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domingo, 13 de enero de 2013

ENTREVISTA CON EL ÚLTIMO QUE APAGÓ LA LUZ


Antes de invocarle en cada situación política que le desagrade, tal vez sea necesario que sepa que el famoso "último que apague la luz", en efecto, ya la apagó. Más aún, está bien lejos. A continuación una entrevista que le han hecho:


-¿Es usted la última persona que quedaba de Venezuela, y que cuando vio todo perdido apagó la luz?

Así es, soy yo.

-¿Pero cómo es posible? Es decir, todavía hay muchas personas que están en Venezuela…

No. Ustedes creen que Venezuela aún existe, pero el país ya dejó de ser tal. En este momento ustedes se encuentran en otro lugar completamente distinto, que denominan “Venezuela”, pero por simple inercia o costumbre. Eventualmente le conseguirán otro nombre.

-¿Quiere decir usted que Venezuela ya fue?

Sí, exactamente. Corvo escribió algo sobre eso.

-¿Y quién es Corvo?

No sé. No se le ve muy a menudo. Pero me llegó su artículo y me pareció simpático.

-Bien- ¿Y usted no está con los demás venezolanos? Es que ha respondido con un “ustedes están en otro lugar…”

No, no estoy en la otrora Venezuela. Ahora estoy en Australia.

-¿Y eso?

Bueno, apagué la luz y me fui. Además, aquí es chévere. Me la paso en bermudas todo el tiempo, y todos los días conozco insectos nuevos. Es como estar en Apure en las noches de lluvia, pero sin chavistas, ni paramilitares, ni asesinatos. Y la gente por acá, además, sabe quién es Andy Warhol, por ejemplo.

-¿Cómo es eso de “apagar la luz”? Explíquenos.

Es muy sencillo. ¿Recuerda los continuos apagones regionales que le achacaban a las iguanas o al sabotaje? Era yo, pero solo estaba avisando. Estaba apagando y encendiendo la luz intermitentemente, informando que pronto apagaría todo definitivamente y me iría.

-Pero todavía tenemos luz…

¿Le parece? ¿Y tienen presidente?

-Oh…

¿Ve? El “último que apague la luz” es como el piloto que sabe que su avión se va a estrellar y decide dejar el mando y saltar en paracaídas. Es exactamente mi caso. Ustedes no se han dado cuenta, pero ya están con el cuarto a oscuras.

-Es decir, ¿usted “apagó la luz” cuando Venezuela se quedó sin presidente?

Así es. Aunque no tanto por quedarse sin presidente, sino por violentar la Constitución de manera tal que ya no hay estado de derecho que valga. Con esa ilegalidad mayúscula quedando impune, todas las demás infracciones a la ley son permisibles.

-Pero, ¿por qué apagar la luz?

Bueno, seguramente ha visto usted cómo entra la gente, a los golpes, en el Metro. Y sin necesidad.

-Sí.

Y seguramente también ha visto como sobre abundan las señoritas que afirman que “la envidia les fortalece”.

-También.

¿Y ha notado cómo Venevisión sigue transmitiendo “El Chavo” luego de treinta años, como “programación de estreno”? Probablemente también ha visto cómo la Asamblea Nacional parece un “reality show” de esos de MTv, al estilo “White Trash”.

-Sí, también lo he notado.

Pues, en este orden de ideas, no puedo evitar mencionar el curioso sincretismo de los socialistas católicos-santeros, o de bolivarianos que asumen la doctrina marxista, o de las protestas opositoras tuiteras. Esto último es muy cómico, porque estas personas opositoras son del estilo “¡Libertad y democracia! ¡Cacerolazo! ¡Cadena de oración! ¡Lucio Quincio presidente! ¡Adriana Azzi primera dama!”.

-Ciertamente, va de la mano. ¿Pero no tiene esperanza en el país? ¿Apagó la luz y nos dejó así?

Mire. Hagamos un experimento. Imagine que metemos en una licuadora a todos estos personajes que he mencionado- Los batimos. En el jugo que saldrá habrá de todo, pero, tal y como ocurre con los batidos que combinan varias frutas, ese jugo resultante probablemente tendrá que colarse y edulcorarse. Quizás hasta haya que esperar que se asiente un poco, para que agarre textura.

-Es posible, pero, ¿y entonces?

Bueno, pensemos en tiempos históricos. Un batido se hace en minutos, pero, ¿cuánto tarda la madurez social? ¿Cuánto tarda en cuajar una identidad nacional? ¿Ve? Si eso nos ocurre, pues perfecto, pero a mi no me queda mucha vida como para sentarme y verlo; esto es un asunto que tomará generaciones.

-¿Y como cuántas generaciones cree que tome?

Considerando que nuestra generación de relevo se considera “apolítica”, solo conoce del chavismo, y es una esponja esnobista de todos los desperdicios mediáticos extranjeros, pues… unas cuantas. Pero alguna de ellas encenderá la luz otra vez.

-¿Y cómo hizo para ir Australia? Ya sabe, por el asunto de la divisa…

Pues, como le he comentado, yo venía avisando que me iba, apagando intermitentemente la luz. Desde ese entonces comencé a ahorrar en moneda extranjera. El tiempo me dio la razón: ahora que Hugo no aparece y que el gobierno no va a tomar más riesgos políticos, la devaluación necesaria de nuestra moneda se ve lejana, lo que hace que las “lechugas afrodescendientes” hayan incrementado su precio muchísimo. Y lo seguirán haciendo.

-¿Y se siente bien por allá?

Sí, bueno. Aquí hay areperas. Y hay arepas dentro de ellas, es decir, hay Harina Pan. Los vecinos son muy respetuosos, y no colocan música a todo volumen en las madrugadas. Algo importante es que esto no está politizado, y que, además, no hay "Sábado Sensacional". Lo único es que la gente me ve raro cuando tranco la puerta de la casa con doble llave y cadena, pero es que ellos nos entienden. Es por si acaso.

-¿Qué consejos puede darle a la gente que se quedó dentro del cuarto oscuro?

Ese país al que ustedes aún llaman Venezuela, para mi, es un gran puerto. Si desea sobrevivir, vuélvase comerciante. Compre afuera, venda adentro; así de sencillo. Por lo demás, solo podría recomendar que no se meta en problemas. Al final de su vida, verá que todas esas calenteras políticas, que le perjudican la salud, fueron inútiles. En ese país la política es otra rama de la farándula. No se la tome en serio, pero no olvide nunca que usted es, esencialmente, un animal político.

-Pero ese es un consejo muy desolador, casi como una resignación.

Bueno, si lo prefiere, podemos editar esta parte de su entrevista. Bien puedo reformular mi respuesta, no hay problema, aunque no será sincera.

-¿Y qué podría decir entonces?

Que Venezuela es el mejor país del mundo, que los venezolanos tienen en la sangre el sentido cívico y democrático; las mujeres bellas, sus playas, lo alegre de su gente… El béisbol, la Vinotinto. Ya sabe, ¡vida y más na’! Por favor, permítame levantarme el cuello de la chemise y colocarme una gorra “Bass Pro Shops”, para que mi respuesta sea más creíble.

-Bueno. La última pregunta: ¿planea usted regresar y encender la luz de nuevo?

Le comentaba que el encargado de encender la luz otra vez será alguien de alguna generación venidera. La verdad es que, a pesar de todo, me gustaría volver. Pero si lo hago, mucho sospecho que la patria de mis recuerdos ya ha desaparecido. No quiero desilusionarme. Prefiero mantener ese recuerdo bonito de lo que era Venezuela. Además, me han dicho que en Maiquetía están robando.

-Pues, muchas gracias por sus palabras, señor.

