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domingo, 13 de enero de 2013

ENTREVISTA CON EL ÚLTIMO QUE APAGÓ LA LUZ


Antes de invocarle en cada situación política que le desagrade, tal vez sea necesario que sepa que el famoso "último que apague la luz", en efecto, ya la apagó. Más aún, está bien lejos. A continuación una entrevista que le han hecho:


-¿Es usted la última persona que quedaba de Venezuela, y que cuando vio todo perdido apagó la luz?

Así es, soy yo.

-¿Pero cómo es posible? Es decir, todavía hay muchas personas que están en Venezuela…

No. Ustedes creen que Venezuela aún existe, pero el país ya dejó de ser tal. En este momento ustedes se encuentran en otro lugar completamente distinto, que denominan “Venezuela”, pero por simple inercia o costumbre. Eventualmente le conseguirán otro nombre.

-¿Quiere decir usted que Venezuela ya fue?

Sí, exactamente. Corvo escribió algo sobre eso.

-¿Y quién es Corvo?

No sé. No se le ve muy a menudo. Pero me llegó su artículo y me pareció simpático.

-Bien- ¿Y usted no está con los demás venezolanos? Es que ha respondido con un “ustedes están en otro lugar…”

No, no estoy en la otrora Venezuela. Ahora estoy en Australia.

-¿Y eso?

Bueno, apagué la luz y me fui. Además, aquí es chévere. Me la paso en bermudas todo el tiempo, y todos los días conozco insectos nuevos. Es como estar en Apure en las noches de lluvia, pero sin chavistas, ni paramilitares, ni asesinatos. Y la gente por acá, además, sabe quién es Andy Warhol, por ejemplo.

-¿Cómo es eso de “apagar la luz”? Explíquenos.

Es muy sencillo. ¿Recuerda los continuos apagones regionales que le achacaban a las iguanas o al sabotaje? Era yo, pero solo estaba avisando. Estaba apagando y encendiendo la luz intermitentemente, informando que pronto apagaría todo definitivamente y me iría.

-Pero todavía tenemos luz…

¿Le parece? ¿Y tienen presidente?

-Oh…

¿Ve? El “último que apague la luz” es como el piloto que sabe que su avión se va a estrellar y decide dejar el mando y saltar en paracaídas. Es exactamente mi caso. Ustedes no se han dado cuenta, pero ya están con el cuarto a oscuras.

-Es decir, ¿usted “apagó la luz” cuando Venezuela se quedó sin presidente?

Así es. Aunque no tanto por quedarse sin presidente, sino por violentar la Constitución de manera tal que ya no hay estado de derecho que valga. Con esa ilegalidad mayúscula quedando impune, todas las demás infracciones a la ley son permisibles.

-Pero, ¿por qué apagar la luz?

Bueno, seguramente ha visto usted cómo entra la gente, a los golpes, en el Metro. Y sin necesidad.

-Sí.

Y seguramente también ha visto como sobre abundan las señoritas que afirman que “la envidia les fortalece”.

-También.

¿Y ha notado cómo Venevisión sigue transmitiendo “El Chavo” luego de treinta años, como “programación de estreno”? Probablemente también ha visto cómo la Asamblea Nacional parece un “reality show” de esos de MTv, al estilo “White Trash”.

-Sí, también lo he notado.

Pues, en este orden de ideas, no puedo evitar mencionar el curioso sincretismo de los socialistas católicos-santeros, o de bolivarianos que asumen la doctrina marxista, o de las protestas opositoras tuiteras. Esto último es muy cómico, porque estas personas opositoras son del estilo “¡Libertad y democracia! ¡Cacerolazo! ¡Cadena de oración! ¡Lucio Quincio presidente! ¡Adriana Azzi primera dama!”.

-Ciertamente, va de la mano. ¿Pero no tiene esperanza en el país? ¿Apagó la luz y nos dejó así?

Mire. Hagamos un experimento. Imagine que metemos en una licuadora a todos estos personajes que he mencionado- Los batimos. En el jugo que saldrá habrá de todo, pero, tal y como ocurre con los batidos que combinan varias frutas, ese jugo resultante probablemente tendrá que colarse y edulcorarse. Quizás hasta haya que esperar que se asiente un poco, para que agarre textura.

-Es posible, pero, ¿y entonces?

Bueno, pensemos en tiempos históricos. Un batido se hace en minutos, pero, ¿cuánto tarda la madurez social? ¿Cuánto tarda en cuajar una identidad nacional? ¿Ve? Si eso nos ocurre, pues perfecto, pero a mi no me queda mucha vida como para sentarme y verlo; esto es un asunto que tomará generaciones.

-¿Y como cuántas generaciones cree que tome?

Considerando que nuestra generación de relevo se considera “apolítica”, solo conoce del chavismo, y es una esponja esnobista de todos los desperdicios mediáticos extranjeros, pues… unas cuantas. Pero alguna de ellas encenderá la luz otra vez.

-¿Y cómo hizo para ir Australia? Ya sabe, por el asunto de la divisa…

Pues, como le he comentado, yo venía avisando que me iba, apagando intermitentemente la luz. Desde ese entonces comencé a ahorrar en moneda extranjera. El tiempo me dio la razón: ahora que Hugo no aparece y que el gobierno no va a tomar más riesgos políticos, la devaluación necesaria de nuestra moneda se ve lejana, lo que hace que las “lechugas afrodescendientes” hayan incrementado su precio muchísimo. Y lo seguirán haciendo.

-¿Y se siente bien por allá?

Sí, bueno. Aquí hay areperas. Y hay arepas dentro de ellas, es decir, hay Harina Pan. Los vecinos son muy respetuosos, y no colocan música a todo volumen en las madrugadas. Algo importante es que esto no está politizado, y que, además, no hay "Sábado Sensacional". Lo único es que la gente me ve raro cuando tranco la puerta de la casa con doble llave y cadena, pero es que ellos nos entienden. Es por si acaso.

-¿Qué consejos puede darle a la gente que se quedó dentro del cuarto oscuro?

Ese país al que ustedes aún llaman Venezuela, para mi, es un gran puerto. Si desea sobrevivir, vuélvase comerciante. Compre afuera, venda adentro; así de sencillo. Por lo demás, solo podría recomendar que no se meta en problemas. Al final de su vida, verá que todas esas calenteras políticas, que le perjudican la salud, fueron inútiles. En ese país la política es otra rama de la farándula. No se la tome en serio, pero no olvide nunca que usted es, esencialmente, un animal político.

-Pero ese es un consejo muy desolador, casi como una resignación.

Bueno, si lo prefiere, podemos editar esta parte de su entrevista. Bien puedo reformular mi respuesta, no hay problema, aunque no será sincera.

-¿Y qué podría decir entonces?

Que Venezuela es el mejor país del mundo, que los venezolanos tienen en la sangre el sentido cívico y democrático; las mujeres bellas, sus playas, lo alegre de su gente… El béisbol, la Vinotinto. Ya sabe, ¡vida y más na’! Por favor, permítame levantarme el cuello de la chemise y colocarme una gorra “Bass Pro Shops”, para que mi respuesta sea más creíble.

-Bueno. La última pregunta: ¿planea usted regresar y encender la luz de nuevo?

Le comentaba que el encargado de encender la luz otra vez será alguien de alguna generación venidera. La verdad es que, a pesar de todo, me gustaría volver. Pero si lo hago, mucho sospecho que la patria de mis recuerdos ya ha desaparecido. No quiero desilusionarme. Prefiero mantener ese recuerdo bonito de lo que era Venezuela. Además, me han dicho que en Maiquetía están robando.

-Pues, muchas gracias por sus palabras, señor.

Gracias a usted. 





