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domingo, 18 de noviembre de 2012

"LIUBLIANA" - EDUARDO SÁNCHEZ RUGELES. Comentarios


Cuando se tiene entre manos el texto de “Liubliana”, nadie toma la precaución de avisar que si no se es oriundo de Caracas –o si por lo menos no se domina la jerga caraqueña- la novela no podrá ser disfrutada a plenitud. Me salta entonces la primera inquietud, una de tantas cuestiones que ya sospechaba cuando me habían recomendado el libro: ¿cuál habrá sido la intención de Sánchez Rugeles al rodear con un círculo de sal a su obra? La cadencia urbana caraqueña no se hace esperar apenas se comienza el primer capítulo, e inevitablemente se cae en cuenta de que el protagonista de la historia bien pudiera ser una confesión solapada del autor. Y es que, como dice Mario Vargas Llosa, “toda novela es un testimonio cifrado”.

Y comienza la prosa adolescente, bien estructurada, pero de riqueza púber. Al principio se pudiera pensar que la narración subjetiva de Gabriel Guerrero interviene en la arquitectura de la forma, pues es apenas un muchacho del Inírida quien se aventura a darnos los preludios de la historia de amor decadente que está por venir. No obstante, la jovialidad expresiva, punzante, despreocupada e inocua se mantiene durante toda la novela, describiendo con cierto dejo de presuntuosa solemnidad cómo es que la gélida invitación de Facebook nos permite enlazarnos en los tiempos modernos, o cómo es que una fotografía de la misma red social se va cargando a medida que el internet nos concede su banda. No hacía falta, a mi parecer, intervenciones tan engominadas para describir cotidianidades tan insípidas.

Más aún, no ya la forma, sino algunos recursos de fondo debilitan el puente entre lector y lectura, creando cierta desazón en la complicidad y refugio lúdico que aquel busca encontrar en las palabras de Sánchez Rugeles. Haciendo esfuerzos por tomar en serio la historia, cuando al fin se nos hace cómplices y partícipes del ambiente distópico en el cual se desarrollan los eventos, nos encontramos, de repente, con viejas atropelladas, con borrachos que vomitan justo después de pregonar el “feliz año”, con hombres disfrazados de Winnie Pooh, con Chávez intercalado en pleno acto sexual, con un enano asiático que juega “Duck Hunt”, con metáforas rococó en donde las nubes son asemejadas a cúmulos de plastilina gris (la plastilina, cabe decir, es un recurso frecuente en la prosa), y con algunos “casi me da un ACV” cuando se intenta denotar una gran impresión. En suma, saltan descaradamente a la vista algunos lugares comunes expresivos, quizás con ínfulas humorísticas, que desconciertan al lector que gusta de la hermenéutica y del escudriñar las intenciones detrás de las palabras. “¿Está el escritor, éste muchacho, ‘echándome un cuento’ de manera informal, o es Sánchez Rugeles un escritor desenfadado, sencillo y transgresor, que desprecia las formalidades y que persigue la naturalidad realística en sus discursos?” –me preguntaba constantemente.

Pero sí hay madurez en el libro. Aunque pareciera avizorarse, no señalo como ejemplo el primer encuentro sexual entre Gabriel y Carla, concilio lascivo descrito en lenguaje voluptuosamente victoriano, altamente contrastante con la jerga promedio de la historia. No. El alto contraste del lenguaje empleado en la escena, quizás excesivo, hace más que evidente lo sublime que era para Gabriel Guerrero tomar a su amada, pero hace patente también una forzosa intención del autor para lograr este efecto. De nuevo, volvemos a lo que no ha cuajado, a lo literariamente juvenil. La madurez, la madurez real viene encapsulada en Fedor, en el indio Alirio, y en la anciana profesora Irene.

Me permitiré citar a Rugeles, a través del indio Alirio, acerca de ciertas consideraciones latinoamericanas que bien valen la pena compartir:

“¿Tú sabes cuál es el problema de América, Guerrero? El complejo. Somos unos acomplejados. Eso es todo. No es España ni los Estados Unidos quienes nos señalan y nos dicen: ustedes son mestizos y son brutos o ustedes son indios y son brutos. ¡No! Somos nosotros los que no nos tenemos fe, los que luchamos contra nosotros mismos. Los que no soportamos que uno solo de los nuestros tenga una opinión diferente, mucho menos éxito. No hay nada más intolerante contra un latinoamericano que otro latinoamericano.

Mira bien esta sala, Guerrero, he estado muchas veces en lugares así. Allá está el sociólogo chileno, más acá la antropóloga argentina, el educador mexicano, el documentalista brasilero, el periodista tico, el escritor colombiano. ¡Dígame estos! Los colombianos creen que la expresión agua tibia es una metáfora inventada por García Márquez. Le conozco los discursitos a todos, siempre dicen lo mismo. Esta gente sigue llorando porque Francisco Pizarro mató al sinvergüenza de Atahualpa. ¿tú ves a los japoneses llorando por Hiroshima y Nagasaki? Lamentablemente, en América Latina los políticos y académicos han hecho de la quejadera un paradigma. Esta gente sigue pensando que los responsables de los problemas contemporáneos, la pobreza extrema, la exclusión y la miseria son Hernán Cortés y Cristóbal Colón. Así lo enseñan en las escuelas; tras doscientos años de vida independiente a nadie se le ocurre asumir la responsabilidad.

Muchas veces, después de escuchar estas ridículas ponencias, me pregunto: ¿qué carajo tengo que ver yo con esta gente? ¿en qué me parezco a este argentino pedante, a este venezolano bruto, a este hondureño necio, a este colombiano prepotente? ¿Y sabes qué es lo peor, Guerrero? Que siempre encuentro algo en común y ese algo es, justamente, el complejo,la convicción de nulidad, la debilidad como principio, el saberte limitado por tu condición de vencido, el saber que, a menos que prive un criterio de eso que llaman discriminación positiva, perdimos el partido. Ya lo verás, seguramente lo harán el último día. Como cierre a estas jornadas de autobombo y lástima les encanta ofrecer definiciones de América. Ahí saltan de primeritos, emocionados, los sociólogos; son aficinados a la invención de lenguaje: ‘América latina es la periferia desterritorializada, la conciencia híbrida de un mestizaje y la naturalización del concepto de arraigo’. Luego saltan los poetas; este grupo es de lo peorcito, los tipos no se han enterado de que Pablo Neruda murió y, montados en esas tarimas, inventan cantos generales de inocencia, de culpas ajenas: ‘nosotros los latinos no partimos ni un plato, somos buenos, nos han jodido siempre, tico tico solorico’.

Y entre otros, los periodistas. Lo de los periodistas es una vergüenza, se sienten portadores de la verdad, todos se creen Kapuscinski, se la saben todas más una y les encanta explicarle a la gente cómo se ha de vivir. Yo, Guerrero, con humildad y modestia, sin afán de polémica, tengo una opinión muy personal sobre lo que significa ser latinoamericano. Puedo decírtela sin terminologías extrañas, sonetos forzados o recetas de vida. Es algo muy sencillo: ser latinoamericano es, simplemente, saber que en cualquier momento te pueden joder”.

Muy bueno.

En Rugeles hay mucho de denuncia, una necesidad, por un lado, de complacer su paladar artístico por lo decadente, oscuro, cruel, espeso;"La memoria, convertida en verbo, se conjuga en presente". -Sánchez Rugeles. y por otro lado, por hacer notar lo crudo de la realidad, insistir en desenmascarar, en apropiarse de inocencias, en hablar claro y sin omitir esputos. Esto también acusa a su juventud (a cierta rebeldía infante), pero también vislumbra su sentido crítico, la fermentación de sus ideas propias. Este escritor no quiere ser más un ingenuo, aunque, irónicamente, ocurre a una inconsciente ingenuidad al intentar zafarse de ello. Entre líneas, se puede notar cómo se acusa a la academia, a la doctrina agustiniana, a la clase media caraqueña, a los literatos innecesariamente enrevesados, a los filántropos de catálogo, al gobierno chavista, a las lesbianas neuróticas, a los ciudadanos venezolanos, a los latinos, a los libros y escritores de autoayuda. Incluso, a sí mismo. ¿O es que Gabriel Guerrero no se parece a Eduardo Sánchez Rugeles?