Gracias a usted. 





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domingo, 24 de julio de 2011

SINCRETISMOS PRESIDENCIALES


H
ay un estadio intelectual en donde nuestra fascinación natural por el mundo y sus misterios nos reduce a la burla propia de nuestro conocimiento. Y es que cada intriga resuelta, cada inquietud, cada teorema, deja más preguntas que soluciones. Son universos detrás del universo, son universos dentro del universo. Desde Sócrates hasta Voltaire, desde Newton hasta Ortega & Gasset, todos han convenido en que lo que sabemos es mera miseria ante lo que nos falta por descubrir. Esta ignorancia tan reveladora para nosotros mismos, es, paradójicamente, síntoma de sabiduría. “Todos somos ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas” –decía el buen Einstein.

Bien, entonces, ya que en nuestra pequeñez no somos capaces de aprehender todo lo concebible, lo mejor que podemos hacer es concentrarnos cada uno en saber muy bien lo poco que se sabe. Se requiere disciplina, tiempo, profundidad y orden. Esto es útil para nuestro entendimiento de lo que hemos elegido indagar, pero a la vez tiene el valor agregado de facilitar el desarrollo y ascenso del conocimiento; pues resulta evidente que es más fácil “apoyarse en las espaldas de los gigantes” para escalar en vez de comenzar la subida desde el principio, cada quien por su destino.

Pero hay una ventaja adicional: la historia. Sin duda es reduccionista concebir la historicidad de los hechos como una linealidad o como una proporcionalidad, pero sí es categórico el ordenamiento de los sucesos para poder entenderlos. La historia, la raíz de todo presente, está más emparentada con el futuro que con el ahora. Todo saber ha tenido su devenir natural, su tiempo y momento, y algunos hasta su superación. Un estudio metodológico y paciente de lo que nos apasiona permite una visión holística con todos los demás saberes; pero, de manera importante, contribuye a forjarnos la historicidad de los hechos, a entrever un punto de partida, que es la base del “a dónde vamos”, de la meta. En muchas ocasiones, la meta es lo que seremos.

En lo que en el contexto venezolano atañe, ha sido muy difícil establecer una congruencia con todas las ideologías convergentes en nuestra actualidad. Se habla sin denuedo de cristianismos, marxismos, guevarismos, bolivarianismos y hasta de Nietzsche. ¿Qué es todo esto, sino un remarcable desorden de las ideas y de los saberes? ¿Qué es todo esto, sino un flagrante desconocimiento de la historia, y hasta una posible manipulación de la misma? Así como ocurre con las leyes, ocurre también con la historia: quien por ignorancia o por voluntad la desvirtúa, es un criminal.

Particularizando el discurso, no se puede entablar una cofradía, por ejemplo, entre el marxismo y el bolivarianismo, siendo que Marx catalogaba de Soulouque al prócer libertador. Es realmente complicado imaginarse un Marx asintiendo una doctrina bolivariana (sea lo que sea que sus portantes piensen que signifique tal cosa), cuando, sin nada que perder o ganar de América, a muchos kilómetros de indiferencia de Venezuela, aseguraba éste alemán que Bolívar era un mal remedo acobardado de Napoleón Bonaparte. Tan duro fue en su “Bolívar y Ponte”, que dicho intento de biografía oficial fue omitido.

Poco hay de consistente, a su vez, en un Bolívar emblema de una causa socialista. La unión de los pueblos americanos y la victoria sobre el yugo español poco tenía que ver con la toma de los medios de producción. Las ideas de Bolívar no eran radicalmente económicas; no podían serlo, pues los pensamientos del Libertador, si se me permite, eran muy naïve como para emparejarse con los de Marx o Hegel en esos menesteres. Mientras uno moralizaba convenientemente el ser español y el ser americano, repartiendo muerte y vida arbitrariamente a través de proclamas y demagogias, otros teorizaban una dialéctica y un materialismo histórico como base de un nuevo orden económico propuesto. ¿Que lo que tenían en común era la liberación de los pueblos? Quizás, pero liberaciones desde perspectivas muy distintas, e incluso contradictorias.

Una más grande confusión sobreviene cuando adjuntamos la teoría marxista con la cristiana. No puede haber misticismos en los apologistas de Marx, pues su teoría es rigurosamente materialista. Con bases en el materialismo del gran Feuerbach, Marx concluye que la religión (aparte de ser el opio del pueblo, valga el reduccionismo) es uno de los medios históricamente opresores del hombre. ¿Cómo es posible, pues, que un marxista esté besando crucifijos o invocando deidades? ¿Cómo es posible, pues, que un cristiano o cualquier otro religioso se denomine a sí mismo socialista, marxista o comunista?

No obstante, existe algo en común entre cristianos y socialistas: el estrato moral, y la incompatibilidad deMarxismos bolivarianos, cristianismos marxistas... sus ideas con el devenir natural de los fenómenos. El cristiano coloca el centro de gravedad de la vida en el más allá en vez de un más acá; y el socialista coloca el centro de gravedad de la vida en el idealismo y en el romanticismo, en vez de guardar concordancia con la praxis. En uno y en el otro se necesita una voluntad adicional, un forcejeo largo y extenuante, para que sus ideas cobren vida, lo cual evidencia la innaturalidad de ambos. Si la naturaleza se comportara bajo los preceptos cristianos o socialistas, ya estaríamos extintos.

Sirva lo inmediatamente anterior para introducir oportunamente lo que sería la nueva variante sincrética de la actualidad venezolana: la filosofía de Friedrich Nietzsche.

Nietzsche fue un incansable, profundo y agudo defensor de la aristocracia de espíritu, elevando como valores todas aquellas virtudes que expandieran el poder de lo vivo. Como tal, y como abogado de lo natural (incluyendo todo lo terrible, cruel y derrochador de la naturaleza), era defensor de un supremo respeto por el individualismo, de una moral propia, del escepticismo y de las jerarquías espontáneas de la vida. Como es de suponer, todo lo que defendía son los opuestos exactos de los estandartes teístas (sobretodo los cristianos) y estadistas.

Este filósofo no necesita escuderos ante las demagogias cuando se le citan frases como:

“¿A quién es a quien yo más odio, entre la chusma de hoy? A la chusma de los socialistas, a los apóstoles de los chándalas, que con su pequeño ser socavan el instinto, el placer, el sentimiento de satisfacción del obrero — que lo hacen envidioso, que le enseñan la venganza... La injusticia no está nunca en los derechos desiguales; sino en reclamar derechos «iguales»... ¿Qué es malo? Todo lo que procede de la debilidad, de la envidia, de la venganza.”

“Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: ‘Yo, el Estado, soy el pueblo’."

“El cristianismo ha tomado partido por todo lo que es débil, humilde, fracasado; ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha estropeado la razón incluso de los temperamentos espiritualmente más fuertes al enseñar a sentir como pecaminosos, como extraviados, como tentaciones, los supremos valores de la espiritualidad.”

“El cristianismo es una rebelión de todo lo que se-arrastra-por-el-suelo contra lo que tiene altura: el evangelio de los ’viles’ envilece...”

En comunicados recientes, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha resuelto encontrar inspiración en el libro más perfecto escrito por Nietzsche, “Así habló Zaratustra”. Como es de suponer, también ha dispuesto encausar forzosamente la filosofía de este autor para compaginarla con los ya sincréticos farfulleos que han sido comentados en un principio. Chávez afirmaba que veía “paralelismos entre las figuras de Jesucristo, Marx, Che Guevara, Bolívar y Nietzsche”; así como también aseguraba que el Súper Hombre de Nietzsche era muy similar al Hombre Nuevo Socialista, que se ha propuesto a impulsar.