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viernes, 7 de octubre de 2011

MOTIVACIÓN, CAPITALISMO Y DESARROLLO



M o t i v a c i ó n

Motivación, según el diccionario: Animar a alguien para que se interese por alguna cosa. Definición parca, pero útil. La palabra motivación la usamos frecuentemente y en situaciones tan diversas, que a veces no nos percatamos que su fondo forma parte fundamental de la historia y abarca parte, no menos fundamental, del devenir de la humanidad.

   El hombre, ese animal racional de Linneo, y sentimental de Unamuno, ese bípedo implume de Platón y Homo Faber o Sapiens, de otros tantos; es además, un animal motivado. Quizá suene demagógico o complaciente, pero todas las denominaciones anteriores son ciertas, tienen algo en común. Y es que todos los que las concibieron añadieron a la palabra animal (o a Homo, es igual), que sola suena igual a tripa o ascensor, un calificativo distintivo, propio de nuestro género, humanizándola. De esta forma, las denominaciones fueron fácilmente asimiladas por el mundo y sobre todo por los que, sensibles de su humanidad, entendieron que el hombre es el único animal que razona, el único que hace, siente y sabe, y como no me viene otro a la mente, el único que, en su condición de bípedo, fue privado de su plumaje-al menos que le quitemos las plumas a un pollo como hizo Diógenes. Ahora bien, dentro de las designaciones anteriores hay una que introduje sin permiso. Dije: animal motivado. Sí, no fue un error y si de algún modo lo fuera, no es por lo de motivado, sino por lo otro, lo de animal. Lo importante de todo esto es saber que cuando la motivación falta el hombre de pie fenece, o por lo menos sus aspiraciones. Ya lector, te darás cuenta por qué.

   Sí bien es cierto, la motivación, definida arriba, pude ser una disposición interna, como venida de dentro y transmitida con la acción y el discurrir del individuo, es más cierto todavía que son pocos los hombres que en un medio sin alicientes, se auto motiven, supeditando sus acciones a un fin más allá de lo aparentemente posible. Gran parte de los individuos son movidos por cuestiones exógenas e inmediatas, y por disposiciones del medio. A qué me refiero, usemos un ejemplo sencillo: En la “Universidad X” el sistema de calificaciones sólo abarca dos categorías si se quiere: la primera, la categoría de aprobado; La segunda: la de no aprobado. Por tanto, el estudiante, independientemente del nivel de conocimientos que posea, sólo podrá pertenecer a una de las dos; es decir, el individuo que cumplió con los requisitos mínimos para aprobar tendrá la misma calificación, que el que habiendo profundizado más en el estudio, debería pertenecer a otro grupo (el de aprobado con creces, por ejemplo). Salta a la vista que los estudiantes en esta universidad adquirirán los conocimientos necesarios para aprobar y no centraran su empeño en conocer a profundidad el material. Porque, en definitiva ¿para qué conocer más si mi nota será igual? Indiscutiblemente, habrá un grupo de individuos -reducido, pienso- capaz de sustraerse de la situación, estos adquirirán sus conocimientos sabiendo que al final la nota no es determinante, sino el conocimiento en sí.

   Concluyo: Son personas marcadas y con disposiciones muy especiales las que pueden hacer frente a su entorno y obrar en grande, la motivación es consustancial a ellos y no requieren que de alguna forma se la inoculen; de resto son pocos los capaces de obrar y superarse sin que el medio los motive y haga posible sin esfuerzos sobre humanos el desempeño de sus vidas. En un medio sin posibilidades, el mejoramiento es difícilmente conseguible.
Si no se desprende de lo dicho antes la relación existente entre la motivación con el desarrollo de las sociedades, trataremos de explicarlo más adelante.

C a p i t a l i s m o  y  m o t i v a c i ó n,  o  i g u a l d a d

“Bajo toda la vida contemporánea late una injusticia profunda e irritante: el falso supuesto de la igualdad real entre los hombres.” Ortega y Gasset.

“La igualdad hace disminuir la felicidad del individuo, pero abre la vía para la ausencia de dolor de todos. Al final de la meta estaría ciertamente la ausencia de dolor, pero también la ausencia de felicidad.” Nietzsche.

Muchos sueñan con un mundo donde las desigualdades no existan y donde el dinero se sustituya por el trueque. Pero la verdad es que la desigualdad es propia del hombre y al parecer, el dinero también.

   Nunca entendí el término de igualdad que enseñan en política, no lo comprendí por el simple hecho de que nadie pudo explicármelo jamás; en mi mente, lo que intentaban exponerme sin convicción, rebotaba y se iba por el mismo lugar por donde entró. Esto sucedía, y ahora me doy cuenta, porque contradecía a aquel signo genuino y fácilmente representable, el signo lógico-matemático, que simboliza, simplemente, que dos cosas son similares(o tres, o cuatro). Debemos admitir, y con sinceridad reconocer, que la tan repetida palabra igualdad, referida al hombre en sociedad ¿a eso es a lo que se refiere?, cuando está sola, no tiene significación verdadera o sólo una efímera; en cambio sí lo tiene la otra, la única igualdad, que se usa en las matemáticas y en la lógica, y cuyo significado está bien constituido en nuestro lenguaje. Esa última igualdad, al ser la única cognoscible, es la que tiene posibilidad de representación en mi mente; cuando alguien se refiere a la primera se me aparece inevitablemente la segunda. En fin, de la abstracta igualdad que intentan enseñar algunos, y de la cual hacen referencia las ideologías ramplonas, que cada quien recurra cuando le plazca (como ha sido siempre). Dije, al principio de este párrafo, que la igualdad de los cursis, la igualdad humana- que es un oxímoron igual de absurdo que decir el “cristiano ateo”, o el “gato ladrador”-, contradecía el concepto que tenía ya en mi mente, y lo hacía simplemente porque no me imagino a otro hombre igual a mí ya que al pensarlo me pienso a mí mismo. Mi ejemplo, ciertamente, no tiene representación posible, acaso la tenga y mi imaginación sea más corta que el vuelo de una gallina.

   En todo caso considero que la igualdad aplicada al hombre es atroz. El individuo humano, en tanto individuo, tiene como condición primaria la de ser único, un sistema basado en la igualdad es un sistema falaz en su zócalo. En contraposición a los animales, el hombre propende a la desigualdad; el hombre es tanto más hombre en cuanto más diferenciada sea su acción; cuanto menos lo sea, más por el contrario, se parecerá a las vacas, que no se diferencian unas de otras. Somos todos diferentes porque nuestras capacidades intelectuales son distintas, tenemos entre individuos dispares aspiraciones, disposiciones morales disímiles y concepciones religiosas múltiples. La igualdad es por tanto sólo consumada en el mundo de las ideologías, y las abstracciones; en el mundo de verdad, la igualdad no es posible, como no es posible que un pez, atacado por las ansias de ser distinto, viaje en dirección opuesta a su cardumen; si alguno, ávil nadador, lograse desprenderse de su grupo, no sería por perspicaz, sino porque perdió el sentido de la orientación y sería consecuentemente devorado. El animal distinto es un error, en tanto que en el hombre, la distinción es su característica definitoria. En una palabra: dejémosle la igualdad a las ideologías ramplonas, que mientras, los hombres de verdad, nos nutrimos de su opuesto.

   Respecto al dinero, a algunos les parecerá contradictorio que después de miles de años desde su invención, sigamos utilizándolo. Las relaciones humanas, ya desde fechas harto lejanas, no se conciben sino a través del capital. ¿Por qué persiste? Creo que la riqueza es una fuente de motivación sustancial, y aquí es donde quería llegar.