Una oda a la fatiga es el sobre abundante uso de las líricas y de las canciones: musicalización, además, orquestada por los nada sorpresivos Alejandro Sanz, Sabina, Calamaro y demás intelectuales de la poesía, solfeo y melodía. Barajeando esto sobre el mantel, aunado a la escritura desenfadada, “Liubliana” se convierte, pues, en una canción de Estopa, en un guión de un “Jesucristo Superstar”, en una telenovela. Pero es que, además, nos encontramos con que el libro cuenta con un “soundtrack”, en un afán de hacer de este relato una novela musicalizada. El proyecto, así visto, torna una inusitada originalidad, pero definitivamente, pues, se certifica que la novela no es capaz de ahincar por sí sola sus colmillos, ávidos de crudeza, en el espíritu sensible.

Con la tonalidad de un buen prospecto para montaje teatral, “Liubliana” puede aprovechar a sus bien trabajados personajes para tal fin. Todos los actores lucen congruentes, consecuentes, con historias que les calzan. Solo podría denotar cierta falta de sustento en los ataques esquizofrénicos de Gabriel, que de suyo avisa su locura, pero cuando la misma llega, llega de sopetón, y cuando se va, se va de sopetón también. Sin embargo, cuando Elena le advierte, en plena discusión conyugal y lacerante, que “le echará a los perros”, ¿hay un coqueteo con la esquizofrenia en ese momento? ¿Son perros irreales los de esta advertencia? Si es así, pues fue un detalle maravillosamente logrado. También, el indio Alirio desaparece de la trama sin más, sin disimular entonces su participación como denunciante, sin esconder la excusa de su creación como marioneta del sentido crítico, cuyo titiritero es el autor.

Mención especial le merece el funeral de la Nena. Que los “inservibles” del Inírida hayan sido los que cargan el ataúd de la madre (sin dejar de notar el pantalón grasiento del “mongopavo”), ha sido un magistral toque irónico imbuido por Sánchez Rugeles, al mismo tiempo de una clara denuncia a los prejuicios pendejos de la clase media urbana. Muy bien.

En “Lubliana”, la inmoralidad no convence. El “baño de oro” es desproporcionado para un personaje como Gabriel Guerrero, y el incesto de dilatada data no podía desatar pesares en un Alejandro y Carla tan tardíos. Del desarraigo, de la melancolía, del exilio… de todo esto, hemos quedado claros. Gabriel grita, cual Rilke, “la patria es la infancia”. No hay duda de ello. Por eso, con las manos femeninas tapándole los ojos, le es válido dejarse ir en el puente de los dragones; sin apego a Santa Mónica, sin apego real a Liubliana, sino con dogmática adherencia a un sentimental “¡ganamos!”, coreado por una cofradía de manganzones felices e inocentes.

Pero, ¿qué va a saber un ingeniero de estas cosas?






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domingo, 25 de septiembre de 2011

"LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DÍAS" - JULIO VERNE. Comentarios.


Hay maravillosos momentos en el devenir de la literatura en los que la experiencia se combina gratamente con la técnica, con la creatividad, con la oportunidad y con el talento. Toma de un niño compulsivamente curioso su apetito cultural; encáusalo en la geografía, en las letras, en los saberes, en el mar y en la libertad. Que el jovencito crezca feliz y con mirada brillante, hágale escribir, aproveche cuando llegue la madurez de su espíritu, incítele, y obtenga un clásico como “La vuelta al mundo en 80 días” de un Julio Verne.

   Las peripecias de Phileas Fogg y Passepartout fueron expresadas en la madurez literaria de Verne, pero, a pesar de que esta sea la opinión común, es menester decir que aún se puede sentir entre líneas cierta candidez y chasta cierta fragancia naïve. El niño Verne está escondido ahí: detrás de cada conclusión feliz, detrás de cada conflicto resuelto, detrás de cada heroísmo, e incluso en el afluente mismo de la novela; cuya culminación, según éste que suscribe las presentes líneas, hubiera sido perfecta justo cuando Fogg le cierra la puerta en la cara a su sirviente para quedarse a solas con Aoda. Las demás palabras garabateadas en son de remate, sobran.

   En contra de tales ideas, muy bien se pudiera argumentar la textura decimonónica en la que se desenvuelve el relato, y sobre todo, en la que vive Julio Verne. Y razón no falta, pues mucha inocencia era patente aún por aquellos días. No obstante, el ser humano ha sido complejo siempre, y no calza, por ejemplo, en la cuadratura que Verne le ha dado a Fogg ni al buen Passepartout. ¿Cómo se explica, rasgando lo primero que viene a mente, que el frío, calculador e imperturbable Phileas Fogg haya sido un marinero? ¡Y uno experto ante oleajes bravíos, además! Verne tenía experiencia como navegador, lo cual multiplica la perplejidad que causa el asunto.

   Y de expertos bucaneros que de alguna manera se vuelven millonarios, metódicos y flemáticos, también queda la angustia de un Passepartout que, a despecho de ser francés, se descarga en él toda la juventud y pasión que le falta al primero. ¿Búsqueda de un balance, quizás? De acuerdo. Pero el balance existe también en ese árbol de contrastes que echa raíces en el interior de todas las personas. En pocas palabras: no hay personas lineales. Personajes lineales, tampoco debería.

   Que se opine, empero, que precisamente ese doble juego con Phileas Fogg sea indicio del árbol de contrastes referido, solo Hay un niño escondido detrás de cada pequeña victoria en el relato.prepara otra observación. Como ya se ha dicho, no hay espíritus lineales en el mundo, pero por otro lado, al experimentar con este hecho, con esa no-linealidad, tampoco es válido realizarlo con saltos, con tonos discretos, con teclas de piano. Se es blanco y negro, se es bueno y malo, racionalista e impulsivo; todo a la ves, sí, pero de una cima no se salta a la otra, sino que más bien se transita por el valle que separa a las dualidades. Muy bien, Phileas Fogg no pudiera ser un personajes lineal, pero entonces hay que reconocer que carece de transición, de continuidad. No se puede ser marinero y una máquina humana de racionalización de golpe.

   Otro asunto bien curioso es la descripción, casi peyorativa, que Verne realiza de los estadounidenses, o “americanos” –valga el eufemismo. Un territorio en dónde todo puede pasar, en donde los problemas son resueltos a puñetazo y disparos, es la impresión que deja el autor al trazar el retrato de la Norteamérica de finales del siglo XIX. Y quizás no le falte razón, pero se siente la ya clásica afincada del francés contrariando el estilo de vida americano. Aún siendo así, se ha de asentir con Verne ante las evidencias históricas de la barbarie estadounidense. Fue verdad. Por cierto, ¿todavía lo será?

   Pero entre todo esto, abunda la aventura y el humor. Resulta muy difícil no sonreír mientras se lee el relato, sobre todo ante las variopintas sorpresas que le suceden al buen Passepartout y ante las enrevesadas elucubraciones del agente Fix. Lo hilarante de algunos episodios y la adrenalina que otorga la curiosidad de saber cómo se desarrollará (más no cómo terminará) la historia es el verdadero enganche de este Julio Verne de estilo rococó.

   Y es cuando se llega al final de la narración que se adivina porqué ese niñito escondido en Julio ha decidido escribir tal historia. Es la admiración hacia la ciencia, el móvil de todas sus novelas, la que no hace excepción en este relato. Y así, explicando cómo es que se puede ganar un día más en nuestro calendario si se recorre el planeta sin descanso en dirección oriente, justo así, es que Verne se siente finalmente satisfecho con la obra. Casi se le escucha envainar la pluma en el tintero una vez culminada esa idea.

Cordiales saludos.





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miércoles, 5 de enero de 2011

"LA GENEALOGÍA DE LA MORAL". F. NIETZSCHE. Comentarios.


"L
a Genealogía de la Moral” es si se quiere uno de los libros más académicos de Nietzsche. La misión en esta obra es remontarse a los principios mismos del hombre a comienzos de su prehistoria, analizando en la medida de lo posible el surgimiento de la ética en aquel ser más animal que humano, y explicando el posterior desarrollo de la misma a lo largo de los siglos hasta la época actual. Para conseguir tal objetivo, Nietzsche se vale de toda su experticia, utilizando como herramienta la fisiología, la historia, la psicología y la filología. De hecho, es por medio de esta última que consigue las claves más contundentes para realizar luego sus aseveraciones.

El libro está divido en tres tratados, comenzando por el origen de la moral y la explicación de la moral actual como reflejo de un resentimiento de los débiles, continuando con el origen de la responsabilidad, la culpa y el pecado; para terminar con el tratado más extenso, en el que revela el surgimiento, desarrollo, consecuencias y final de los ideales ascéticos.