Pues bien, estamos ante otro absurdo. No es que se tomen en serio estas melcochas oportunistas, cazadoras de mentes leves, así como tampoco son dignos de atención los murales con Jesucristo portando ametralladoras. Lo importante de todo esto (y casualmente es una idea de Nietzsche también) es que la historia documentada nada tiene que ver con congruencias ni con verdades; la historia es escrita por los que detentan el poder. El pasado, y por lo tanto el futuro, está en peligro cuando los poderosos marcan la línea editorial de los acontecimientos.

Por eso es una suprema irresponsabilidad que personas de alta influencia tomen a la ligera las palabras que brotan sin filtro de sus fauces. El peligro se acrecienta cuando estas mismas personas estilan ser ególatras y se ven a sí mismas como puntos de inflexión definitivos en el acontecer de los tiempos. Al presidente hay que sugerirle, además de que refresque las hazañas de un José Antonio Páez que se ganó su lugar en la historia venezolana con honor y sudor, que investigue muy bien el contexto y el trasfondo de las ideas que parecieran surgir de lo que lee. Pues, en “Así habló Zaratustra”, las alegorías a las ‘arañas con cruces’, al ‘espíritu de la pesadez’, a la transformación del camello en león y del león a niño; en estas y en otras ideas, se esconde un glosario personal de términos que solo es posible descubrir en “Sócrates y la tragedia”, en “Más allá del bien y el mal”, en la “Genealogía de la Moral”, en “El Anticristo”, y otros libros anteriores y posteriores al Zaratustra.

Y mucho antes de leer a Nietzsche, ¿por qué no se lee mejor “1984”? Después de 12 años y después de los ditirambos entre cuartas y quintas repúblicas, el doblepensar se ha hecho muy necesario para seguir respirando ese vaho político al que estamos acostumbrados. Cualquier parecido entre Eurasia y el Imperio es mera coincidencia…


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martes, 5 de julio de 2011

EL BICENTENARIO IMPROPIO


D
oscientos años. Un par de centenas de años que bien pudieran ser traducidas al entendimiento humano en unas aproximadas siete u ocho generaciones. Todavía abundan en Venezuela personas que pueden encontrar su derivación filial hasta las épocas en donde los esclavos molían maíz en el pilón de las casas de los blancos criollos. Doscientos años en términos históricos no es mucho en realidad.

Pero lo importante del bicentenario venezolano, es que en aquel 5 de julio de 1811 se hizo una declaración de independencia, una voluntad de separación, un nacimiento. Precisamente es eso, un nacimiento, que hay que analizar con mucha cautela y sin consignas irracionales nacionalistas.

La independencia de Venezuela, el comienzo del nacimiento de este país, fue un parto apresurado. Si se quiere, fue el primer gran movimiento esnobista de las élites de esta región. Ser una colonia era algo ya, en los 1800, demodé para las finas pretensiones y gustos románticos de las clases educadas. Y cuando Bolívar vio a Napoleón coronarse, el sueño de la América Unida (su sueño, no el sueño del vulgo) comenzó a gestarse incluso antes de que el más humilde campesino llanero supiera siquiera qué era América.

He ahí nuestro primer error: la independencia, esa lucha que tiñó de sangre a la mitad de Suramérica, la más violenta de la época, fue producto de unas ideas importadas, que por muy noble que hayan sido o no, no se habían digerido aún en el común de la población. Fue un mandato vertical, de las élites al pueblo, que no fue comprendido en sus raíces y que tampoco tenía por qué. De la noche a la mañana, un llanero dejó de arrear las reses para atravesar los Andes con un fusil, sin filosofía alguna que le diera sustento a sus acciones, más que la paga y la promesa populista de algunos derechos extras.

Hasta Miranda, el más profundo prócer independentista de Venezuela, cometió la imprudencia de pensar que los habitantes de esta región estaban a la par de la vanguardia de la época. Nadie sintió en el corazón la bandera que trajo. Eso de ser un país distinto, separado, no era más que un ideal artificial, si se me perdona la redundancia.

Pero así sucedieron las cosas, Venezuela se cortó el cordón umbilical. Nació a pesar de una gestación impropia, nació de las palabras, de los impulsos franceses, de las constituciones estadounidenses, de la ambición de un hijo de españoles, de la indiferencia indígena. No nació de los venezolanos, no fue un movimiento espontáneo, orgánico; no fue una convicción formal de algo que ya estaba en las calles y en los corazones, no fue nunca un destapar de una olla hirviente. Todo fue, francamente artificial.

La historia se encargaría de hacéroslo cobrar. Bolívar mismo no tuvo más remedio que ser dictador. Páez, el primer presidente de este país (cuando por fin formalmente ya podía llamarse Venezuela), también tuvo que asir el mando sin muchas flexibilidades. Y pues, queda para la muestra una historia de 200 años, de la que casi 130 años estuvimos en dictaduras. No se puede hablar de un espíritu libertario, de una espontaneidad libre, si la mayor parte del tiempo estuvimos acostumbrados a estar pisados por el caudillo del momento. Se fue el yugo Español, pero eso no significó libertad.

El segundo traspiés prematuro e importado fue la llegada de la democracia. Betancourt quería democracia a la fuerza, en una población que si bien ya detestaba a los dictadores, no tenía preparación alguna para tomar decisiones políticas. López Contreras entendía de eso, Medina Angarita también, pero Betancourt no. De nuevo, el capricho onírico de uno es el forcejeo apresurado de toda una sociedad. Y tampoco en esta ocasión se sabía muy bien hacia dónde era que teníamos que ir.

Como consecuencia, resulta que ahora, en tiempos actuales, todos están capacitados equitativamente para decidir quién es el que debe dirigir el país. Todos son especialistas políticos. El más vulgar y anodino ejerce igual peso que el más preparado ciudadano a la hora de discernir las riendas del destino venezolano. Incluso hasta ser de otras tierras no es impedimento para tomar decisiones patrias…

¿Qué es todo esto? Estamos en vista, pues, de un amasijo sin forma de muchos acontecimientos, de mucho esnobismo, de sembradíos de café que financiaban pugnas de caudillos, de petróleo que financiaba (y financia) pugnas politiqueras entre los partidos, de una sociedad increíblemente sincrética, en donde aún perdura en la práctica la división de blancos, negros e indios. Inverosímilmente, ahora se tienen pretensiones, en una tercera oleada de parejerismo criollo, de ser socialistas. Por favor.

Nos ha faltado algo muy importante, que si bien es cierto que es muy difícil obtener con apenas 200 años de historia (y 300 años de gestación predecesora), que si bien es cierto que será mucho más difícil de lograr con un mundo globalizado y en presencia de nuestro talante esnobista; no dejará, empero, de ser crucial para nuestro destino. Nos falta nada más y nada menos que identidad. No sabemos quiénes somos.

¿Qué es ser venezolano? He allí la pregunta más grande, la más difícil, la más importante ante este bicentenario. Porque no sabemos lo que estamos celebrando el día de hoy. Celebramos independencia, ¿pero de quién? ¿De qué o de quién nos diferenciamos? ¿Cuál es el límite que demarca al venezolano de cualquier otro ciudadano del mundo? ¿Qué es ser venezolano?

Todavía somos un amasijo en plena formación, falta mucho para responder. Somos una suerte de Roma caída, que busca nuevos senderos y organizaciones culturales. Sin embargo, la claridad es menester cuando se describe lo que no somos. No podemos hallar identidad nacional en lo sincrético; no podemos enorgullecernos de ser una mezcla de razas y credos, por ejemplo. Tampoco podemos hallar identidad en lo que no hemos elegido, pues ni las “mujeres bellas”, ni los parajes hermosos, ni nuestros recursos naturales son un constructo de un esfuerzo nacional.