   Algunos individuos centran sus acciones en descubrir nuevas teorías, otros en escribir novelas, otros en cambio intentan socavar las bases del hombre proporcionando nuevas luces acerca de su fondo. ¿Pero qué hay del individuo promedio? ¿Qué hay del que le interesa más bien poco de que material está hecho? Pienso que ese hombre, caracterizado muy bien por Ortega y bautizado por él como hombre-masa, tiene como una de sus motivaciones fundamentales el dinero. Es la riqueza una de las formas que posee para salir adelante, su motivación parte de ella. La aspiración de superarse por medio del capital, no es desdeñable, ni mucho menos inhumana: ha servido para sacar a países enteros de la pobreza. En China, desde que es el país capitalista por antonomasia, han surgido cerca de 250 millones de personas de la miseria. El capitalismo es pues el sistema que permite al individuo ser el hacedor de la economía, y hace partícipe del desarrollo a todos y no sólo a los más capaces. Es en fin, fuente de motivación.

   Ahora bien, el capitalismo debe entenderse como lo que es, un sistema económico y no más, muchas veces se le atribuyen faltas que son propias de resquebrajamientos más profundos, atinentes al fondo de la sociedad y a sus formas de estructuración reales. La moral, la ley, y la religión. De ellas hablo.

¿V e n e z u e l a   u n  p a í s   m o t i v a d o?

Presenciamos cómo continuamente hacen referencia a la flojera Venezolana para dar explicación a los problemas, muchos se entretienen formulando teorías de parvulario sobre esto. En sus exhaustivos doctorados llegan a la conclusión de que ella forma parte de nosotros porque el calor del trópico afecta a los habitantes de estas tierras negativamente, los menos; y de que estamos destinados por nuestras raíces múltiples a colgarnos de la hamaca, los más. Otros, antropólogos de parrillada dominguera, diseminan y repiten como un loro, que la viveza forma parte de nuestra idiosincrasia así como el gusto por las caraotas. Unos, los tontos menos agraciados, apelan al ¨imperio¨ para explicar los ranchos de petare. De esta forma, tanto el teórico de parvulario, como el antropólogo de parrillada, queda satisfecho, convencido de que todos los problemas se reducen a esta o aquella otra cuestión. Pero al que no le hacen mella estas caracterizaciones pobres y estos culpables tristes, se da cuenta de la abrumadora amplitud del asunto y lo poco susceptible que es de generalizaciones y juicios cortos. En fin: tontos, vivos y flojos hay en todas partes y no creo que Venezuela sea un lugar especial donde convivan en mayor cantidad.

   A veces los problemas es mejor mirarlos de soslayo y no dejarse engañar por las impresiones de frente, que nos deslumbran. Así como la luz, enfocada sobre un objeto en ángulo abierto, aún incidiendo con menos intensidad, abarca un área mayor que si se enfoca perpendicularmente. Cuando hablamos del subdesarrollo de nuestro país es bueno deslindarse de determinismos que complican la labor de comprender. Ignoro en gran medida cuales son las causas, son tantas y tan complejas que no está en mis manos conocer su forma. Ahora bien, siento que en el círculo vicioso de la pobreza y el subdesarrollo existe un factor que es a la vez causa y efecto, hablo de la desmotivación. No creo, como dije, que la flojera, el conformismos, o la viveza sean partes del ser Venezolano, pero si estoy convencido que son el reflejo aparente y mal entendido de la esencia real del problema. Personas conviven en situaciones verdaderamente complicadas; los barrios de Venezuela son, sin lugar a dudas, lugares donde las caracterizaciones simples de las que hablábamos quedan desdibujadas por el acontecer de la realidad, quedan convertidas en juicios injustos. Familias apiñadas, drogas, delincuencia, deserción escolar… Pongámonos en la piel del que sufre en ese entorno y veremos que la desmotivación y la falta de alicientes es el factor verdadero que condiciona a los demás. Las posibilidades de mejorar en un ambiente tan hostil, definitivamente son pocas; es abrumadora y hasta sobre humana la tarea que debe hacer cualquier venezolano para mejorar, en esas condiciones, sus condiciones.

   Para formar sociedades en donde las posibilidades de superación sean verdaderas y no estén enhiestas en un escalón inalcanzable, es necesario la construcción de instituciones sólidas, por un lado; y permitiendo que la riqueza del país sea de todos, por el otro. Esto último no consiste en repartirlas como si fueran regalos, como pretenden los gobiernos megalómanos y con pretensiones de omnisciencia. La verdadera solución es la construcción de una economía donde el individuo y no el conglomerado sea su hacedor y los sistemas de producción estén supeditados a él y no al interés nacional -término tan ambiguo y mal usado, que bien puede significar el interés de todos, como el interés de un degenerado-. Así pues el capitalismo, entendido en los términos planteados y como lo ha demostrado la historia, es el sistema que procura el desarrollo. De esta forma, la posibilidad de que los hombres sean los constructores verdaderos de la economía y no el estado, está relacionada y queda incluida, en una de las circunscripciones fundamentales de la democracia, que es el derecho de que cada quien tenga lo suyo, el derecho en fin: a la propiedad. En una palabra, la democracia subsume a la propiedad y sin esta última, la primera no es. Cuando el sustantivo “propiedad” va acompañado de unos adjetivos adjuntos que bien pueden calificar a un rebaño, como son: “social” o “comunal”, las consignas formadas, “propiedad social” y “propiedad comunal”, respectivamente, se convierten, por un método semiótico, tal vez sintáctico, o mejor, simplemente, por un método sin-tacto, en la negación de la palabra contenida en ellas, en la contra-propiedad, pues; una contradictio in adjecto.

   Para terminar digo, que debemos defender al hombre entendido como ente individual y motivado. Diluir su individualidad en la sociedad, como pretenden algunas ideologías que se revelan nada más por el nombre, es como intentar desviar el curso de un río con un muro de cartón. No nos dejemos llevar por los que construyen con cartón y aceptemos los ejemplos de concreto de la historia; el desarrollo es posible en los términos ya planteados, es decir, entendiendo que el hombre corriente se mueve por motivaciones y que las suyas están muy unidas al capital, no más.









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domingo, 24 de julio de 2011

SINCRETISMOS PRESIDENCIALES


H
ay un estadio intelectual en donde nuestra fascinación natural por el mundo y sus misterios nos reduce a la burla propia de nuestro conocimiento. Y es que cada intriga resuelta, cada inquietud, cada teorema, deja más preguntas que soluciones. Son universos detrás del universo, son universos dentro del universo. Desde Sócrates hasta Voltaire, desde Newton hasta Ortega & Gasset, todos han convenido en que lo que sabemos es mera miseria ante lo que nos falta por descubrir. Esta ignorancia tan reveladora para nosotros mismos, es, paradójicamente, síntoma de sabiduría. “Todos somos ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas” –decía el buen Einstein.

Bien, entonces, ya que en nuestra pequeñez no somos capaces de aprehender todo lo concebible, lo mejor que podemos hacer es concentrarnos cada uno en saber muy bien lo poco que se sabe. Se requiere disciplina, tiempo, profundidad y orden. Esto es útil para nuestro entendimiento de lo que hemos elegido indagar, pero a la vez tiene el valor agregado de facilitar el desarrollo y ascenso del conocimiento; pues resulta evidente que es más fácil “apoyarse en las espaldas de los gigantes” para escalar en vez de comenzar la subida desde el principio, cada quien por su destino.

Pero hay una ventaja adicional: la historia. Sin duda es reduccionista concebir la historicidad de los hechos como una linealidad o como una proporcionalidad, pero sí es categórico el ordenamiento de los sucesos para poder entenderlos. La historia, la raíz de todo presente, está más emparentada con el futuro que con el ahora. Todo saber ha tenido su devenir natural, su tiempo y momento, y algunos hasta su superación. Un estudio metodológico y paciente de lo que nos apasiona permite una visión holística con todos los demás saberes; pero, de manera importante, contribuye a forjarnos la historicidad de los hechos, a entrever un punto de partida, que es la base del “a dónde vamos”, de la meta. En muchas ocasiones, la meta es lo que seremos.