En efecto, los dos primeros tratados, aunque concentran una información relevante, fungen sobretodo de introducción o preparación del terreno para el último, cuya importancia es tan grande que deriva en un nuevo problema para la filosofía. El primigenio animal-hombre, fuerte, terrible, independiente, dueño de sí mismo, inocente en sumo grado, incluso sin una inteligencia profunda, no siente inquietudes acerca de la bondad o la maldad. La naturaleza le ha hecho así y él no lo desaprovecha ni lo razona demasiado. Deja brotar su capacidad, su voluntad, su voluntad de poder; esto es, permite tomar para sí lo que desea, sin limitaciones y en completa congruencia con su habilidad y fuerza. Para eso ha nacido y es feliz. Prácticamente no hay cuestionamiento ético, incluso es bastante probable que el concepto “moral” o “ética” ni siquiera existiera en aquellas pequeñas comunidades prehistóricas de cuasi humanos fuertes.


De cuestionarse alguna vez alguna idea impregnada de bondad o maldad, esta raza llena de vida y fortaleza no recurre a ningún patrón externo, sino a sí mismos. De forma simple, pero congruente, lo bueno es, para ellos, todo lo que ellos hacen o piensan. Las mejores virtudes están embebidas en los que para ellos ha de tener ciertamente mucho valor: la fuerza, el orgullo, la capacidad, el poder, la dominación, la felicidad, la voluntad, la independencia, la salud, la fecundidad, el caos, la guerra, la superioridad, lo dinámico, lo vivo, la vida. De esta manera, lo no correspondiente, en contraste, con sus ánimos, salud y espíritu es denominado como malo. Por otro lado, los no favorecidos, los débiles, poco pueden hacer ante la fortaleza de los individuos superiores, y se entreteje entre ellos un resentimiento espiritualizado, una venganza que al no poder desahogar de forma física, es de la conciencia. Superiores en número, necesariamente más inteligentes, y desarrollando una moral paralela a la de los nobles y fuertes, extraen un canon ético no de sí sino de sus señores (a modo de retaliación), invirtiendo los valores de éstos. Se torna mal visto entonces todo lo elevado y superior, todo lo rico y orgulloso de sí; la compasión, la pobreza, la debilidad, la humildad, el caminar cabizbajo, la modestia, la mesura; todo lo que impone una decadencia en la fuerza de la vida, resulta la mayor virtud e ideal.


Nietzsche explica que este proceso se lleva a cabo con el incremento de la conciencia en los individuos, el cual nace cuando el animal-hombre debe sublimar sus instintos más fuertes ante su adaptación a la sociedad (adaptación que le exige, de alguna manera, la evolución). Cuando este animal casi humano está impedido de su voluntad de poder, imposibilitado de expresarse hacia fuera en toda su naturaleza, imprime toda su crueldad y fuerza hacia sí mismo. Se convierte, por tanto, en el primer y único “animal enfermo”, el animal que con el tiempo no solo es el que soporta más el sufrimiento entre todos los animales de la tierra juntos, sino que es el único que lo anhela en las etapas tardías de su civilización.

En el hombre temprano, el reblandecimiento de los fuertes a causa de la moral de los bajos y de una vergüenza del hombre por el hombre, y la negación de los instintos y ese destrozar e impedir internos, lleno de contrastes, problemas, amarguras, comparaciones y conflictos; llevó a la conciencia a estadios más grandes. No solo eso, sino que fue el origen de la mutación del concepto de responsabilidad en culpa. Y de la culpa faltó poco ya para la mutación hacia el concepto de pecado.

Con ese sufrimiento interno, miles de años después, imposible de categorizar y expulsar, y con destellos (de hecho mucho más que destellos…) de aquella crueldad primigenia que tanto celebraban aquellos animales-hombres; el humano domesticado llega inevitablemente a lo que Nietzsche llama el “ideal ascético”. Este ascetismo pude tornarse diferente en forma y fondo dependiendo del individuo y su ánimo. El ideal ascético encierra una concepción diferente para los artistas, los filósofos, las mujeres, los débiles y los sacerdotes. Todos, en apariencia, recurren a la expiación o redención de su sufrir por medio de una especie de negación (superficial) de la vida. Lo hacen a través de un apartarse, de una soledad, de una privación, de un ayuno de los instintos. Pero lo más importante de todo esto no es qué tanto o cómo se privan de la realidad que intentan negar, sino la fuerza con la cual lo hacen.

La paradoja de negar la vida con una intensidad realmente viviente es a dónde quería llegar el autor con esta obra. En el caso especial del sacerdote, el maestro por excelencia del ascetismo y del nihilismo, el desarrollo histórico de los eventos ha desentrañado algo realmente Del nihilismo extremo nace una nueva afirmación a la vida: el fin de Dios.impresionante. Con esa intensidad paradójicamente negadora, y bajo la idea de la verdad absoluta, la doctrina sacerdotal ha degenerado a los individuos a los límites de la decadencia de la vida. No obstante, en ese camino estos individuos, supremamente escrupulosos, supremamente amantes de la verdad en sí, negadores de todo, quirúrgicos en sus aceptaciones, terminaron elevando el nivel de la búsqueda de las verdades a una pulcritud tal que ya los dogmas religiosos no estuvieron exentos de su minuciosidad. En efecto, y por increíble que parezca: el más severo nihilismo y la más rigurosa escrupulosidad del saber, a través de la doctrina cristiana impuesta por el sacerdote y sus métodos ascéticos, derivó en la muerte del cristianismo mismo. Los dogmas de fe ya no son suficientes y resultan estancados en el tamiz del ascetismo agudo. Todo el puritanismo racional, o analizando más a fondo, la obsesión de la verdad en sí, desembocó inesperadamente en la obsolescencia de las doctrinas sacerdotales y en el escepticismo ante los dioses. He aquí por qué “Dios ha muerto, y ha muerto de compasión por los hombres. Los hombres le hemos matado.” El sacerdote asceta ha proveído la herramienta de su propia destrucción.


Esta obra es rica en referencias literarias, así como también resulta clara en explicaciones a la vez de densa en sus conclusiones. No escasean, como es costumbre en otras obras de Nietzsche, las críticas fuertes, en especial hacia Wagner. Sin duda es una libro crucial para entender no solo el surgimiento de la moral, la conciencia, el alma, los dioses, la culpa y el pecado, sino que constituye además una base sólida para arrojar la mirada hacia la nueva aventura del hombre y hacia el cuestionamiento legítimo de la verdad como supuesta meta.


Muchos saludos.





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viernes, 10 de diciembre de 2010

"LA REPÚBLICA". PLATÓN. Comentarios.


E
ntre la fecunda obra concebida en la madurez de Platón, “La República” es uno de aquellos escritos que deberían ostentar alguna posición no solo en filosofía sino también en los ámbitos estéticos. Es difícil no elevarse, como si de una literatura hecha arte se tratase, al deambular por las líneas escritas por Aristocles (Platón), y casi comulgar con la idea de la existencia un bien inmanente y absoluto, de donde el cual provenimos y hacia el cual deberíamos dirigirnos.

Mucho de la belleza, de la verdadera belleza, se encuentra impregnada en los textos de esa otrora Grecia de oro, y la herramienta que usa Platón en este libro para elevar al lector es la dialéctica; la cual a su vez constituía un arte sublime para acometer las conversaciones y razonamientos por aquel entonces. Sócrates, a través de un Platón ventrílocuo, hace un uso excelso de dicho arte, y hace ver lo basto, tosco y lleno de bruzas que pueden ser las comunicaciones y el arte de la palabra en tiempos actuales.

“La República” es un tratado compuesto de 10 libros, a lo largo de los cuales la idea principal es la justicia. Sócrates, como custodio de tal virtud, se ve acorralado por algunos de sus más elocuentes amigos, defensores de las (aparentes) ventajas que obtiene la gente cuando se obra injustamente; e inquirido a explicar el porqué de su “romántica” posición, argumenta lenta y didácticamente el porqué la justicia y la idea del bien es la mejor opción en esta vida y en la próxima. Sorprendente es cómo en este devenir, Sócrates parte de lo más simple en el hombre, es decir, de sus necesidades más básicas como el hambre y la seguridad, para terminar en una majestuosa república concebida (a sus ojos) perfectamente.

En ese elocuente trayecto se nos intenta demostrar, no sin estar exento de mucha ingenuidad pero con mucho de verdad también, que una sociedad perfecta es aquella que resulta de la extrapolación de los hombres perfectos que la componen. Dividiendo en términos rasos, si se quiere, a los ciudadanos en artesanos y obreros, guerreros y filósofos, una perfecta república debe ser la manifestación de las tres partes fundamentales de cada persona, a saber las pasiones, la templanza y la razón. Es sencillo adivinar que así como es beneficioso guiar la conducta por medio de la razón, será beneficioso, en esta república platónica, que el Estado esté guiado por filósofos.