Entonces, ¿qué es ser venezolano, qué significa eso? ¿Qué estamos celebrando el día de hoy si no sabemos de qué nos diferenciamos? Luego, una vez resuelta esta gran cuestión, estaríamos en la capacidad de saber muy bien qué podríamos ser, hacia dónde ir.

Cordiales saludos.





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viernes, 15 de abril de 2011

TRATADO DE ANTROPOLOGÍA TUKKI


ABSTRACT


Desde hace algunos años atrás hasta la fecha presente se ha palpado entre los venezolanos el surgimiento de una nueva especie de ser humano. Con características definidas, esta especie, denominada “Tukki”, se encuentra multiplicándose alarmantemente entre los lugares públicos más diversos del país, incluso mucho más allá de su hábitat natural. Como es necesario restringir su maléfica influencia en el resto de la población, me he visto en la tarea de investigar a profundidad cuál ha sido el origen de semejante especie, y por lo tanto, descubrir cómo sería factible disminuir su tasa de natalidad y cómo alejarlos, también, de las zonas habitables del resto de la población.

ETIMOLOGÍA

Etimológicamente hablando, el nombre “tukki” ha sido de difícil acceso en cuanto a discernir sus raíces lingüísticas. No obstante, numerosos expertos parecen converger a la teoría de que la palabra “tukki” es una onomatopeya del ritmo básico de las canciones que dicha especie se caracteriza por bailar. Por ejemplo, en un acercamiento (peligroso) a una de las fiestas tukki, un investigador de la Real Academia de Ciencias Naturales, el Prof. John Mckensy [1], pudo constatar que la melodía básica de las canciones estaba realizada en base a sintetizadores, emanaba de una miniteca, y era algo como:

♪Tuqui tuqui tuu qui tuqui tuqui tuu...♫

De esta forma, los otros homo sapiens catalogaron a esta especie como tukkis, de tal manera que el nombre se les ha asignado y no proviene de una autodenominación de la tribu. Es por ello que es muy frecuente que un tukki no sepa que pertenece a dicha categoría, y ya se han visto muchos casos riesgosos en donde se molestan si se les llama así.

GÉNESIS DE LA MUTACIÓN

Trabajos arqueológicos y antropológicos recientes, apoyados en historiadores fiables de la época [2], demuestran que los orígenes tukki se remontan a la Venezuela de 1960. En aquel entonces, en un país con mayoritario analfabetismo, una brusca democratización fue la causante principal de que personas de anodina preparación cultural fueran aptas para tomar decisiones de envergadura nacional y que, aún más, ostentaran puestos de poder. A partir de ese momento comenzó la debacle estética e intelectual de los venezolanos en general, que, sumada a una posterior y pobre política inmigratoria, degeneró aún más en el detrimento del pozo genético criollo.

Incrementándose la popularización y vulgarización del poder estatal, y estando éste principalmente dispuesto en la zona capital de Venezuela, avalanchas de ciudadanos acostumbrados a modelos de vida esencialmente rurales comenzaron a habitar el valle y todas las zonas aledañas de Caracas, así como también de toda la región centro norte del país. Al mismo tiempo, al caer la dictadura, al comenzar una etapa democrática, y debido a los problemas socioeconómicos de los países vecinos, inmigrantes de bajo perfil y de condición gregaria, sobretodo latinoamericanos, se refugiaron en Venezuela, estableciéndose principalmente, y de igual forma, en la mencionada región centro norte.

Con estas condiciones dadas, en apenas una generación, es decir, en los albores de 1980, ya se contaba con incipientes vestigios tukki en la población venezolana, sobretodo en los cerros periféricos a la ciudad capital. Comenzaban a notarse de manera integral y sistemática, en varios individuos, una increíble incapacidad de discernir conceptos estéticos, carencia reflejada desde la paupérrima combinación indumentaria hasta un terrible y mal enfocado, además, esnobismo. En efecto, las vestimentas de algunos especímenes eran independientes de cualquier carácter funcional basado en el clima, de cualquier criterio cromático y de cualquier pretensión de expresión propia. Más bien, según algunos sociólogos de la Escuela de Chicago [3], la única referencia en la cual se enmarcaba la vestimenta era la de mimetizarse toscamente con las tendencias de moda de la clase media-alta venezolana, combinándolas espantosamente con la cultura de guetos norteamericana. Finalmente, se conseguía un amasijo de origen irreconocible cuando ambos criterios se fundían con el folclor nacional.

Un ejemplo clásico de esta etapa del mesolítico tukki, eran las personas que usaban un tímido y púber bozo a modo de bigote, un peinado a lo “Pedro el Escamoso[4], una camisa y un pantalón escogidos aleatoriamente, y eso sí, varios accesorios que representaran poder monetario sobre todas las cosas: collares, pulseras y cadenas de oro, lentes oscuros “de marca”, entre otros.

Bezerra Da Silva, proto-tukki de los años '60 y '70.

En la década de los 90, los medios de comunicación fueron el puente por excelencia entre la cultura afroamericana, popular y juvenil de los Estados Unidos y los especímenes proto-tukki venezolanos. Ante el breakdance, el rap, el hip-hop, el basketball (en especial Michael Jordan, Denis Rodman y los Chicago Bull), el caminar con “flow”, las prendas holgadas, las gorras, y demás accesorios; ante todo eso, Venezuela vio con terror el surgimiento de esa criatura proto-tukki denominada como “Jordan”.

Los jordan eran una especie inconfundible por sus zapatos estrambóticos deportivos (ideales para jugar basket), por su jerga malandra, y por unos peinados de platabanda que son fáciles de rememorar cuando recordamos al Príncipe del Rap [5]:

Will Smith en "The Fresh Prince of Bel-Air" (Príncipe del Rap). Nótese el peinado de platabanda, el mismo estilo utilizado por los jordan venezolanos.

Según la American Scientist and Evolutionary Jerks Asociation, la especie Jordan ya utilizaba anglicismos en su dialecto, así como también parónimos en sus nombres propios, como Yeison, Maikel, Berkly, Deimon, Yon, Yeferson y afines [6]. Esto resulta bien curioso, en vista de que al mismo tiempo de presentar tales características, comienza en estas criaturas, paradójicamente, un recelo insospechado hacia el idioma inglés. Se presume que esto obedeció a una asociación entre el inglés y los sifrinos, es decir, las personas de clase media-alta de gustos costosos y exquisitos. Estos eran, es bien sabido, sus enemigos naturales.

El esnobismo en esta etapa neolítica tukki fue mucho más acentuado. Para ser un jordan, era menester usar prendas de marcas costosas, así fuera necesario robarlas. Los zapatos, gorras y ropa Nike, los lentes Oakley (sobretodo los de montura blanca y cristal multicolor), los celulares Star Tac, en ocasiones la ropa Tommy Hilfiger y Quicksilver, todo esto, era parte el acervo indumentario para convertirse en un jordan. La vestimenta debía estar acompañada, como ya se ha inferido anteriormente, por la actitud jordan, es decir, la misma clase de personalidad “sabrosona”, de caminata rap, mal hablada, que no tenía pudor, por ejemplo, en preparar una paila de arroz con pollo en la casa y llevársela al cine, para poder ver la película sin gastar dinero en comida…[7]

En un extraordinario documental de la BBC de Londres, realizado en Caracas en el año 1997 [8], se puede apreciar en todo su esplendor el comportamiento de los jordan en su hábitat. Nótese con cuidado el recelo que tienen de los rockeros, así como también la forma en la que interactúan entre ellos y con otros seres humanos:



Los jordan también solían vivir en las barriadas, que eran cada vez más y más decadentes, de difícil acceso a la población en general, asimismo como en edificios aledaños Esto contribuyó a un aislamiento que decantó inevitablemente en la mutación del banco genético y en la especialización de la especie. Así, eficientemente adaptado para subir largas escalinatas, montar motos baratas y maniobrar entre automóviles, robar a plena luz del día, matar sin motivo alguno, ser un maestro del mal gusto y un excelente bailarín de salsa erótica, aparece, el tukki.