En lo que en el contexto venezolano atañe, ha sido muy difícil establecer una congruencia con todas las ideologías convergentes en nuestra actualidad. Se habla sin denuedo de cristianismos, marxismos, guevarismos, bolivarianismos y hasta de Nietzsche. ¿Qué es todo esto, sino un remarcable desorden de las ideas y de los saberes? ¿Qué es todo esto, sino un flagrante desconocimiento de la historia, y hasta una posible manipulación de la misma? Así como ocurre con las leyes, ocurre también con la historia: quien por ignorancia o por voluntad la desvirtúa, es un criminal.

Particularizando el discurso, no se puede entablar una cofradía, por ejemplo, entre el marxismo y el bolivarianismo, siendo que Marx catalogaba de Soulouque al prócer libertador. Es realmente complicado imaginarse un Marx asintiendo una doctrina bolivariana (sea lo que sea que sus portantes piensen que signifique tal cosa), cuando, sin nada que perder o ganar de América, a muchos kilómetros de indiferencia de Venezuela, aseguraba éste alemán que Bolívar era un mal remedo acobardado de Napoleón Bonaparte. Tan duro fue en su “Bolívar y Ponte”, que dicho intento de biografía oficial fue omitido.

Poco hay de consistente, a su vez, en un Bolívar emblema de una causa socialista. La unión de los pueblos americanos y la victoria sobre el yugo español poco tenía que ver con la toma de los medios de producción. Las ideas de Bolívar no eran radicalmente económicas; no podían serlo, pues los pensamientos del Libertador, si se me permite, eran muy naïve como para emparejarse con los de Marx o Hegel en esos menesteres. Mientras uno moralizaba convenientemente el ser español y el ser americano, repartiendo muerte y vida arbitrariamente a través de proclamas y demagogias, otros teorizaban una dialéctica y un materialismo histórico como base de un nuevo orden económico propuesto. ¿Que lo que tenían en común era la liberación de los pueblos? Quizás, pero liberaciones desde perspectivas muy distintas, e incluso contradictorias.

Una más grande confusión sobreviene cuando adjuntamos la teoría marxista con la cristiana. No puede haber misticismos en los apologistas de Marx, pues su teoría es rigurosamente materialista. Con bases en el materialismo del gran Feuerbach, Marx concluye que la religión (aparte de ser el opio del pueblo, valga el reduccionismo) es uno de los medios históricamente opresores del hombre. ¿Cómo es posible, pues, que un marxista esté besando crucifijos o invocando deidades? ¿Cómo es posible, pues, que un cristiano o cualquier otro religioso se denomine a sí mismo socialista, marxista o comunista?

No obstante, existe algo en común entre cristianos y socialistas: el estrato moral, y la incompatibilidad deMarxismos bolivarianos, cristianismos marxistas... sus ideas con el devenir natural de los fenómenos. El cristiano coloca el centro de gravedad de la vida en el más allá en vez de un más acá; y el socialista coloca el centro de gravedad de la vida en el idealismo y en el romanticismo, en vez de guardar concordancia con la praxis. En uno y en el otro se necesita una voluntad adicional, un forcejeo largo y extenuante, para que sus ideas cobren vida, lo cual evidencia la innaturalidad de ambos. Si la naturaleza se comportara bajo los preceptos cristianos o socialistas, ya estaríamos extintos.

Sirva lo inmediatamente anterior para introducir oportunamente lo que sería la nueva variante sincrética de la actualidad venezolana: la filosofía de Friedrich Nietzsche.

Nietzsche fue un incansable, profundo y agudo defensor de la aristocracia de espíritu, elevando como valores todas aquellas virtudes que expandieran el poder de lo vivo. Como tal, y como abogado de lo natural (incluyendo todo lo terrible, cruel y derrochador de la naturaleza), era defensor de un supremo respeto por el individualismo, de una moral propia, del escepticismo y de las jerarquías espontáneas de la vida. Como es de suponer, todo lo que defendía son los opuestos exactos de los estandartes teístas (sobretodo los cristianos) y estadistas.

Este filósofo no necesita escuderos ante las demagogias cuando se le citan frases como:

“¿A quién es a quien yo más odio, entre la chusma de hoy? A la chusma de los socialistas, a los apóstoles de los chándalas, que con su pequeño ser socavan el instinto, el placer, el sentimiento de satisfacción del obrero — que lo hacen envidioso, que le enseñan la venganza... La injusticia no está nunca en los derechos desiguales; sino en reclamar derechos «iguales»... ¿Qué es malo? Todo lo que procede de la debilidad, de la envidia, de la venganza.”

“Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: ‘Yo, el Estado, soy el pueblo’."

“El cristianismo ha tomado partido por todo lo que es débil, humilde, fracasado; ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha estropeado la razón incluso de los temperamentos espiritualmente más fuertes al enseñar a sentir como pecaminosos, como extraviados, como tentaciones, los supremos valores de la espiritualidad.”

“El cristianismo es una rebelión de todo lo que se-arrastra-por-el-suelo contra lo que tiene altura: el evangelio de los ’viles’ envilece...”

En comunicados recientes, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha resuelto encontrar inspiración en el libro más perfecto escrito por Nietzsche, “Así habló Zaratustra”. Como es de suponer, también ha dispuesto encausar forzosamente la filosofía de este autor para compaginarla con los ya sincréticos farfulleos que han sido comentados en un principio. Chávez afirmaba que veía “paralelismos entre las figuras de Jesucristo, Marx, Che Guevara, Bolívar y Nietzsche”; así como también aseguraba que el Súper Hombre de Nietzsche era muy similar al Hombre Nuevo Socialista, que se ha propuesto a impulsar.

Pues bien, estamos ante otro absurdo. No es que se tomen en serio estas melcochas oportunistas, cazadoras de mentes leves, así como tampoco son dignos de atención los murales con Jesucristo portando ametralladoras. Lo importante de todo esto (y casualmente es una idea de Nietzsche también) es que la historia documentada nada tiene que ver con congruencias ni con verdades; la historia es escrita por los que detentan el poder. El pasado, y por lo tanto el futuro, está en peligro cuando los poderosos marcan la línea editorial de los acontecimientos.

Por eso es una suprema irresponsabilidad que personas de alta influencia tomen a la ligera las palabras que brotan sin filtro de sus fauces. El peligro se acrecienta cuando estas mismas personas estilan ser ególatras y se ven a sí mismas como puntos de inflexión definitivos en el acontecer de los tiempos. Al presidente hay que sugerirle, además de que refresque las hazañas de un José Antonio Páez que se ganó su lugar en la historia venezolana con honor y sudor, que investigue muy bien el contexto y el trasfondo de las ideas que parecieran surgir de lo que lee. Pues, en “Así habló Zaratustra”, las alegorías a las ‘arañas con cruces’, al ‘espíritu de la pesadez’, a la transformación del camello en león y del león a niño; en estas y en otras ideas, se esconde un glosario personal de términos que solo es posible descubrir en “Sócrates y la tragedia”, en “Más allá del bien y el mal”, en la “Genealogía de la Moral”, en “El Anticristo”, y otros libros anteriores y posteriores al Zaratustra.

