. Por lo tanto, si la realidad o el mundo es imperfecto, su Creador, en caso de haber tal, ha de ser imperfecto también.
No obstante esa es una de las alternativas.

La otra alternativa es que el Creador siendo perfecto (y aquí tendría que presumirse que sea todopoderoso,Dios no hace milagros. lamentablemente sin demostración) haya sido capaz de crear un mundo imperfecto, tal cual como se ha hecho patente que lo es. Si el mundo y la realidad son imperfectos, todo lo que contienen también corresponde a dicha categoría. Como se ha presupuesto que el Creador de esta clase de mundo o realidad es perfecto, si es además un ente moral, ha de ser moral en perfecto grado.


Si la realidad fue diseñada imperfecta (o susceptible de imperfección) adrede, significa que todo lo que ella engloba, en cuanto a valores morales se refiere, es (o será) imperfecto y siempre corruptible; y no solo eso, sino que también así fue concebida en un principio por su Creador. La maldad, sinónimo de lo corrupto en los ámbitos de la ética, muy bien calza en esta clase de mundo, pero contradice, empero, a un Creador que se ufane de ser perfectamente moral, o por lo menos perfectamente bondadoso.


De tal manera se tiene que si el mundo es imperfecto a propósito, un hipotético Creador suyo no podría ser omnibenevolente, pues toda imperfección, en términos morales, implica maldad, y esta maldad tendría que estar asociada necesariamente a la esencia y planes iniciales del Creador.


En resumen y hasta ahora, se podría concluir lo siguiente:


• Si se cree en un milagro, y se presupone que la realización del mismo haya sido directa o indirectamente concebida por alguna divinidad metafísica, la misma necesariamente ha de ser de carácter mutable o cambiante, corruptible, imperfecta e injusta.

• Si se cree en un milagro, y se presupone que la realización del mismo haya sido directa o indirectamente concebida por Dios (bajo una definición ortodoxa de éste), dicho ente metafísico ha de ser de carácter mutable o cambiante, corruptible, injusto; y además, o bien imperfecto, o bien no omnibenevolente. Es decir, no sería Dios el realizador del milagro.


Como se ve, los milagros no pueden ser una manifestación de Dios. En el mejor de los casos, si se insiste en la creencia de los mismos y en su origen divino, han de ser entonces oriundos de alguna otra divinidad o ente superior. Este asunto deriva en una inevitable diatriba, desde el punto de vista del creyente. Si se cree en los milagros, hay que colocar el sistema de creencias particular sobre la mesa y evaluarlo, en vista de las serias repercusiones que tales eventos especiales implican.

En otro orden de ideas, la omnipotencia de Dios podría lucir como un argumento suficiente para explicar todo el desbarajuste lógico que los milagros y la definición de Dios entretejen. No obstante, el tema de la omnipotencia es uno muy amplio, y se tratará en un breve futuro. Adelanto que más que cuestionarse el hecho de la omnipotencia absoluta de los dioses, más genuino será preguntarse hasta qué punto es posible conciliar la omnipotencia divina con el más básico uso de la razón.


Muchos saludos.




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