TAXONOMÍA

El famoso biólogo Richard Dawkins, en colaboración con su equipo de la Universidad de Oxford, pudieron desentrañar filogenéticamente el origen de esta nueva especie de homínido [9]. Hay que recordar que la evolución no necesariamente significa una mejoría de las características pasadas, sino que más bien corresponde a una mejor adaptación ante los cambios del ambiente circundante. Que el tukki haya evolucionado del homo sapiens no significa, pues, que sea mejor o más inteligente que éste, sino que está mejor adaptado al reggaetón, a la salsa erótica, a la danza tukki, a vivir en barriadas, a las camisetas blancas, al esmegma, a los embarazos precoces y a la capacidad de inventar nombres para sus crías de forma intransigente.

Taxonomía de los homínidos. PD: los nórdicos y los japoneses son razas superiores y por eso son otra vaina.

No es la pretensión de este artículo describir a detalle el fenotipo de los tukkis. La Universidad de Tel Aviv, en Israel, ha dispuesto gratuitamente material en Internet [10] en donde se explica exhaustivamente tal cuestión:

Investigación de los tukkis realizada en Tel Aviv

No obstante, es muy importante conocer las principales características fisiológicas de la especie, que se mantienen de individuo en individuo, independientemente de la tonalidad de la piel, hábitat, edad y género:

Anatomía descriptiva tukki.

RITUALES DE SOCIALIZACIÓN

Como el tukki ha perdido la capacidad inteligible de comunicación oral y escrita (producto de la disminución evidente del volumen craneal en el paso evolutivo), se ve obligado a interactuar entre los de su misma categoría y entre otros seres humanos a través de los sonidos y bailes. Esa es la razón de que, aparte de sus farfulleos, la música sea imprescindible para ellos, pues deben recurrir a ella para poder comunicarse; bien sea dedicando canciones inopias o moviéndose extrañamente en el baile para demostrar vanguardia, juventud, dominancia y potencial sexual.

Referente a la danza tukki, el origen de la misma tiene dos teorías. Según la Dra. Angélica Cappena Dorante, historiadora de dilatada experiencia de la Universidad del Cairo, los tukkis comenzaron a bailar como tal desde el surgimiento de tendencias musicales definidas. Explica, en base a esta primera teoría que:

“La danza tribal y epiléptica de los tukkis nació cuando nacieron también la Changa y el House. Después, con el Hardtrance, el Candytrance, y el Techno, se hicieron notar, apropiándose de los sonidos fabulosos de Dj’s como Candy Cox, Tiesto, Carl Cox y Paul Oakenfold. Eso hizo, por ejemplo, que a la gente como a mi nos dieran ganas de cagar cada vez que los veía puteando a mis ídolos.” [11]

Entrevista con la Dra. Angélica. No pudo contestar, sin embargo, su afición por Lady Gaga.

Por otro lado, mis investigaciones apuntan a otro camino. La segunda teoría, que es la que postulo, reza que debido al incremento del acceso al Internet en Venezuela, en la década de los 90 del siglo pasado, los tukkis pudieron emular el estilo Tecktonik que había nacido en Francia y que se hizo popular gracias a la canción “À cause des garçons” de Yelle:



Las evidencias que refuerzan esta teoría es que la vestimenta, el baile, y la esencia del estilo musical del video anterior fueron fácilmente observables desde hace varios años en las manadas tukkis durante sus danzas sociales:



Otras formas de interacción entre las castas tukki corresponden a las redes sociales, en especial a Metroflog. Se hace predominante el uso de fotos auto-decoradas con personajes de Looney Toones (como Piolín y Taz) así como la infaltable característica de colocar un proverbio que, dentro de los individuos de esa especie, denote gran sabiduría y respeto [12], como:

• Tu envidia me fortalece.
• Antes de criticarme, intenta superarme.
• 100% original, no creo en nadie.
• Pa’ las gatas besos, pa’ los diablos plomo.
• No me copio de nadie, puro style papá.
• Puro malandreo guerrilla seca desde el mediterráneo.
• Invierte en malicia y cosecha dinero.
• Otros afines.

¿CÓMO COMBATIRLOS?

Como ya se ha dicho en párrafos anteriores, los tukkis son completamente adversos al rock en todas sus variantes, a la profundidad estética, a la complejidad científica y al idioma inglés. Cualquier entorno en donde se valore la educación, el conocimiento y el buen gusto será un ambiente nocivo para esta especie.

Se recomienda, por tanto, rociar con toneladas de educación a las barriadas y zonas populares de todo el país [13], y utilizar la fuerza de las autoridades si fuese necesario. Y ciertamente lo será. Asimismo, se propone restringir toda fuente de alimento y/o energía tukki, como por ejemplo el reggaetón, las bachatas y vallenatos, la salsa erótica y las motos Jaguar y Empire.

REFERENCIAS:

[1] Mackensy, John. Real Academia de Ciencias Naturales. “Acerca de los monos esos y su ruido del infierno.”
[2] Meloin Venté, Yo. “Historia de la degeneración cultural venezolana según Corvo”.
[3] Escuela de Chicago de Sociología. “¿Cómo parecer cartelúo como los negros gringos?”
[4] “Pedro el Escamoso”. Culebrón colombiano vespertino.
[5] “Fresh Prince”. Serie dominical matutina de Venevisión.
[6] American Scientist and Evolutionary Jerks Asociation. “Estudio crítico relativo a la destrucción y mal gusto de los nombres propios.”
[7] Una vez lo llegué a ver en el cine.
[8] BBC London. “Reporteros ingleses viendo Radio Rochela en la noche mientras descansaban”.
[9] Dawkins, Richard. “Nueva taxonomía de los homínidos, incluyendo tukkis y razas superiores”. Universidad de Oxford.
[10] Universidad de Tel Aviv. Frikipedia. “Los tukkis”.
[11] Cappena Dorante, Angélica. “Explicación de cómo los tukkis dañan mi música mientras chateo con Corvo”.
[12] www.ohdios.com. #Proverbiotuki
[13] Mi vecino tukki es un parásito social.




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martes, 12 de abril de 2011

VENEZOLANOS: LOS MAESTROS DEL DADÁ


E
stoy sorprendido ante algo que no puede ser casualidad.

Como reacción natural a la perspectiva positivista radical que pululaba en la Europa de hace varios años, más o menos en esa brecha temporal que académicamente divide a los siglos XIX y XX, el movimiento dadaísta nació en Suiza, oponiéndose altivamente en contra de la retícula de la razón y de las pretensiones artísticas de los adinerados.

Se caracterizaba por ser una rebeldía radical en contra de todo lo establecido y planificado en las artes. De hecho, los primeros dadaístas eran tan puristas que convertían sus ideas en un modus vivendi, sublimándose ellos mismos con el caos y azar de la naturaleza, con los impulsos, con lo inconciente, con todo lo concerniente a la expresión espontánea y sin finalidad. Ser dadaísta era ser irracional, libre, sensible y opuesto a toda intención de control.