Y mucho antes de leer a Nietzsche, ¿por qué no se lee mejor “1984”? Después de 12 años y después de los ditirambos entre cuartas y quintas repúblicas, el doblepensar se ha hecho muy necesario para seguir respirando ese vaho político al que estamos acostumbrados. Cualquier parecido entre Eurasia y el Imperio es mera coincidencia…


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martes, 5 de julio de 2011

EL BICENTENARIO IMPROPIO


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oscientos años. Un par de centenas de años que bien pudieran ser traducidas al entendimiento humano en unas aproximadas siete u ocho generaciones. Todavía abundan en Venezuela personas que pueden encontrar su derivación filial hasta las épocas en donde los esclavos molían maíz en el pilón de las casas de los blancos criollos. Doscientos años en términos históricos no es mucho en realidad.

Pero lo importante del bicentenario venezolano, es que en aquel 5 de julio de 1811 se hizo una declaración de independencia, una voluntad de separación, un nacimiento. Precisamente es eso, un nacimiento, que hay que analizar con mucha cautela y sin consignas irracionales nacionalistas.

La independencia de Venezuela, el comienzo del nacimiento de este país, fue un parto apresurado. Si se quiere, fue el primer gran movimiento esnobista de las élites de esta región. Ser una colonia era algo ya, en los 1800, demodé para las finas pretensiones y gustos románticos de las clases educadas. Y cuando Bolívar vio a Napoleón coronarse, el sueño de la América Unida (su sueño, no el sueño del vulgo) comenzó a gestarse incluso antes de que el más humilde campesino llanero supiera siquiera qué era América.

He ahí nuestro primer error: la independencia, esa lucha que tiñó de sangre a la mitad de Suramérica, la más violenta de la época, fue producto de unas ideas importadas, que por muy noble que hayan sido o no, no se habían digerido aún en el común de la población. Fue un mandato vertical, de las élites al pueblo, que no fue comprendido en sus raíces y que tampoco tenía por qué. De la noche a la mañana, un llanero dejó de arrear las reses para atravesar los Andes con un fusil, sin filosofía alguna que le diera sustento a sus acciones, más que la paga y la promesa populista de algunos derechos extras.

Hasta Miranda, el más profundo prócer independentista de Venezuela, cometió la imprudencia de pensar que los habitantes de esta región estaban a la par de la vanguardia de la época. Nadie sintió en el corazón la bandera que trajo. Eso de ser un país distinto, separado, no era más que un ideal artificial, si se me perdona la redundancia.

Pero así sucedieron las cosas, Venezuela se cortó el cordón umbilical. Nació a pesar de una gestación impropia, nació de las palabras, de los impulsos franceses, de las constituciones estadounidenses, de la ambición de un hijo de españoles, de la indiferencia indígena. No nació de los venezolanos, no fue un movimiento espontáneo, orgánico; no fue una convicción formal de algo que ya estaba en las calles y en los corazones, no fue nunca un destapar de una olla hirviente. Todo fue, francamente artificial.

La historia se encargaría de hacéroslo cobrar. Bolívar mismo no tuvo más remedio que ser dictador. Páez, el primer presidente de este país (cuando por fin formalmente ya podía llamarse Venezuela), también tuvo que asir el mando sin muchas flexibilidades. Y pues, queda para la muestra una historia de 200 años, de la que casi 130 años estuvimos en dictaduras. No se puede hablar de un espíritu libertario, de una espontaneidad libre, si la mayor parte del tiempo estuvimos acostumbrados a estar pisados por el caudillo del momento. Se fue el yugo Español, pero eso no significó libertad.

El segundo traspiés prematuro e importado fue la llegada de la democracia. Betancourt quería democracia a la fuerza, en una población que si bien ya detestaba a los dictadores, no tenía preparación alguna para tomar decisiones políticas. López Contreras entendía de eso, Medina Angarita también, pero Betancourt no. De nuevo, el capricho onírico de uno es el forcejeo apresurado de toda una sociedad. Y tampoco en esta ocasión se sabía muy bien hacia dónde era que teníamos que ir.

Como consecuencia, resulta que ahora, en tiempos actuales, todos están capacitados equitativamente para decidir quién es el que debe dirigir el país. Todos son especialistas políticos. El más vulgar y anodino ejerce igual peso que el más preparado ciudadano a la hora de discernir las riendas del destino venezolano. Incluso hasta ser de otras tierras no es impedimento para tomar decisiones patrias…

¿Qué es todo esto? Estamos en vista, pues, de un amasijo sin forma de muchos acontecimientos, de mucho esnobismo, de sembradíos de café que financiaban pugnas de caudillos, de petróleo que financiaba (y financia) pugnas politiqueras entre los partidos, de una sociedad increíblemente sincrética, en donde aún perdura en la práctica la división de blancos, negros e indios. Inverosímilmente, ahora se tienen pretensiones, en una tercera oleada de parejerismo criollo, de ser socialistas. Por favor.

Nos ha faltado algo muy importante, que si bien es cierto que es muy difícil obtener con apenas 200 años de historia (y 300 años de gestación predecesora), que si bien es cierto que será mucho más difícil de lograr con un mundo globalizado y en presencia de nuestro talante esnobista; no dejará, empero, de ser crucial para nuestro destino. Nos falta nada más y nada menos que identidad. No sabemos quiénes somos.

¿Qué es ser venezolano? He allí la pregunta más grande, la más difícil, la más importante ante este bicentenario. Porque no sabemos lo que estamos celebrando el día de hoy. Celebramos independencia, ¿pero de quién? ¿De qué o de quién nos diferenciamos? ¿Cuál es el límite que demarca al venezolano de cualquier otro ciudadano del mundo? ¿Qué es ser venezolano?

Todavía somos un amasijo en plena formación, falta mucho para responder. Somos una suerte de Roma caída, que busca nuevos senderos y organizaciones culturales. Sin embargo, la claridad es menester cuando se describe lo que no somos. No podemos hallar identidad nacional en lo sincrético; no podemos enorgullecernos de ser una mezcla de razas y credos, por ejemplo. Tampoco podemos hallar identidad en lo que no hemos elegido, pues ni las “mujeres bellas”, ni los parajes hermosos, ni nuestros recursos naturales son un constructo de un esfuerzo nacional.

Entonces, ¿qué es ser venezolano, qué significa eso? ¿Qué estamos celebrando el día de hoy si no sabemos de qué nos diferenciamos? Luego, una vez resuelta esta gran cuestión, estaríamos en la capacidad de saber muy bien qué podríamos ser, hacia dónde ir.

Cordiales saludos.





what

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martes, 12 de abril de 2011

VENEZOLANOS: LOS MAESTROS DEL DADÁ


E
stoy sorprendido ante algo que no puede ser casualidad.

Como reacción natural a la perspectiva positivista radical que pululaba en la Europa de hace varios años, más o menos en esa brecha temporal que académicamente divide a los siglos XIX y XX, el movimiento dadaísta nació en Suiza, oponiéndose altivamente en contra de la retícula de la razón y de las pretensiones artísticas de los adinerados.

Se caracterizaba por ser una rebeldía radical en contra de todo lo establecido y planificado en las artes. De hecho, los primeros dadaístas eran tan puristas que convertían sus ideas en un modus vivendi, sublimándose ellos mismos con el caos y azar de la naturaleza, con los impulsos, con lo inconciente, con todo lo concerniente a la expresión espontánea y sin finalidad. Ser dadaísta era ser irracional, libre, sensible y opuesto a toda intención de control.

Este movimiento reaccionario fue el origen de lo que ahora conocemos como surrealismo, y en todas las variantes de surrealismo existe la esencia del dadá. Estas ideas europeas luego fueron importadas a los Estados Unidos, y ahí también florecieron durante todo el siglo XX. ¿Pero qué ocurre con Latinoamérica?

Pues, permítaseme postular una teoría con la cual intento demostrar que los latinoamericanos, y muy especialmente los venezolanos, somos dadaístas por naturaleza, y que Venezuela no es más que una gigantesca propuesta artística incomprendida. Los venezolanos son en realidad, así lo aseguro, los artistas más grandes que la humanidad haya conocido.