El contenido es rico en diversidad de argumentos que mantienen una lectura activa, de mitosLa república perfecta es la extrapolación de un hombre dominado por la razón. y fábulas explicativas, de referencias, lisonjeos y críticas a Homero, de modelajes pitagóricos, de la sempiterna idea metafísica de Platón del paralelo mundo de las ideas, y por supuesto, como ya se ha mencionado, de mucha belleza oratoria. Extractos famosos de este gran libro son el Mito de la Caverna, la Fábula de Er (que explicita la cosmogonía griega en la metafísica), y el increíble cálculo matemático de cuán alejado se puede estar de la verdad, que establece, por cierto, que un tirano está 729 veces más distante del bien verdadero que un monarca filósofo.

Encomiendo su lectura como obligatoria en todas las aulas de clase. Este tipo de libros ennoblece el alma, aún prescindiendo de la inocente idea de la inmanencia del bien. No es una fe, sino la razón, la que guía, aunque a veces de forma especulativa, todo el hilo argumentativo de la obra. No solamente deriva en un buen sabor ante el paladar de lectores diestros en el oficio del pensar, sino que en ojos actuales, en medio del panorama que ahora nos embarga, “La República” en particular sería de alto provecho, en son de abrir el entendimiento ante los gobiernos democráticos (eufemismo de primitivos), elevando la conciencia mucho más allá de los fundamentalismos demócratas, y dándole su justa medida a estas concepciones políticas atrasadas y tan solo mejores, si acaso, que las tiranías y dictaduras.

Muchos saludos






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sábado, 27 de noviembre de 2010

"EL LIBRO DE ENOC". Comentarios.


E
l evangelio según Enoc es un libro intertestamentario que, aunque proclama de sí mismo haber sido inspirado por Enoc (séptima generación desde Adán) en los primeros tiempos de la humanidad, fue escrito en realidad entre los 200 años antes del nacimiento de Cristo. Es una recopilación predominantemente apocalíptica, pero es mucho más que un libro profético.

Este evangelio no está en la Biblia porque en el Sínodo de Leodicea, entre el 363 y 364 de nuestra era, fue excluido “por no estar inspirado por Dios”. Sin embargo, la Iglesia Copta (que es una iglesia basada en el evangelio de San Marco, que operaba desde el siglo I en Egipto) sí lo acogió como propio.

En realidad, en contraste con los evangelios gnósticos, como el Evangelio de Judas Iscariote por ejemplo, el Evangelio de Enoc es bastante cercano al Canon Bíblico. La personalidad del dios que suscribe es enteramente fiel al dios del Antiguo Testamento, además de que a través del libro se remite constantemente a eventos claves en la mitología judeo-cristiana, como la caída de los ángeles, la aparición de los Nefilim (hijos gigantes de los ángeles con mujeres humanas), el diluvio universal, la llegada del Mesías, el fin de los tiempos, entre otros.

El evangelio es mucho más que un libro profético, porque a diferencia de todos los demás libros bíblicos, da una imagen detallada de cómo es el Cielo, algunas zonas del Infierno, e incluso de lo que pudiera pensarse (de forma errónea o no, de acuerdo al dogma de preferencia) como el Purgatorio. Sólo el Apocalipsis de San Juan se le aproxima, empero, con no tanto lujo descriptivo; aunque es importante decir que existe también mucha congruencia entre ambas exposiciones del más allá. Además, relata cómo será la historia entera de la humanidad, dividiéndola en semanas (metafóricamente hablando), hasta el mismo fin de los tiempos.

Este libro es una fuente rica en cuestiones curiosas y realmente interesantes acerca del dogma judío y cristiano. Por ejemplo, los arcángeles, dentro del relato, conversan entre ellos demostrando un perfecto libre albedrío en sus palabras. De hecho, ante la aparición de los Nefilim en la Tierra y del caos ocasionado por los ángeles caídos, los arcángeles, observando desde el Cielo, se dirigen al mismísimo Dios de la siguiente manera, con una duda muy inteligente y legítima:

"Pero tú que conoces todas las cosas antes de que sucedan, tú que sabes aquello, tú los toleras y no nos dices qué debemos hacerles al observar eso". (1 Enoc 9:11)

La respuesta de Dios se reduce a dar instrucciones a los arcángeles, para que le informen a Noé la proximidad del Diluvio, en son de limpiar la Tierra. Asimismo, les autoriza castigar a los ángeles caídos, encerrándolos en oscuridad absoluta y sufrimiento, hasta que les toque aguardar por el castigo eterno del Infierno. Con respecto a los Nefilim, Dios dio instrucciones para que se fomentara la guerra entre ellos mismos. Tal vez una respuesta más acertada hubiera sido revelar el por qué si como Dios sabía de todos estos acontecimientos de antemano, los permitió y luego tuvo que castigar…

Lo más impresionante del Libro de Enoc es el detalle con el cual no sólo describe ciertas locaciones del Cielo, sino también el lugar en donde reside el mismísimo Dios. En el contexto del relato, Enoc se encuentra en esos lugares en calidad presencial en ocasiones, y en otras oportunidades a duras penas puede captar los lugares más importantes con visiones (como por ejemplo cuando solamente le es revelada la descripción del trono de Dios por medio de una visión en un sueño).

El Cielo se torna, bajo este libro apócrifo, en un lugar en donde coexiste el Paraíso y las antesalas del Infierno. El infierno propiamente dicho no existe aún para cuando Enoc comienza sus descripciones. Lo que sí hay, empero, son ciertas locaciones en donde los impíos y los ángeles caídos son retenidos para esperar el Día del Juicio. Dichos lugares, no obstante, no están exentos de sufrimiento, lamento y oscuridad.

El lugar en donde reside Dios es un lugar de tono surrealista que a través de las palabras de Enoc se describe así:

“Esto me fue revelado en la visión: He aquí que las nubes me llamaban, la neblina me gritaba y los relámpagos y truenos me apremiaban y me despedían y en la visión los vientos me hacían volar, me levantaban en lo alto, me llevaban y me entraban en los cielos.

Entré en ellos hasta que llegué al muro de un edificio construido con piedras de granizo, rodeado y cercado completamente con lenguas de fuego que comenzaron a asustarme. Entré por esas lenguas de fuego hasta que llegué a una casa grande construida con piedras de granizo cuyos muros eran como planchas de piedra; todas ellas eran de nieve y su suelo estaba hecho de nieve. Su techo era como relámpagos y trueno y entre ellos querubines de fuego y su cielo era de agua. Un fuego ardiente rodeaba todos sus muros cercándolos por completo y las puertas eran de fuego ardiente.

Entré en esta casa que era caliente como fuego y fría como nieve. No había en ella ninguno de los placeres de la vida. Me consumió el miedo y el temblor se apoderó de mí. Tiritando y temblando caí sobre mi rostro y se me reveló una visión:

He aquí que vi una puerta que se abría delante de mí y otra casa que era más grande que la anterior, construida toda con lenguas de fuego. Toda ella era superior a la otra en esplendor, gloria y majestad, tanto que no puedo describiros su esplendor y majestad. Su piso era de fuego y su parte superior de truenos y relámpagos y su techo de fuego ardiente. Me fue revelada y vi en ella un trono elevado cuyo aspecto era el del cristal y cuyo contorno era como el sol brillante y tuve visión de querubín. Por encima del trono salían ríos de fuego ardiente y yo no resistía mirar hacia allá.

La Gran Gloria tenía sede en el trono y su vestido lucía más brillante que el sol y más blanco que cualquier nieve; ningún ángel podía entrar o verle la cara debido a la magnífica Gloria y ningún ser de carne podía mirarlo. Un fuego ardiente le rodeaba y un gran fuego se levantaba ante Él. Ninguno de los que le rodeaba podía acercársele y multitudes y multitudes estaban de pie ante Él y Él no necesitaba consejeros. Y las santidades de los santos que estaban cerca de Él no se alejaban durante la noche ni se separaban de Él.

Yo hasta este momento estaba postrado sobre mi rostro, temblando y el Señor por su propia boca me llamó y me dijo: "Ven aquí Enoc y escucha mi Palabra". Y vino a mí uno de los santos, me despertó, me hizo levantar y acercarme a la puerta e incliné hacia abajo mi cabeza”. (1 Enoc 14: 8-25).