Este movimiento reaccionario fue el origen de lo que ahora conocemos como surrealismo, y en todas las variantes de surrealismo existe la esencia del dadá. Estas ideas europeas luego fueron importadas a los Estados Unidos, y ahí también florecieron durante todo el siglo XX. ¿Pero qué ocurre con Latinoamérica?

Pues, permítaseme postular una teoría con la cual intento demostrar que los latinoamericanos, y muy especialmente los venezolanos, somos dadaístas por naturaleza, y que Venezuela no es más que una gigantesca propuesta artística incomprendida. Los venezolanos son en realidad, así lo aseguro, los artistas más grandes que la humanidad haya conocido.

Hay una diferencia muy grande, en cuanto a esencia genuina de las cosas se refiere, a ser naturalmente algo y a ser reaccionariamente algo. Por ejemplo, uno muy bien pudiera ser una persona religiosa como consecuencia de una expresión propia o de una tendencia natural a las creencias de cuestiones místicas. Por otro lado, también se pudiera ser una persona religiosa pero como reacción violenta, como negación, ante la cruda realidad del mundo. En el primer caso, la religiosidad emana de lo interno hacia fuera, y en el segundo, lo contrario.

Análogamente, hay dos tipos de dadaístas: los que nacen y los construidos. Los dadaístas europeos se convirtieron en tales como reacción al positivismo. Como en el caso del religioso que reacciona en contra de la frialdad del mundo, el dadaísta de los albores del siglo XX establece una afrenta artística en contra del exacerbamiento racional: esto es un dadaísta construido. Pero más poderoso, por cuanto más natural es, es el dadaísta nato. Este último no necesita de referencias externas, sino que sigue su propio instinto. Ni siquiera sabe que es un dadaísta: simplemente hace lo que quiere. Los venezolanos estamos todos en esta categoría de dadaísmo.

El caldo de cultivo filogenético para ser un dadaísta nato se consigue al mezclar en un único territorio a indios, negros y blancos españoles, preferiblemente incultos, esclavos y pillos aventureros, describiendo de forma respectiva. Por supuesto, en dado caso de que no sea evidente, lo que se persigue con esa mezcla genética y sociocultural es que no haya un sentido de identidad social definido, en el que sean solo algunos pocos románticos los que se atrevan a hablar de un “nosotros” como venezolanos. Y más que mezcla, lo que se busca es síntesis y sincretismo. Esto es muy importante, porque de otra forma no se podría obtener a futuro, por ejemplo, ese excelente acto surrealista que es el culto a la Corte Malandra de María Lionza.

El territorio de cultivo para los futuros artistas tampoco ha de ser desdeñado. En contraste con una inclemente tundra, o con la disciplina natural que imponen cuatro estaciones al año en la conducta humana de generaciones, o con la escasez de recursos de un campo de dunas, lo mejor será colocar a nuestras variopintas castas en un clima tropical y benévolo. Sí, en esa clase de tierras en donde hasta un escupitajo al suelo es suficiente para que brote un árbol de frutas. Con el tiempo, nuestros proto-artistas, entremezclándose y a la vez rechazándose unos con otros, no crecerán con la dificultad que entrañan los climas rígidos o las tierras poco fecundas. Todo lo contrario. Lo más sensato será el reposar, dejar que el ganado se multiplique por sí solo y que el viento se encargue de los sembradíos. Y si el territorio tiene petróleo y minerales para explotar, mejor.

Muy bien, dada estas condiciones, en no muchas generaciones tendremos al dadaísta puro, de cepa, refinado en las más sublimes aptitudes del no refinamiento; programado por naturaleza misma a ser tan libre como el más tozudo de los caballos briosos. Horizonte corto, risa fácil, análisis tímido, cadencia pegajosa, inquietudes nimias, disciplina inexistente, carisma notorio, creativo maestro de los subterfugios y del aprovechamiento propio sin conciencia. Así es como debe ser.

¿Y qué es lo que ocurre cuando casi 30 millones de personas son dadaístas natos? Pues, que por flujo natural de los eventos, sin que nadie lo haya planificado así, el territorio venezolano en donde viven resulta ser una obra dadá respirante, mutable, que vive y se retroalimenta. Sí, así es: Venezuela es la obra maestra del dadaísmo, es la exponente suprema del surrealismo y por si fuera poco, de la expresión kitsch y naïve.

En ninguna otra obra de arte de la que se sepa en toda la historia y prehistoria del humano, en ninguna, se ha llegado a tal grado de magisterio en la expresión de una propuesta artística. Desafiando toda categorización tradicional basada en pintura, escultura, literatura…, en fin, desafiando a todo medio de expresión artística, el país mismo es la obra. Venezuela es una obra de arte kitsch, naïve y surrealista.Sus academias educan para realidades lejanas de países desarrollados, sus egresados salen con conocimientos inútiles para la praxis inmediata; los policías son más temidos que los maleantes, los maleantes son objeto de culto religioso, en combinación con próceres patrios, vírgenes católicas e indias desnudas que cabalgan dantas. Los motorizados son anárquicos enjambres de abejas de las calles de la ciudad, se invierten 4 horas como mínimo en el tráfico diario, en edificios se hace fila para esperar un ascensor que tarda más de 20 minutos en subir y bajar, si es que hay ascensor.

Los transportes públicos son los regentes móviles de música estruendosa y kitsch, mientras que pedigüeños variados (incluso los hay de los que amenazan a los pasajeros diciendo ser ex-penitenciarios) solicitan cualquier cantidad de dinero a cambio de sus anodinos servicios. También simplemente pueden robar. El transporte subterráneo generalmente colapsado por el hacinamiento, sin que eso justifique trato especial ni mantenimiento de sus sistemas, los doctores ganan menos que los quiosqueros, los panaderos ganan más que los ingenieros, los ayudantes docentes ganan más que los profesores, unos zapatos valen más que una vida. Morirse es un lujo extremadamente costoso y engorroso, económica y burocráticamente hablando. Morirse es lo más fácil que puede suceder un fin de semana.

Se desdeña a los que saben, se desprecia a los de abajo, se resiente de los de arriba. Diputados apenas post púberes, cónsules camioneros, presidentes militares, socialismos en el siglo XXI, marxismos bolivarianos, cristianismos marxistas, socialistas millonarios, golpistas satanizando golpes de estado. Legislaciones fundadas en la artificialidad y en idealismos innaturales y anacrónicos, presidentes del congreso ebrios, Sábado Sensacional, entes burocráticos que jamás dan respuestas, pueblo acostumbrado a ser maltratado a todo nivel. País de recursos que importa casi todos sus insumos, escalinatas infinitas para llegar a un habitáculo desnudo y sin friso, presos que gobiernan las cárceles al punto de salir y entrar a ellas a placer, catolicismo hipócrita, oscurantismo religioso a granel, ocho horas mínimas de trabajo, canasta alimentaria superior al mínimo sueldo legislado, Joselo, adolescentes con bigotes decolorados y maestros del mal gusto.

Los discursos políticos son convocatorias de argumentos ad hominem, y la gente aplaude no por contenido, sino por la forma o por la palabrería naïve con mejor acabado. Hay orgullo por los que son altos jerarcas sin haber estudiado nunca, hay admiración por el que tiene dinero con el menor esfuerzo. Una vivienda se podría cancelar en un par de siglos a base de un sueldo común, los automóviles antiguos valen más que los nuevos, Jesucristo posa en murales con una ametralladora en la mano, personajes de Looney Tunes decoran postales y en retratos que se autoafirman originales, además de que en ocasiones advierten acerca de las desventajas de la envidia. Todo lo propio es constantemente vigilado, y si se puede, enrejado o susceptible de cerrojos.