Hay una diferencia muy grande, en cuanto a esencia genuina de las cosas se refiere, a ser naturalmente algo y a ser reaccionariamente algo. Por ejemplo, uno muy bien pudiera ser una persona religiosa como consecuencia de una expresión propia o de una tendencia natural a las creencias de cuestiones místicas. Por otro lado, también se pudiera ser una persona religiosa pero como reacción violenta, como negación, ante la cruda realidad del mundo. En el primer caso, la religiosidad emana de lo interno hacia fuera, y en el segundo, lo contrario.

Análogamente, hay dos tipos de dadaístas: los que nacen y los construidos. Los dadaístas europeos se convirtieron en tales como reacción al positivismo. Como en el caso del religioso que reacciona en contra de la frialdad del mundo, el dadaísta de los albores del siglo XX establece una afrenta artística en contra del exacerbamiento racional: esto es un dadaísta construido. Pero más poderoso, por cuanto más natural es, es el dadaísta nato. Este último no necesita de referencias externas, sino que sigue su propio instinto. Ni siquiera sabe que es un dadaísta: simplemente hace lo que quiere. Los venezolanos estamos todos en esta categoría de dadaísmo.

El caldo de cultivo filogenético para ser un dadaísta nato se consigue al mezclar en un único territorio a indios, negros y blancos españoles, preferiblemente incultos, esclavos y pillos aventureros, describiendo de forma respectiva. Por supuesto, en dado caso de que no sea evidente, lo que se persigue con esa mezcla genética y sociocultural es que no haya un sentido de identidad social definido, en el que sean solo algunos pocos románticos los que se atrevan a hablar de un “nosotros” como venezolanos. Y más que mezcla, lo que se busca es síntesis y sincretismo. Esto es muy importante, porque de otra forma no se podría obtener a futuro, por ejemplo, ese excelente acto surrealista que es el culto a la Corte Malandra de María Lionza.

El territorio de cultivo para los futuros artistas tampoco ha de ser desdeñado. En contraste con una inclemente tundra, o con la disciplina natural que imponen cuatro estaciones al año en la conducta humana de generaciones, o con la escasez de recursos de un campo de dunas, lo mejor será colocar a nuestras variopintas castas en un clima tropical y benévolo. Sí, en esa clase de tierras en donde hasta un escupitajo al suelo es suficiente para que brote un árbol de frutas. Con el tiempo, nuestros proto-artistas, entremezclándose y a la vez rechazándose unos con otros, no crecerán con la dificultad que entrañan los climas rígidos o las tierras poco fecundas. Todo lo contrario. Lo más sensato será el reposar, dejar que el ganado se multiplique por sí solo y que el viento se encargue de los sembradíos. Y si el territorio tiene petróleo y minerales para explotar, mejor.

Muy bien, dada estas condiciones, en no muchas generaciones tendremos al dadaísta puro, de cepa, refinado en las más sublimes aptitudes del no refinamiento; programado por naturaleza misma a ser tan libre como el más tozudo de los caballos briosos. Horizonte corto, risa fácil, análisis tímido, cadencia pegajosa, inquietudes nimias, disciplina inexistente, carisma notorio, creativo maestro de los subterfugios y del aprovechamiento propio sin conciencia. Así es como debe ser.

¿Y qué es lo que ocurre cuando casi 30 millones de personas son dadaístas natos? Pues, que por flujo natural de los eventos, sin que nadie lo haya planificado así, el territorio venezolano en donde viven resulta ser una obra dadá respirante, mutable, que vive y se retroalimenta. Sí, así es: Venezuela es la obra maestra del dadaísmo, es la exponente suprema del surrealismo y por si fuera poco, de la expresión kitsch y naïve.

En ninguna otra obra de arte de la que se sepa en toda la historia y prehistoria del humano, en ninguna, se ha llegado a tal grado de magisterio en la expresión de una propuesta artística. Desafiando toda categorización tradicional basada en pintura, escultura, literatura…, en fin, desafiando a todo medio de expresión artística, el país mismo es la obra. Venezuela es una obra de arte kitsch, naïve y surrealista.Sus academias educan para realidades lejanas de países desarrollados, sus egresados salen con conocimientos inútiles para la praxis inmediata; los policías son más temidos que los maleantes, los maleantes son objeto de culto religioso, en combinación con próceres patrios, vírgenes católicas e indias desnudas que cabalgan dantas. Los motorizados son anárquicos enjambres de abejas de las calles de la ciudad, se invierten 4 horas como mínimo en el tráfico diario, en edificios se hace fila para esperar un ascensor que tarda más de 20 minutos en subir y bajar, si es que hay ascensor.

Los transportes públicos son los regentes móviles de música estruendosa y kitsch, mientras que pedigüeños variados (incluso los hay de los que amenazan a los pasajeros diciendo ser ex-penitenciarios) solicitan cualquier cantidad de dinero a cambio de sus anodinos servicios. También simplemente pueden robar. El transporte subterráneo generalmente colapsado por el hacinamiento, sin que eso justifique trato especial ni mantenimiento de sus sistemas, los doctores ganan menos que los quiosqueros, los panaderos ganan más que los ingenieros, los ayudantes docentes ganan más que los profesores, unos zapatos valen más que una vida. Morirse es un lujo extremadamente costoso y engorroso, económica y burocráticamente hablando. Morirse es lo más fácil que puede suceder un fin de semana.

Se desdeña a los que saben, se desprecia a los de abajo, se resiente de los de arriba. Diputados apenas post púberes, cónsules camioneros, presidentes militares, socialismos en el siglo XXI, marxismos bolivarianos, cristianismos marxistas, socialistas millonarios, golpistas satanizando golpes de estado. Legislaciones fundadas en la artificialidad y en idealismos innaturales y anacrónicos, presidentes del congreso ebrios, Sábado Sensacional, entes burocráticos que jamás dan respuestas, pueblo acostumbrado a ser maltratado a todo nivel. País de recursos que importa casi todos sus insumos, escalinatas infinitas para llegar a un habitáculo desnudo y sin friso, presos que gobiernan las cárceles al punto de salir y entrar a ellas a placer, catolicismo hipócrita, oscurantismo religioso a granel, ocho horas mínimas de trabajo, canasta alimentaria superior al mínimo sueldo legislado, Joselo, adolescentes con bigotes decolorados y maestros del mal gusto.

Los discursos políticos son convocatorias de argumentos ad hominem, y la gente aplaude no por contenido, sino por la forma o por la palabrería naïve con mejor acabado. Hay orgullo por los que son altos jerarcas sin haber estudiado nunca, hay admiración por el que tiene dinero con el menor esfuerzo. Una vivienda se podría cancelar en un par de siglos a base de un sueldo común, los automóviles antiguos valen más que los nuevos, Jesucristo posa en murales con una ametralladora en la mano, personajes de Looney Tunes decoran postales y en retratos que se autoafirman originales, además de que en ocasiones advierten acerca de las desventajas de la envidia. Todo lo propio es constantemente vigilado, y si se puede, enrejado o susceptible de cerrojos.

Se podría continuar, enumerando cada manifestación artística, cada rebeldía dadá, cada muro levantado en contra de la razón rigidizadora y fría, pero sería fútil. Ya el punto parece estar demostrado, y solo lo hago esquemáticamente formal a través de la siguiente interrogante: ¿Es que todo esto acaso es obra de la casualidad? ¿No es sensato pensar que existe una multitudinaria conspiración, enmarcada en una gigantesca propuesta de arte, detrás de todo esto?