De hecho el Cielo mismo tiene un límite, y a pesar de que ciertas locaciones oscuras y estériles se encuentran en él, hay un lugar en especial en donde hay un “desierto terrible”, en donde nada viviente entra, ni el firmamento existe, ni hay cimientos de tierra, ni la oscuridad es evitable. Es el confín del Cielo y la Tierra, y ríos de fuego se pierden en sus adentros. Según le fue revelado, Enoc explica que este lugar es la “prisión de las estrellas y de los poderes del cielo”, los cuales alguna vez desobedecieron a Dios.

Hasta el propio espíritu de Abel se encuentra en un foso oscuro y profundo, clamando y acusando a los cielos por justicia, hasta que la extirpe de Caín sea eliminada de los hombres. Así de impactante y revelador es dicho texto. Quizás por ello, por impactante, no fue aceptado por los ecuménicos católicos.

En la fase mesiánica del escrito no hay mucha diferencia con otros textos bíblicos y proféticos, en donde se vaticina el Día del Juicio sobre los pecadores, los injustos, los poderosos e incluso sobre los ángeles perdidos. Sin embargo, no sólo se describe con cierto detalle cómo será el castigo de estos ángeles (o “Vigilantes”, según el libro), sino que uno de ellos es la serpiente que tentó a Eva en el Edén. En efecto, esa serpiente tiene un nombre, el cual es G’adri’el. Del texto se infiere que ese ángel de alguna manera se transformó en la serpiente del pecado original, lo cual tiene consecuencias muy interesantes. La más importante consecuencia es que Luzbel, a quien se le atribuye toda la maldad, no fue el artífice de este hecho del Génesis. Cabe preguntar entonces: ¿Cuántos satanes podrían haber entonces? O mejor dicho, ¿quién de todos ellos es el verdaderamente malvado? Un interesante artículo que sostiene una hipótesis al respecto se encuentra en la siguiente vía:

"La primera mentira y el origen del mal"

Luego sobreviene una fase apocalíptica propiamente dicha. Enoc revela de una manera muy metafórica cómo ha sido, es y será el pueblo de Israel hasta el final de los tiempos. Curioso Enoc describe el Cielo a detalle.es que revela que aún después de la segunda venida del Hijo del Hombre, en el futuro, habrá un nuevo nacimiento que colmará de regocijo a la divinidad. ¿Un nuevo comienzo? ¿Un nuevo Mesías? ¿Un nuevo patriarca? Parece que la mitología judeo-cristiana se extiende hasta los confines del futuro, mucho más allá de los castigos proféticos de los juicios divinos, cuestión que consta adicionalmente en la parte final del libro apócrifo. Es en dicha parte que Enoc describe cómo ha sido, cómo es, y cómo será la historia de la humanidad, desde sus inicios hasta el Día del Juicio, a lo largo de 10 semanas metafóricas.

Las semanas en el contexto son períodos de tiempo que parecieran durar 600 años aproximadamente, sin que nada indique que cada una de ellas tenga una duración equitativa. En el texto, por ejemplo, en la cuarta semana, se alude directamente a la entrega de los 10 mandamientos a Moisés:

"Luego, al terminar la cuarta semana, las visiones de los santos y de los justos aparecerán y será preparada una ley para generaciones de generaciones y un cercado”. (1 Enoc 92:6).

Jugando un poco con la historia del pueblo de Israel, y si se consideran algunos cálculos exegéticos, Moisés recibió estos mandamientos aproximadamente en el 1200 A. C. En la sexta semana del relato, se menciona el ascenso de un hombre al Cielo, lo cual haría sospechar de Cristo (con el perdón de los judíos que el comentario amerita). Pues bien, habrían pasado 2 semanas equivalentes a 1200 años. Suponiendo una duración igual para cada una y que además la figura de Jesús tiene la relevancia de la que se sospecha, cada semana equivale a 600 años. En la décima semana es que se realizaría el Juicio Eterno, con lo que se podría estimar que el año aproximado para eso sería 3600 D.C. Malas noticias para los pregoneros de un final inminente.

Tal y como se ha mencionado en líneas anteriores, el Libro de Enoc es un texto apócrifo sumamente interesante desde los puntos de vista histórico, cabalístico y religioso. De los libros apócrifos muy bien podría opinarse que es el más impactante, y que sus ricas descripciones y las consecuencias que de ellas se derivan podrían dejar una marca honda en cualquier persona que desee ahondar en sus dogmas. Y por supuesto, someterlos a debate.

En ocasiones, lo que se expresa es muy importante, pero lo que se deja de expresar resulta más interesante todavía. Tal es la situación con la Biblia y los libros apócrifos, como el Libro de Enoch.

Muchos saludos.





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martes, 9 de noviembre de 2010

"EVANGELIO DE JUDAS". PASSER, MEYER, WURST. Comentarios.


H
ace algunos años paseaba alrededor de los anaqueles de una tienda libros cuando de repente uno llamó poderosamente mi atención. El título pregonaba que el contenido era el Evangelio según Judas Iscariote, frase que inmediatamente tuvo un contraste de polo a polo en mi mente. ¿Cómo el mancillado honor de Judas Iscariote puede comulgar con algo tan santo como lo es la autoría de los evangelios de la Biblia? Con el tiempo aprendí que ese impacto era un prejuicio cultural.

Y como prejuicio cultural al fin y al cabo, tuve mis reservas. Tomé el libro, lo ojeé rápidamente sin leerlo, y lo que me decidió definitivamente a comprarlo fue que la casa editorial era nada más y nada menos que la National Geographic. Parecía literatura seria, y le di entonces una oportunidad.

Es menester un breve contexto histórico. En el año 1970 unos pastores encontraron un códice escondido en unas cavernas en las cercanías de El Minya, en Egipto. El códice, bautizado como Códice Tchacos, contenía varios manuscritos que datan del siglo III D.C., entre ellos el Evangelio según Judas Iscariote, texto religioso que provino de la corriente gnóstica de los primeros cristianos. El manuscrito conseguido es una copia de manuscritos mucho más antiguos, y la referencia más lejana de este evangelio está en las notas del Arzobispo de Lyon, Ireneo, del año 180 D.C, más o menos la misma época en la que se escribieron las Cartas de San Pablo. Por eso se dice que el Evangelio de Judas es intertestamentario.

El manuscrito es auténtico, cuestión que el libro te explica luego de exponer a modo de introducción que los fragmentos, aunque deteriorados, fueron evaluados por el proceso de carbono radioactivo, análisis de tinta, análisis paleográfico y análisis de imagen multiespectral.

En este evangelio Jesús toma un protagonismo sin igual y bastante particular, en lo relativo en los evangelios aceptados en el Canon Bíblico. Aquí no abundan las parábolas, sino que es el mismo Jesús hablando directamente, sin metáforas, sin analogías y sin aforismos. Al mismo tiempo, el protagonismo se enfatiza en la cantidad de diálogos proferidos por dicho personaje, los cuales constituyen casi la totalidad del libro.

¿Alguna vez, estimado lector, se ha preguntado si Jesús, sabiendo que iba a ser crucificado, sabiendo que debía ser sacrificado, por qué no se entregó el mismo? ¿Se ha preguntado también cuál es el valor del sacrificio si se tiene la certeza de la vida eterna, de la resurrección? Pues en este libro se despeja el panorama claramente respecto a estos tópicos. Jesús explica que de todos los apóstoles, Judas Iscariote es el que más le entiende, es el más profundo de todos ellos. Judas es versado entonces por su maestro en los secretos que ninguno de los demás apóstoles podían entender. Aún más…

Desde la perspectiva religiosa judeo-cristiana,¿Cual es el sacrificio más valioso? Sacrificar a tu dios.el sacrificio ha sido una poderosa simbología de alabanza a Dios y de influir en el futuro de la humanidad. Caín y Abel ofrecían sus mejores frutos, sacrificando lo mejor de su sustento, los personajes de la línea abrahámica ofrecían holocaustos sacrificando sus mejores corderos. A lo largo del historial bíblico observamos cómo se sacrifican hasta los primogénitos. El sacrificado recibe entonces, en la medida de su sacrificio, una recompensa divina proporcional. En este contexto, ¿qué es lo más valioso para un apóstol que se pueda sacrificar? Pues sacrificar a su propio dios. El honor de ello se lo concedió el mismísimo Jesús a Judas, su mejor discípulo.

Esto le da una nueva visión a la historia que todos conocemos. Judas ya no es el traidor, sino el apóstol que tuvo el honor de cumplir con la misión que Jesús le encomendó. Fue el elegido, y esto de pronto cobra cierto sentido, pues, ¿no es especial, de alguna manera, aquel que tuvo que inmolar a Jesús? ¿Por qué Dios elegiría a Judas Iscariote y no a algún otro de los apóstoles?