Se podría continuar, enumerando cada manifestación artística, cada rebeldía dadá, cada muro levantado en contra de la razón rigidizadora y fría, pero sería fútil. Ya el punto parece estar demostrado, y solo lo hago esquemáticamente formal a través de la siguiente interrogante: ¿Es que todo esto acaso es obra de la casualidad? ¿No es sensato pensar que existe una multitudinaria conspiración, enmarcada en una gigantesca propuesta de arte, detrás de todo esto?

¿De qué otra forma, pues, podría explicarse que una sociedad entera juegue al Cadáver Exquisito en todas sus estructuras? Venezuela funge como una gigantesca academia de parkour, como un Gato Andaluz que late por sí mismo. Su gente hace un Pollock cuando realiza las diligencias del día a día, la práctica laboral evoca a Magritte. El trato entre cada ciudadano es cuasi caricaturesco, tanto, que los caricaturistas no deben imaginar mucho para plasmar sus ideas. Se podría pensar incluso que nada de lo dicho es arte, pero precisamente eso es lo que le han despotricado a surrealistas afamados como Damian Hirst…

Sí, ésta es mi teoría. Hemos sido unos incomprendidos, unos David Firth convertidos en ciudadanos; cada uno con su comportamiento sublimado al arte, y todos haciendo, rehaciendo y retroalimentando a la pieza artística más sublime jamás concebida en el mundo dadaísta. Cualquiera que intente participar en ella tendrá que deshacerse de las razones, de las planificaciones y de lo escrito. Negarse a ello y convivir entre tantos artistas podría repercutir en altos sacrificios: lo mejor será dejarse llevar, entender este concepto y dejar de refunfuñar. Por lo menos así me lo he inventado, para encontrar simpatía en vivir aquí.




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jueves, 16 de diciembre de 2010

PLATÓN: DE LA DEMOCRACIA A LA TIRANÍA EN VENEZUELA


L
os venezolanos se caracterizan por adolecer, lamentablemente, de memoria histórica. Son muy susceptibles de olvidar las fruslerías que brotan de los labios políticos presentes y pasados. Muy en congruencia con los apologistas de la teoría de una historia cíclica, se dice que lo que acontece en la actualidad venezolana, aunque con ciertos elementos novedosos, no es más que una repetida edición de lo que ya ha pasado en esa tierra una, otra, y otra vez. Cipriano Castro constituye no menos que una fuerte evidencia de ello.

Pero no solo se adolece de aquello, sino que como en toda Latinoamérica, la esencia misma de lo que significa una nación, una patria, un estado y, particularmente, una república, no cala en la sien de, ni siquiera, la clase dirigente del conjunto de países en cuestión. Son palabras huecas, que suenan bien porque estamos acostumbrados a asociarlas desde infantes con las virtudes ciudadanas, pero sencillamente no las entendemos y mucho menos profundizamos. Desde niños alabamos la democracia, la libertad, el “hay que obedecer las leyes”, el “si no haces tal o cual los policías te encarcelan”. Votamos cuando hay que votar, sabemos que hay alcaldes y gobernadores que existen para repartirse la labor de gobernar, marchamos y protestamos cuando un “dirigente político” (o algún otro espontáneo) nos convoca porque hay una constitución que nos concede permiso para ello; pero ya, nada más. He ahí todo el entendimiento de lo que son los fundamentos de la República Bolivariana de Venezuela. No es de sorprender que nos gobiernen los que nos gobiernan.

Los venezolanos en general, y en el mejor de los casos, asociarán a Platón a algún filósofo que alguna vez existió. No se pretende de ninguna manera que sean expertos en filosofía, pero el no saber ni media referencia acerca de este gran hombre es una de las cuestiones más lamentables que hace expresa y dolientemente vívida la mínima cultura de la población. Su inmensa miopía académica (en contraste con su gran dominio de la “viveza criolla”) quizás no valore que lo que Platón ha dicho en su tratado “La República”, libro en el que se demuestra que desde hace más de un par de milenios la democracia era muy subestimada como método eficaz de gobierno. No solo eso, sino que resulta casi profético cómo es descrito el inevitable paso de la democracia a la tiranía, y de cómo una persona demócrata es convertible en tirano.

Con la esperanza (quizás ingenua) de causar así sea un atisbo de asombro, lo suficientemente poderoso como para confrontar por unos segundos, en la mente del venezolano, el dogma del fundamentalismo democrático en el que vivimos, y de inquirirle un asertivo acercamiento a la educación y a la profundización de las ideas más importantes, debo referirme a la obra anteriormente mencionada, recalcando el contenido que ahora más que nunca tiene una palpabilidad real y asombrosa con nuestro día a día político.

Explicándolo a grandes rasgos, la república de Platón es una manejada bajo la modalidad de noocracia (o una aristocracia de filósofos), en donde cada persona, de acuerdo a sus aptitudes, es colocada en su debido oficio. Sólo los espíritus más excepcionales, que hayan demostrado una rectitud indiscutible en su vida joven y adulta, y que encuentren facilidad y gozo en las más profundas reflexiones, son aquellos que son más cercanos a la idea verdadera del bien; y por lo tanto, aunque su naturaleza por ser de esta manera renegará, en principio, de todo cargo público, son los únicos capaces de guiar con sabiduría a la nación. La sociedad estipulada es una meticulosamente ordenada según los preceptos de la razón, y cada detalle de la vida diaria es cuidado para que funja de manera armónica, en consonancia con lo mejor que se podía extraer de la educación griega.

De esta aristocracia de sabios, la cual era el modelo más acabado de gobierno, degeneraban, gracias a los vicios y al alejamiento de la razón, los demás sistemas de gobierno conocidos. A más desvío de este modelo, más se degeneraba esta mencionada aristocracia en sistemas como oligarquías, democracias y tiranías; en orden de envilecimiento del modelo ideal.

Platón, en el libro octavo de “La República”, realiza interesantes paralelismos entre las modalidades de gobierno y los hombres que pertenecen a las mismas. Dichos paralelismos recuerdan mucho a la máxima que reza que “cada nación tiene el gobernante que se merece”. Pues bien, en lo que a los gobiernos democráticos respecta, el filósofo explica en primer lugar cómo en efecto un gobierno democrático es una copia fiel, una extrapolación fidedigna, de un hombre democrático.

El hombre democrático es un amante de la libertad, se ufana de ella y la vive en intensidad, pero tal cual como un adolescente (y habiéndose desviado gravemente del ideal aristocrático sabio), disfruta de la vida con total ligereza, olvidando las bases y fundamentos mismos que lo hacen libre. Desdeña y hasta sataniza los principios fundamentales de la razón; no reflexiona, vive por vivir y siente que tiene derecho a todo, entregado a todos y cada uno de los placeres de los cuales puede sacar beneficio. Como dice Platón, en ese estado confunde “la insolencia con la cultura, la anarquía con la libertad, el libertinaje con la magnificencia, la desvergüenza con el valor”. La trascendencia de la realidad a la pureza del mundo de las ideas deja de tomar relevancia, si es que alguna vez la tiene, y este hombre engañado en su felicidad se degenera hasta convertirse en tirano.

¿Y cómo ocurre esta degeneración? Pues con ese exceso de libertad, desembocando en el libertinaje puro. Tanto glorifica la libertad este hombre demócrata, que termina adentrándose en las esferas del libertinaje. Pierde el control, no razona, aborrece todo límite, sobrevalora toda individualidad. Una sociedad inmersa en tal derroche libertino no infunde ni promueve el respeto ni a la razón, ni a la competencia de cada quien. Muy pronto ese “derecho” a ser extremadamente libre se adueña del corazón del hombre democrático, y termina por rebelarse ante toda forma de coacción, así sea razonable y necesaria. Todos se autodenominan iguales a todos, en naturaleza y competencias. Los hijos se consideran iguales a sus padres, los alumnos a sus maestros, los jóvenes a los ancianos, los analfabetas a los ilustrados; y de manera definitiva, los ciudadanos a sus magistrados. Al final, las leyes y moral se transforman en mandatos huecos, pues ya no hay legislación que pueda obedecerse o que limite a alguna persona. Al final, no se tiene la menor idea de las diferencias necesarias: el pueblo es el gobernante, el gobernante es el pueblo.