¿De qué otra forma, pues, podría explicarse que una sociedad entera juegue al Cadáver Exquisito en todas sus estructuras? Venezuela funge como una gigantesca academia de parkour, como un Gato Andaluz que late por sí mismo. Su gente hace un Pollock cuando realiza las diligencias del día a día, la práctica laboral evoca a Magritte. El trato entre cada ciudadano es cuasi caricaturesco, tanto, que los caricaturistas no deben imaginar mucho para plasmar sus ideas. Se podría pensar incluso que nada de lo dicho es arte, pero precisamente eso es lo que le han despotricado a surrealistas afamados como Damian Hirst…

Sí, ésta es mi teoría. Hemos sido unos incomprendidos, unos David Firth convertidos en ciudadanos; cada uno con su comportamiento sublimado al arte, y todos haciendo, rehaciendo y retroalimentando a la pieza artística más sublime jamás concebida en el mundo dadaísta. Cualquiera que intente participar en ella tendrá que deshacerse de las razones, de las planificaciones y de lo escrito. Negarse a ello y convivir entre tantos artistas podría repercutir en altos sacrificios: lo mejor será dejarse llevar, entender este concepto y dejar de refunfuñar. Por lo menos así me lo he inventado, para encontrar simpatía en vivir aquí.




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sábado, 18 de diciembre de 2010

10 CARACTERÍSTICAS TÍPICAS EN DOÑAS OPOSITORAS

P
ara nada pretendo que sea un secreto mi crítica constante al gobierno chavista, crítica que considero legítima, parte de mis derechos y siempre enfocada a la positiva transformación mental del ciudadano venezolano. No obstante, como tampoco soy afín a ningún dogma y soy, además, enemigo expreso de los fundamentalismos, debo denunciar, así sea en son de sorna, la postura de muchas personas que componen el bando opositor al gobierno en Venezuela.

Justamente por renegar de los fundamentalismos es que he capturado un indeseable comportamiento de tal tipo, predominante en las señoras opositoras, lo cual, me da mucha pena decirlo, es exactamente igual en esencia al comportamiento del bando al que cuestionan. Lo mejor en esta clase de explicaciones es ofrecer ejemplos, así que sin más introducción, he aquí las 10 características típicas de una doña opositora dogmática:

1. Escribir en mayúsculas en los correos y redes sociales: Quizás sea cuestión de la edad, de la presbicia, de las cataratas o de la miopía; pero existe una extraña tendencia por parte de las doñas opositoras, sobretodo a partir de cierta edad, a escribir todo sus comentarios y correos en mayúsculas.

Los entendidos en la socialización internauta están de acuerdo en que escribir todo con mayúsculas es un equivalente a emular gritos en una conversación hablada. De repente todo cobra sentido, pues cuando una doña opositora critica al gobierno siempre grita, y por eso es muy fácil y comprensible verla escribiendo así; sobretodo cuando omite las comas, acentos y demás signos de puntuación. Quizás sea un equivalente a gritar todo sin tomar respiro.

Sí, así son.


2. Divulgar rumores de “sacudones”: Nunca faltará una doña de este estilo que afirme estar bien conectada con el secreto mundo conspirativo opositor (el cual considero inexistente). En el ascensor, en el mercado o en el bus, siempre una señora que te haya evaluado y te considere de confianza te dirá, susurrando:

“Mira, mucho cuidado con lo que te voy a decir: me dieron un dato desde el Alto Mando Militar. Me dijeron que para este fin de semana hay un sacudón bien fuerte. Compra comida enlatada, velas, fósforo y agua. Esto va a ser horrible. Ya está todo organizado, para que el loco de Chávez se vaya…”

Lo que me parece curioso no es que eso nunca haya ocurrido, ni me parece curioso las 24 veces que lo he escuchado, ni cómo es posible que una señora que se la pasa viendo la novela de las 9 de la noche y juegue bingo de vez en cuando esté tan empapada de las conspiraciones militares e insurrecciones populares. Lo que me parece curioso es que lo de las velas, los fósforos, el agua y los enlatados también lo dicen, y con el mismo susurro sombrío, las señoras fanáticas de los misterios de la Virgen de Fátima y los últimos tiempos…

¿Será que son las mismas señoras?

Si tienes preparado un kit para apocalipsis zombies, estás listo para enfrentar las profecías de Fátima y las explosiones sociales del fin de semana.


3. Marchas, apagones de luz y toque de cacerolas por “la libertad y la democracia”: Consulte a una señora opositora indignada y con virtudes de liderazgo, y propondrá una genial idea, la cual acabará con todo vestigio de totalitarismo en el país. ¿Cuál es esa panacea? Tocar cacerolas desde el balcón de la casa.

En efecto, según estudios de científicos alemanes y de la medicina sistémica, se ha corroborado una asombrosa correlación entre el escándalo que hace una cacerola y la caída de regímenes totalitaristas y dictaduras. La correlación es proporcional al número de cacerolas sonantes y a la intensidad, frecuencia y duración de los golpeteos; de manera tal que una señora que toque su cacerola durísimo, rapidísimo y durante 20 minutos hará más efecto en eliminar a los gobernantes que una señora de ánimos menos motivados.

Asimismo, en una propuesta un poco más artística, se sugieren los apagones de las luces de la casa, durante 20 minutos más o menos, para que los gobernantes sepan “lo sumido en las sombras que mantienen a sus ciudadanos” y por ende se aflijan y se vayan. Esta me gusta, porque es algo ecológico.

Pero la reina de los mecanismos anti-gobierno son las marchas. Esta estrategia en verdad está llena de valía, pero dado que la oposición y el gobierno venezolano han agotado este recurso hasta el cansancio, el procedimiento de promover la reflexión en los ciudadanos y gobernantes ha perdido toda esencia en el país. No en vano Venezuela es el país que ha roto el Récord Guiness de mayor número de marchas y protestas.

Una demostración de la ya floja capacidad de impacto de las marchas son las entrevistas en los marchantes. No importa el motivo de la protesta, la razón por antonomasia para una persona participante siempre será “la democracia y la libertad”. Muy estimada señora amante de la libertad y la democracia: ¿sabe usted de dónde nace el principio de libertad de los seres humanos y sabe también por qué elige una democracia como sistema de gobierno? No se vale contestar con un “¡Fuera Chávez!”.

Al juzgar por cómo quedó la cacerola, esta señora hizo claudicar como a tres ministros ella sola.


4. Criticar pendejadas: Podríamos criticar los argumentos anacrónicos de Chávez para implementar un socialismo en pleno siglo XXI. Podríamos discutir que en efecto los sistemas económicos deben estar sustentados necesariamente sobre una base ética. Se puede decir con toda validez que dicha ideología es incompatible desde los puntos de vista físico, antropológico, económico e histórico. Pero las doñas opositoras prefieren decir: “que fea es la verruga de ese bicho”.

Ante una cadena presidencial, una doña fundamentalista de la oposición no perderá el tiempo escuchando los argumentos del presidente. Palabras van y palabras vienen, al igual que las teorías y sus discusiones esencialmente filosóficas. Lo que en verdad resulta importante es que Chávez parece un mono, un macaco. ¡Hay que ver lo feo que es!

La crítica más poderosa, con la cual la doña estará convencidísima de que lo que dice es un argumento de peso irrebatible, es hacer notar que “Chávez no tiene mujer. ¡Que horror! En amores con Evo Morales y con Fidel Castro, pero ni una sola primera dama. Claro, como le pegaba a Marisabel, quién se va a estar casando con ese bicho. El negro ese…”.

Esto, cabe destacar, va de la mano con achacarle todos los males habidos y por haber al primer mandatario. ¿Está lloviendo y un carro pasa a toda velocidad a tu lado y te empapa? Es culpa de Chávez. ¿El portugués de la panadería te vendió una canilla más flaca que un pitillo? Es culpa de Chávez. ¿Vas manejando hacia el trabajo y un tipo que iba por el hombrillo se coleó y chocó más adelante en el camino? Es culpa de Chávez.