No solamente esto ha sido lo novedoso dentro del manuscrito. Jesús habla elocuentemente acerca de los “eones”, no en el contexto de entenderlos como espacios de tiempo increíblemente largos, sino más bien como entidades espirituales muy avanzadas, con las cuales él se identifica. Jesús pues, no resulta ser el único en su tipo, según el documento.

Este impresionante libro procura ser muy serio, y hay secciones que simplemente están en blanco por no poder recuperarse de los fragmentos originales. El lector muy bien pudiera dejar de entender párrafos enteros, pero tendrá la absoluta certeza de que lo que sí puede leer ha sido perfectamente fidedigno y bien traducido. En afán de ampliar la cultura histórica acerca del cristianismo primitivo, de las censuras de las primeras iglesias, y del rico campo de conocimiento teológico que va ampliándose y reestructurándose cada vez más ante los nuevos descubrimientos, el Evangelio de Judas resulta un libro obligatorio.

¿Qué tan equivocado se puede estar en una fe?

Muchos saludos.





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miércoles, 3 de noviembre de 2010

"LECCIONES PRELIMINARES DE FILOSOFÍA". M. G. MORENTE.



M
anuel García Morente se me antoja un maestro. Un gran maestro. Revisando su biografía no solo no faltan las flores hacia su excelente capacidad oratoria y didáctica en las clases que daba en las universidades alemanas y españolas, sino que a través de su libro “Lecciones preliminares de filosofía” uno puede constatarlo fácilmente. En una suerte de “Un mundo para Sofía”, pero un poco más profundo y serio, este libro es excelente.

La obra consta de 25 capítulos, en los que se describe la larga excursión de la filosofía de la humanidad, desde los pensadores pre-socráticos hasta los autores más representativos de la filosofía contemporánea como Heidegger y Ortega y Gasset. El libro se publicó en 1938, así que evidentemente hay que tomar eso en cuenta.

Como el texto es esencialmente didáctico (sin que García Morente deje de expresar sus opiniones por ello), más vale leerlo de principio a fin, sin saltos, sin dejarse cautivar ingenuamente por la división por capítulos. Todo está perfectamente enlazado, y cada escalón previo es justo y necesario. El trabajo en sí nos muestra los comienzos del Realismo, su desarrollo, su máxima cumbre, y su caída para darle paso a esta segunda etapa que comenzó con el padre de la filosofía moderna, Descartes; etapa que llamamos Idealismo. Asimismo, con el Idealismo narra, con excelsa soltura y claridad, los comienzos de este renacer, su desarrollo y su máxima cúspide en Kant. Al final, en el último capítulo, el relato nos sorprende con la tercera evolución de la filosofía, la cual apenas comienza…

Manuel García Morente

García Morente hace uso de una facultad didáctica explicativa increíble, y a lo largo de esta “excursión filosófica” (como él mismo gusta en llamarle) su forma de hilar los pensamientos es muy cuidadosa, fraternal, esmerada en tratar de elevar el entendimiento del tema en el lector. Se caracteriza en toda la obra por un espíritu diáfano mientras discurren las lecciones, aunque es ciertamente contundente cuando critica y da su opinión. En dos ocasiones en todo el libro fui testigo de ello: por un lado, García Morente (y estimo que el sistema académico filosófico mundial) establece que la filosofía, en rigor, comienza verdaderamente en Grecia, con los pre-socráticos. Sin afán de sesgo hacia la cultura oriental, se explica al lector que todo el sistema de conocimientos orientales antes de la Antigua Grecia es eso, conocimiento, sabiduría, cultura, tradición, incluso profundidad intuitiva; pero no es filosofía. Las razones de tal aseveración son justamente aclaradas en el texto. La segunda crítica es hacia los filósofos monistas (modernos) los cuales no gustan de dividir la ontología tal cual como se hace ahora. También la crítica hacia ellos se explica entre páginas.

García Morente hace un par de críticas en su libro, y yo también le deparo un par hacia él. A pesar de que el libro me ha encantado, es evidente que la línea que sigue para narrar los eventos más importantes de la filosofía en la historia de la humanidad está dada por las grandes figuras filosóficas del teísmo. En ese largo viaje, figuras como Parménides, Platón, Aristóteles, San Agustín, Tomas de Aquino, Descartes,. Locke, Berkeley, Leibniz, Kant, Ortega y Gasset; todos ellos, sustentan la metafísica (o parte de ella) en Dios. Por supuesto, esos dioses son muy distintos para cada uno de los personajes mencionados (incluso contradictorios entre sí), pero fue algo viciado el hecho de que sólo Hume figura como el único filósofo ateo. ¿Por qué el autor sigue la línea histórica-filosófica de esta manera? Muy sencillo: era sacerdote. Por fortuna, en el último capítulo es capaz de reconocer que una de las cuestiones que debe resolver la filosofía contemporánea es, lo que el mismo llama, “el problema de Dios”.

La otra crítica que guardo es seguramente algo injusta. Me disculparé, parcialmente, de antemano, pues se que los conocimientos para 1938 no eran los mismos actuales. Pero cuando García Morente describe cómo es la ontología de los valores y cómo los jerarquiza, en mi opinión, incurre en errores tremendos en sus conclusiones. Que los valores “sean” absolutos, eternos e innatos es una violación a lo que la experiencia misma nos dice. A los resultados actuales de la psicología evolutiva me remito, pero muy bien también puedo remitirme a Nietzsche, quien anhelaba la “inversión de todos los valores” en pleno siglo XIX. Y por algo luchaba con tanta insistencia en contra de los absolutismos.

Lejos del gueto del Realismo y del gueto del Idealismo, desde el siglo XX se levantan los horizontes por tercera vez en la historia de la filosofía. El único ente absoluto que existe es la vida misma, y para estudiarla, para descomponerla en sus “categorías ónticas”, García Morente hace una acertadísima alarma respecto a la lógica que usamos desde tiempos aristotélicos. Esa lógica (la misma con la hacemos ciencia y filosofía) es incompleta, incluso falaz. ¿Por qué? Porque está fundamentada axiológicamente en el espíritu filosófico realista de la Antigua Grecia, y la filosofía ha crecido muchísimo desde entonces, refutando premisas claves de ese realismo.

La vida nos resulta entonces inaprensible Se necesita de una lógica vital. por la lógica que usamos actualmente, y el autor, conciente de este gran problema para la tercera cruzada filosófica, exhorta a la elaboración de una nueva lógica, de unos nuevos conceptos, que no sean ni realistas ni idealistas, sino que sean vitales, de la vida, oriundos de la existencia pues es ella lo único (absolutamente) verdadero. Se necesita pues de una lógica vital, de conceptos flexibles, que sean congruentes con el constante cambio del devenir de la vida. La existencia del ahora a cada segundo deja de ser tal, y por lo tanto los conceptos que usamos, estatizando las cosas que en ella conviven, cometen un sofisma.

Esta reflexión de García Morente al final del libro me hace sonreír, y es que aunque él confiesa no tener idea de cómo inventar conceptos “no estatizantes”, y aunque él recomiende los pasos de Bergson, de Heidegger y de Ortega y Gasset; me atrevo a sugerir que la ruta de la investigación apunte a la formación de la palabra. Es la palabra, como ya lo he dicho en anteriores ocasiones, la cápsula de la realidad. Es lo más útil que tenemos, pero a la vez lo que más nos encarcela.

Mientras tanto, mientras conseguimos zafarnos de la cárcel de la palabra, hagamos filosofía con música, con poesía, con arte. ¿Por qué no? Quizás sea esa una forma de comunicarnos más profunda, directa, flexible y no encapsulable. Una forma de comunicarnos más acorde con nuestra existencia dinámica y siempre cambiante.

Muchos saludos.





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viernes, 29 de octubre de 2010

"1984". GEORGE ORWELL. Comentarios.



P
ara mi es un tremendo gusto poder expresarme acerca de esta novela. Definitivamente, estimado lector, si hay algún libro que merezca ser leído antes de que la muerte nos prive de los gozos, es “1984” de George Orwell.

En un mundo distópico se nos presenta el dominio de una parte del planeta por parte de un estado totalitario, que jerarquiza a sus ciudadanos en base a un solo y único proyecto: “El Partido”. En dicho Estado, el pasado registrado en los medios de información oficiales (los únicos medios de información) es modificado frecuentemente a conveniencia del Partido, existe una constante guerra con otras naciones del planeta a las cuales se le achacan todos los sufrimientos internos, la lengua es reducida sistemáticamente para expresar con precisión sólo lo necesario, los ciudadanos son permanentemente vigilados en cada minuto del día, la individualidad es inadmisible; y cualquier acto de desobediencia es castigado con la muerte, sólo luego de un previo lavado mental en el que el acusado está conforme con la sentencia. Los mártires en este mundo ya no existen.