Irónicamente, como bien lo explica Platón, “puede decirse con verdad que no se puede incurrir en un exceso sin exponerse a caer en el exceso contrario. Por consiguiente, lo mismo con relación a un Estado que con relación a un simple particular, la libertad excesiva debe producir, tarde o temprano, un exceso de servidumbre. Por tanto, es natural que la tiranía tenga su origen en el gobierno popular, es decir, que a la libertad más completa y más ilimitada suceda el despotismo más absoluto y más intolerable.”

Estas asombrosas palabras de Platón, tengo la certeza de ello, retumbarán en los ciudadanos venezolanos preocupados por los movimientos políticos del acontecer de hoy. Pero aún debo decir que digna de estupefacción es la descripción de la tiranía que hace el gran pensador. En efecto, una vez que el populacho se hace con el poder por medio de alguna vía u otra, ejerce lo que sus pasiones (y no la razón) han desarrollado a lo largo de esa excesiva libertad democrática, la cual ha embriagado hasta el límite todos sus sentidos sin el menor control.

Dados estos acontecimientos, se explica que “en este Estado los más entendidos y los más prudentes en su conducta son también de ordinario los más ricos. De éstos, sin duda son de los que los zánganos sacan más miel y con más facilidad. Así es que dan a los ricos el nombre de ‘pasto para los zánganos’”. La plebe, compuesta de la clase obrera, que apenas tienen con qué vivir y están ajenos a todos los negocios del patrimonio público, suele ser la más numerosa, lo cual los hace poseedores de un enorme poder político implícito en vista de que el Estado es democrático. Por esto –prosigue Platón, “los que presiden a las asambleas hacen los mayores esfuerzos en proporcionárselas (a la plebe). Con esta idea se apoderan de los bienes de los ricos, que reparten con el pueblo, procurando siempre quedarse ellos con la mejor parte.

Sin embargo los ricos, viéndose despojados de sus bienes, sienten la necesidad de defenderse, se quejan al pueblo, y emplean todos los medios posibles para poner sus bienes al abrigo de tales rapiñas. Los otros, a su vez, los acusan, inocentes y todo como son, de querer introducir la turbación en el Estado, de conspirar contra la libertad del pueblo y de formar una facción oligárquica. Pero cuando los acusados se percatan de que el pueblo, más que por mala voluntad, por ignorancia y seducido por los artificios de sus calumniadores, se pone de parte de estos últimos; entonces, quieran ellos o no quieran, se hacen de hecho oligárquicos.”

Siguiendo con los razonamientos de toda esta convulsión social, se derivan "La servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada."enjuiciamientos y condenas por doquier, denunciando a los que opinan de manera contraria y a los que antiguamente poseían el mando por derecho propio y mérito. De esta cadena de sucesos, se explica, siempre resaltará algún líder, el cual se arrogará la protección del pueblo y el cual será el acusador y perseguidor más destacado. Como es fácil suponer, éste autodenominado benefactor se granjeará muchos enemigos, y muy pronto sabrá que su vida o libertad tiene peligro. Recurre entonces al poder más grande que tiene, que es el apoyo popular, y en vista de su situación complicada, les pide que le otorguen más derechos y poderes que a ninguno para poder efectuar con mayor campo su defensa de los intereses de la comuna. “El pueblo se los concede, temiéndolo todo por su defensor y nada para sí mismo.”

Así, en medio de la inocencia (que en mi opinión es un eufemismo de la ignorancia), del resentimiento y del contexto político tumultuoso, asciende al poder máximo el tirano.

¿Cómo se desarrolla el tirano una vez que está en el poder? “Por lo pronto, en los primeros días de su dominación, sonríe graciosamente a todos los que encuentra, ¿y no llega hasta decir que ni remotamente piensa en ser tirano? ¿No hace las más pomposas promesas en público y en particular, librando a todos de sus deudas, repartiendo las tierras entre el pueblo y sus favoritos y tratando a todo el mundo con una dulzura y una terneza de padre? Cuando se ve libre de sus enemigos exteriores, en parte por transacciones, en parte por victorias, y se da cuenta seguro por este lado, tiene cuidado de mantener siempre en pie algunas semillas de guerra, para que el pueblo sienta la necesidad de un jefe. Y sobretodo, para que los ciudadanos empobrecidos por los impuestos que exige la guerra, solo piensen en sus diarias necesidades, y no se hallen en estado de conspirar contra él. Y también hace esto para tener un medio seguro de deshacerse de los de corazón demasiado altivo para someterse a su voluntad, exponiéndolos a los ataques del enemigo. Por todas estas razones es preciso que un tirano tenga siempre entre manos algún provecho de guerra.”

Las personas que han ayudado al tirano a ascender al poder son, con toda probabilidad, las que después de él ostentan mayor poder en la nación. Eso les crea la ingenua sensación de poder tutearse con él sin el menor temor, e incluso de cuestionarle algunas ideas y desaprobarlas. El tirano, defendiendo su posición, no permitirá tales atribuciones; y así como ha extinguido toda oposición y enemigos contrarios a su bando, debe eliminar políticamente a todo adversario posible dentro del suyo, ocasionando, no para menos, graves rencillas internas. De aquí que ante tal presión y peligro producto de sus pésimas prácticas, debido a sus ya incontables enemigos, debe refugiar su guarda no en los suyos, sino en extranjeros contratados para ello. Asimismo, para mantener a los fieles de su apoyo popular, que ante estas circunstancias también estarán entre diatribas internas, debe sobornarlos para tal fin. “Si paga bien, acudirán en gran número de todas partes.”

No pasará mucho tiempo para que el tirano mantenga su posición a un alto coste, extrayendo las riquezas de ámbitos y patrimonios que no le son propios, sino del pueblo mismo. Ante su actuar y su invulnerabilidad, “el pueblo verá qué hijo ha engendrado, acariciado y encumbrado, y que los que intenta arrojar son más fuertes que él. Y he aquí que hemos llegado a lo que todo el mundo llama tiranía. El pueblo, queriendo evitar, como suele decirse, el humo de la esclavitud de los hombres libres, cae en el fuego del despotismo de los esclavos, y ve que la servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada.”

Y prácticamente así es que termina el libro octavo de “La República”. Este libro fue escrito hace 2500 años…

Venezolano: ¿qué pasa por tu mente? ¿Qué te sucede? ¿Has madurado en tu ciudadanía? ¿No ha sido suficientemente clara la sabiduría antigua? ¿Persistes en despreciar la historia y la cultura? ¿Quién eres? ¿Qué deseas? ¿Permitirás que te sacrifiquen como a los corderos? ¿Serás el servil de un tirano? ¿Concederás ser enajenado de tus derechos? ¿Has entendido que sólo tú eres el responsable que lo que te aqueja? ¿Has comprendido que tu pasividad y tu ignorancia, tu igualitarismo a ultranza y tu inmadurez política, son los únicos responsables de lo que sucede?

¿Y ahora qué harás? ¿Seguirás vanagloriándote de la libertad? ¿Seguirás farfullando igualdades y democracias? Por favor, ilústrate, pues el tiempo, luego de 11 años, ya se agotó:








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