¡Jajajaja!


5. Rosales hubiera sido un buen presidente: Lo lastimoso de la condición de Carlos Andrés Pérez es que ya no puede volver a ser presidente de Venezuela, porque si pudiera, en efecto lo sería y volvería a traer la bonanza de aquel famoso “’tá barato, dame dos”. Pero en vista de que él no puede lanzarse, había que votar por un intelectual del momento. Como Manuel Rosales.

Sólo equiparable al vertiginoso y sin horizonte vocabulario de Ricardo Arjona, Manuel Rosales es el consentido de las doñas opositoras por sus famosos aforismos de “una isla rodeada de agua”, o de aquel horno que no da peras. Al mismo tiempo, ante la barbarie que está haciendo Chávez con ese populismo mantenedor de parásitos de los recursos del Estado, Rosales había tenido una idea completamente original y contraria a lo que hace el “inquilino de Miraflores”. A saber, la tarjeta “Mi Negra”.

¿Qué será de la vida de esta señora?


6. Te dicen chavista si tu pensamiento es independiente: Esta es una de las características más curiosas, pues no será difícil que una doña opositora, que usa collares de pepas y un pañuelo mantuano, te tilde de comunista si expresas que eres ateo, o de chavista si opinas que el Che Guevara era admirable antes de meterse a guerrillero, por lo menos.

Lo mismo ocurriría si algún chico decide dejarse la barba, en donde lo acusarán de querer ser como los lacayos de Fidel Castro; y si criticas (¿cómo no hacerlo?) la infame sociedad norteamericana, eres evidentemente de la Revolución. Que los dioses os salven si os encontráis en una reunión de señoras opositoras y dices, por ejemplo, que el capitalismo es un sistema imperfecto, o que todos los medios de comunicación están parcializados y no hay ninguno que sea ecuánime. Los carterazos y los “¡fuera de aquí chavista!” no se harán esperar.

Blanco y negro del bueno, sí señor.

Obviamente el video "Out of control" de The Chemical Brothers tiene que ser chavista. No importa que sea más antiguo que el chavismo.


7. Ama los pronósticos astrológicos políticos: Las doñas opositoras son generalmente señoras muy católicas. Van a la iglesia con regularidad y son expertas en novenarios y rosarios, además de todo el culto de la Rosa Mística. Sin embargo, sin parecer notar la profunda contradicción que entraña con su fe, no sólo le piden favores a los santos (sí, eso no es legal, revisen el catecismo) sino que son fieles seguidoras de los horóscopos, lecturas “metafísicas” y talismanes.

Lo más interesante son los horóscopos. Cuando Adriana Azzi tiene ganas de remodelar la casa, lanza sus asombrosas visiones acerca del año que viene, en diciembre preferiblemente. Desde el año 2004 es infaltable que para los años inmediatos vea, gracias a los astros, que "habrá baños de sangre, una sociedad efervescente, una salida brusca del régimen, terremotos y muchas lluvias, y por supuesto la salida de Chávez". Sí, repito, lleva desde el 2004 en eso…

Un argumento sólido de una doña opositora ante los fallidos de la querida Adriana, es que Chávez tiene alrededor muchos brujos negros y babalaos que lo están ayudando a mantenerse en el poder. Por eso es que el cauce natural del universo y de los astros se ve ralentizado de alguna manera por estos poderosos magos oscuros. Es lógico.

"Para este año sí se cumple, ya verán. La astrología es algo muy serio."


8. “Pérez Jiménes era un tipo arrecho”: Sí señor. Aquí lo que hace falta es un Pérez Jiménez, un militar de esos arrechos que tenga las botas bien puestas; que ponga a trabajar a toda esa cofradía de sinvergüenzas y maleantes que están en las cárceles para que hagan autopistas bien buenas para el país.

Un tipo de carácter, que no le tenga miedo a nadie. Mano dura con todos esos vagos. ¿Que era una dictadura y que habían exiliados y presos políticos? Bueno sí, pero no importa, porque si te fijas, la mayoría de esos tipos prófugos o presos eran unos sátrapas comunistas que querían meterle la mano a este país para hacer cualquier cosa.

Eso del militar con carácter, sin miedo y con mano dura era la razón por la cual muchas de ellas, ahora ya arrepentidas, votaron por Chávez en el ’98…

Con que necesitamos un militar "arrecho" que se haga obedecer, ¿no?


9. “Somos mayoría”: En los meses que transcurren, la oposición sin lugar a dudas se ha convertido en una mayoría en Venezuela. Una mayoría que no deja de ser algo técnica (pues está muy cercana al 50% de la población), pero es una mayoría al fin. Pero para una doña opositora, la oposición ha sido mayoría todo el tiempo, desde 1999.

Cada elección perdida es una vil trampa del nefasto Chávez. Ellas son unas encuestadoras más eficientes que las empresas estadísticas que rondan en el mercado nacional e internacional, pues, hablando con la vecina, con la hermana por el teléfono, con el señor que vende los quesos y con algún vividor que trabaja para un ministerio sin ser realmente del proceso, es obvio que la oposición es mayoría y que siempre lo ha sido.

La frase típica – así la dicen desde 1999 -, es que “la gente ya despertó. Eso era al principio que la gente creía, pero ya la gente no es pendeja, ya saben cómo es ese vagabundo de Chávez. Ya tu vas a ver que más nadie se va a calar esta vaina y lo vana sacar de ahí”.

Estamos esperando.

Esta es una foto impresionante, pero no hay que dejarse engañar.


10. Ver Globovisión las 24 horas del día: El catolicismo quizás sea el culto oficial, pero en la práctica, no hay nada que una doña opositora adore más que el canal de noticias Globovisión, incluyendo a su mesías, Leopoldo Castillo.

El canal es de admirar sin duda, pues hasta ahora ha sido el bastión opositor más importante en cuanto a medios de comunicación se refiere. Es prácticamente el símbolo de la oposición, su escudo de armas en la bandera. Para una doña fundamentalista de este bando es algo más, mucho más. Es su vida, su rutina, su adicción, su droga no confesa. Debe ver las noticias por ese canal, todo el día, así sea repetidas. El momento más importante del acontecer diario es cuando comienza “Aló Ciudadano”. Éste es el culto en pleno.

La señora no sabrá muy bien, quizás, qué es Twitter, pero no dudará en llamar a sus hijos (más doctos en el asunto) y pedirles el favor de que “twiteen” al canal, diciendo, de parte de ella, de la señora Tamara, que ese señor Chávez es un vagabundo. Hace caso omiso a las sugerencias de su progenie, en las que se le dice que eso no hará nada para que Chávez salga del poder; pero el dogma es mucho más fuerte, y los ojos llenos de ira hacen dudar de cualquier otro atrevido consejo.

De vez en cuando llama al programa, y cuando no lo hace cree escuchar la voz de sus amigas cuando alguna otra persona se comunica, diciendo “así es que es Conchita, púyalo, púyalo, denuncia a ese sinvergüenza”. Se emociona y entra en furor cuando Leopoldo Castillo reprende con carácter a los chavistas y a su jefe mayor; y el concepto de clímax es algo completamente nuevo cuando uno de los invitados es Teodoro Petkoff o Rafael Poleo. Es casi orgásmico.

La intención de esta imagen blasfema es causar estupor en las doñas opositoras.


Pues bien, os invito a verificar esto por su propia cuenta. Imprima lo escrito en esta página y haga la prueba. Le garantizo que se divertirá y aprenderá a la vez un poco más de la curiosa fauna venezolana.


Muchos saludos.





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