Winston Smith es el protagonista principal de la novela, quien nos conduce a través de sus introspecciones y acontecimientos en este mundo en donde el miedo y el control absoluto es la base de todo el sistema. A nivel literario, Orwell consigue que el relato sea cada vez más interesante a medida que el lector avanza en las páginas, y Smith se convierte fácilmente en nuestro amigo, al que le deseamos toda fortuna.

Pero la novela va mucho más allá, muchísimo más. Todo lo anterior, aunque pudiese ser interesante, no es más que una excusa para hacer una crítica recia a todo sistema político-económico tribal, social o de comuna. Llevando la crítica a la praxis, y siendo francos, la novela es un agudo ataque hacia el socialismo y el comunismo; cuestión que no nos ha de extrañar si recordamos que Orwell escribió esta obra en 1948, después de experimentar en carne propia las vicisitudes de la Unión Soviética.

No sólo es una contundente crítica. Para dar un fundamento a la plausibilidad del mundo gris y distópico que nos representa en la obra, Orwell hace gala de una profundidad histórica y antropológica magnifica. Y he aquí he de nombrar lo que más me ha marcado de “1984”: las implicaciones de la “neo lengua”.

Uno de los medios a través de los cuales elLa palabra es la cápsula de la realidad.Partido empequeñecía la capacidad de disentimiento de sus ciudadanos era reduciendo las palabras del vocabulario. Dentro de la trama se acentúa el hecho de que nuestra realidad está encapsulada en las palabras que usamos, y básicamente, mientras más amplio sea nuestro vocabulario más rica será nuestra realidad. Obviamente pues, un mecanismo de control sobre el disentimiento de los ciudadanos era la imposición de la “neo lengua”, un lenguaje en donde las palabras se combinaban unas con otras, en terminologías frías, acrónimos, siglas, y concepciones estrictamente necesarias. Siempre me ha gustado verlo como la reducción de una infinita paleta de colores a unos pocos para poder, a través de este pequeño reducto, pintar el mundo.

La palabra como cápsula de la realidad se me torna, a partir de la lectura de esta novela, como la cuestión más importante dentro del asunto humano. La filosofía misma toma en mi un nuevo matiz, y me coloco en una nueva postura crítica. El dinamismo de la realidad es absolutamente incongruente con la pretensión estatizadora de los conceptos, y así como Heráclito dijo alguna vez que “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”, digo con toda seguridad que ninguna palabra puede conceptualizar dos veces lo mismo. ¡A filosofar más allá de Kant entonces!

Bergson se me ha adelantado, empero.

Algo adicionalmente aleccionador es que, dentro de la historia, por medio del libro secreto de Goldstein, Orwell nos explica cómo es que alguna vez el mundo que habíamos conocido llegó a convertirse en ese amasijo de desnaturalización perfecta. Vargas Llosa (hijo) nos ha dado el “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” para los socialistas latinos contemporáneos, pero ya en “1984” tenemos una seria pesquisa, bastante didáctica, acerca del por qué las doctrinas igualitarias no son más que un ideal inalcanzable. Con gusto les transcribo una pequeña parte del “libro de Goldstein” que denota un profundo análisis sobre el proceso cíclico de la historia de la humanidad:

"La ignorancia es la fuerza.

Durante todo el tiempo del que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases de personas : los Altos, los Medianos y los Bajos. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso después de enormes conmociones y de cambios que parecían irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse, igual que un giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho que lo empujemos en un sentido o en otro.

Los fines de estos tres grupos son inconciliables. Los Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, -cuando la tienen porque su principal característica es hallarse aplastados por las exigencias de la vida cotidiana-, consiste en abolir todas las distinciones y crear una sociedad en que todos los hombres sean iguales . Así, vuelve a presentarse continuamente la misma lucha social. Durante largos períodos, parece que los Altos se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos o se debilita su capacidad para gobernar, o ambas cosas a la vez. Entonces son derrotados por los Medianos, que llevan junto a ellos a los Bajos porque les han asegurado que ellos representan la libertad y la justicia. En cuanto logran sus objetivos, los Medianos abandonan a los Bajos y los relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose ellos en los Altos. Entonces, un grupo de los Medianos se separa de los demás y empiezan a luchar entre ellos. De los tres grupos, solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera transitoriamente.

Sería exagerado afirmar que en toda la Historia no ha habido progreso material. Aun hoy, en un período de decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido acercarse ni un milímetro a la igualdad humana. Desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos."

Para culminar, sólo se me ocurre decir que el final de la novela es igualmente impactante. El hilo de la historia supo llevar en mi, hasta la última página, esa esperanza y empatía que me despertaba el buen Smith. Nunca la lágrima de un hombre me ha evocado tanta reflexión, así sea la de un personaje literario.

Excelente libro.




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lunes, 11 de octubre de 2010

"EL MITO DE SISIFO". ALBERT CAMUS. Comentarios.


N
o son vanas las alabanzas tempranas a la astucia de Sisifo que Camus hace al comenzar el ensayo. De hecho son necesarias, porque lo primero que se hace notar en el padecimiento del personaje al elevar la piedra una y otra vez es su conciencia. Y es una sublime conciencia, la misma que le convertirá en héroe del absurdismo.

El mito de Sisifo es un breve ensayo filosófico de Albert Camus, en el cual se usa al mencionado personaje griego y su castigo divino como elemento principal de reflexión. En tiempos contemporáneos, post Revolución Industrial, con horarios para vivir, esquemas de producción y esclavitudes postmodernas, el mito de Sisifo debe ser leído y entendido.

Liberémonos, como deberíamos hacerlo, de los dioses. ¿Qué nos queda en la vida? Más precisamente, ¿cuál es nuestra razón para vivir?. Enseguida sobreviene el gran vacío de los existencialistas. Pero la pregunta clave es: ¿Por qué debe haber una razón para vivir? ¿Por qué no puede haber mí propia razón para vivir?

Camus hace notar semejante dilema cuando establece explícitamente que “si hay un destino personal, no hay un destino superior…”.A él se le antoja Sisifo contento cuando desciende de la montaña, disfrutando lentamente el descenso, libre, ligero, sin esfuerzo, levantado y ayudado a mitad de paso por la mismísima gravedad. Éste es el premio que veo en Sisifo, pero Camus va más allá.

Insiste en que el premio de Sisifo está en el saboreo de lo que le rodea. El roce, la tensión, el esfuerzo. Cada partícula que compone a Sisifo, y cada partícula que compone a la montaña y a la roca son degustadas por la excelsa conciencia del héroe. Pareciera entonces que Sisifo coloca entonces a los dioses creadores de su castigo en jaque mate otra vez. O se le permite la conciencia y dejar que éste interprete la realidad como mejor le venga en gana, o se le suprime, dejándolo sin capacidad entonces para saberse castigado. Sisifo siempre gana. ¿Y por qué no podemos ganar nosotros también?

Ante el absurdo extremo de hacer rodar una roca cuesta arriba una y otra vez para luego dejarla caer y comenzar de nuevo, éste Sisifo "No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida."expuesto por Camus consigue la manera de hacer el procedimiento dichoso. Luego ante el nacer, el crecer, el estudiar, el trabajar para comer, el reproducirse y el morir; o incluso ante el levantarse, ir al trabajo, volver a la noche, dormir, y levantarse otra vez, ¿qué dicha podríamos extraer de ello? La respuesta es que no hay respuesta. Como diría Ayn Rand: “No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida”.

La vida, en su completa contingencia, es absurda, absurdísima (en el sentido peyorativo de la palabra). Famosa es la lección que nos da Camus con este ensayo, pregonando que el problema filosófico más importante es el suicidio. Alguna vez leí que la risa es la respuesta fisiológica ante el absurdo. Como alternativa al suicidio, pues, podemos reírnos siempre de la vida, mil y una veces, tomarla en juego, ser un niño nietzscheano.





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jueves, 7 de octubre de 2010

EL DESANGRE DE VARGAS LLOSA CONTRA LA IDIOTEZ DE GALEANO



Q
uizás hubiese sido recomendable hacer un análisis general acerca del “Manual del perfecto idiota latinoamericano”, para luego escindirlo en comentarios y reseñas llamativas. Pero me tomaré el atrevimiento de hacer lo inverso en esta oportunidad, pues los tiempos que corren llaman con premura a lo que sin duda tiene importancia actual, y lo que es actual e importante ahora es la ola izquierdista que circula por América Latina.

Uno de los bastiones literarios izquierdistas por excelencia es el libro “Las venas abiertas de América Latina”, escrito por Eduardo Galeano. El libro, según intuyo, había pasado desapercibido durante un tiempo hasta que el mismísimo Hugo Chávez se lo obsequió públicamente a Barack Obama. Eso lo colocó en uno de los libros más vendidos del año 2008 (el segundo en Amazon.com), todo gracias, irónicamente, a la magia maligna del libre mercado…

Chávez: el sueño de las casas editoriales.

Álvaro Vargas Llosa (hijo del famoso y recién Premio Nobel Mario Vargas Llosa), Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner escribieron el libro en el que se hace un análisis crítico acerca del latinoamericano y su pensamiento resentido. No es nueva la afición del latino de echarle los grandes males a los más grandes (aún) imperios extranjeros, pero lo que sí es novedoso es el despertar de varios individuos coterráneos de este bloque continental, cansados ya de la pregonería y la farfullería “revolucionaria”. Ya las conciencias adormiladas en un “es culpa de los gringos y las europas” pestañean rápidamente y se levantan cuasi asombradas al concluir ahora “mea culpa”.

Bien por ello, y ese despertar conciente de lo que somos y de lo que hemos pecado se recopila en el manual de anti-imbecilidad latina, el cual en uno de sus capítulos da una lista y análisis de las 10 obras literarias latinoamericanas más idiotas. La última de la lista, justamente por ser la más grande en la categoría, es el libro de Galeano.
Remito el siguiente espacio entonces a citar lo que Vargas Llosa (hijo) opina de la Latinoamérica desangrada y hecha literatura:

“Las venas abiertas de América Latina. Eduardo Galeano, 1971

Toda bibliografía mínima (o máxima) que se respete, dedicada a reseñar la biblioteca básica del idiota latinoamericano, tiene que concluir con Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo («el Trucha», para sus amigos) Galeano, nacido en Montevideo en 1940. No existe un mejor compendio de los errores, arbitrariedades o simples tonterías que pueblan las cabecitas de nuestros más desencaminados radicales. No hay, además, un libro de su género que haya tenido tantas ediciones, traducciones y alabanzas. No se conoce en nuestra lengua, en suma, una obra que —como ésta— merezca ser considerada como la biblia del idiota latinoamericano o, por la otra punta, como el gran culebrón del pensamiento político.

El título, perdidamente lírico, es ya una elocuente muestra de lo que viene detrás: América Latina es un continente inerte, desmayado entre el Atlántico y el Pacífico, al que los imperios y los canallas a sus órdenes le succionan la sangre de las venas, esto es, sus inmensas riquezas naturales. Es tan plástica y tan melodramática la imagen, que hasta un grupo progre de músicos argentinos ha compuesto una canción protesta bajo su advocación, mientras la edición de Círculo de Lectores de Colombia, ilustrada por Marigot, exhibe en su cubierta una enorme bandera norteamericana en forma de cuchillo que destripa sin compasión a una Sudamérica que se desangra. Precioso.

¿Qué diablos es este vademécum del idiota latinoamericano? Es un libro didáctico. Es el libro definitivo para explicar por qué América Latina tiene unos niveles de desarrollo inferiores a los de Europa occidental o Estados Unidos. Y cada afirmación importante que va haciendo, su autor la anota en letra cursiva, con el objeto de que el lector perciba, por un lado, la sutil inteligencia de quien la ha escrito, y —por el otro— para que retenga la sustancia de la reflexión o el dato exacto, y así consiga alcanzar las bondades de esta ciencia infusa que se nos administra en párrafos arrebatados y certeros.

La estructura del libro también delata su condición de cartilla revolucionaria. En el prólogo se resume el contenido de la obra. Se puede leer el prólogo e ignorar el resto, pues todo queda atropelladamente dicho en las primeras veinte páginas. A partir de ahí, lo que se hace es poner los ejemplos para apuntalar las afirmaciones que se han ido vertiendo. Y esos ejemplos se organizan en torno a las riquezas naturales que nos roban los imperialistas desde el momento mismo en que los depredadores españoles pusieron un pie en el continente: el oro, la plata, el caucho, el cacao, el café, la carne, el plátano, el azúcar, el cobre, el petróleo, y cuanto vegetal, animal o mineral puede servir para alimentar al insaciable Moloch extranjero.

La segunda parte del libro intenta describir las razones que explican los fracasos latinoamericanos en sus esfuerzos por escapar de la miseria tradicional que embarga a las masas. Unas veces los culpables son los ingleses, otras los norteamericanos, siempre los traidores locales. El libro es un constante memorial de agravios montado desde el victimis-mo y la identificación de los villanos que nos martirizan cruelmente: los que importan nuestras materias primas; los que nos exportan objetos, maquinarias o capitales; las multinacionales que invierten y las que no invierten; los organismos internacionales de crédito (FMI, BID, BM, AID).


Artículo del periódico "El Nacional"

La ayuda exterior es un truco para esquilmarnos más. Si nos prestan es para arruinarnos. Si no nos prestan es para estrangularnos: «las inversiones que convierten a las fábricas latinoamericanas en meras piezas del engranaje mundial de las corporaciones gigantes no alteran en absoluto la división internacional del trabajo. No sufre la menor modificación el sistema de vasos comunicantes por donde circulan los capitales y las mercancías entre los países pobres y los países ricos. América Latina continúa exportando su desocupación y su miseria: las materias primas que el mercado mundial necesita y de cuya venta depende la economía de la región. El intercambio desigual funciona como siempre: los salarios de hambre de América Latina contribuyen a financiar los altos salarios de Estados Unidos y de Europa».

¿Hay buenos en esta película de horror? Por supuesto. Y es muy significativo quiénes son los héroes de este pilar de la bobería ideológica latinoamericana. En el pasado, nada menos que las Misiones jesuitas de Paraguay, los creadores de un sistema totalitario en el que los pobres guaraníes hasta tenían que hacer el amor al sonido de una campana. Y luego, en el mismo desdichado país, el enloquecido Gaspar Rodríguez de Francia, un dictador que, literalmente, cerró su nación a toda influencia extranjera, al extremo de sólo permitir dos bibliotecas, la suya y la del padre Maíz. ¿Por qué lo aprecia? Por sus esfuerzos de desarrollo autárquico, por su fiero nacionalismo, por no aceptar el librecambismo, por la militarización que impuso, por el inmenso papel que le asignó al Estado como productor de bienes, por la disciplina de palo y tentetieso con que sujetó a los paraguayos durante casi tres décadas, por su odio al liberalismo. ¿A quién más estima? Al estanciero Rosas, otro tirano, y por razones parecidas, a Fidel Castro, que ha hecho lo mismo que Rodríguez de Francia, pero con mayor torpeza administrativa, aunque Galeano es capaz de afirmar la siguiente falsedad sin el menor rubor: «En Cuba la causa esencial de la escasez es la nueva abundancia de los consumidores: ahora el país les pertenece a todos. Se trata, por lo tanto, de una escasez de signo inverso a la que padecen los demás países latinoamericanos».

Naturalmente, ese discurso sólo puede conducir a la violencia más insensata, como la desatada por sus compatriotas tupamaros. Veamos el párrafo con que termina su libro: «El actual proceso de integración no nos reencuentra con nuestro origen ni nos aproxima a nuestras metas. Ya Bolívar había afirmado, certera profecía, que los Estados Unidos parecían destinados por la Providencia para plagar América de miserias en nombre de la libertad. No han de ser la General Motors y la IBM las que tendrán la gentileza de levantar, en lugar de nosotros, las viejas banderas de unidad y emancipación caídas en la pelea, ni han de ser los traidores contemporáneos quienes realicen, hoy, la redención de los héroes ayer traicionados. Es mucha la podredumbre para arrojar al fondo del mar en el camino de la reconstrucción de América Latina. Los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos sí, en sus manos, la tarea. La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio. Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres».

No hay duda: existe algo que Galeano odia con mayor intensidad aún que a los propios gringos, que a las multinacionales, que al liberalismo: la verdad, la sensatez y la libertad. No las soporta. No cree en ellas. Nos le merecen el menor respeto. Su única y más firme devoción es alimentar de errores y locuras a los latinoamericanos más desprovistos de luces hasta perfeccionar la legendaria idiotez ideológica que los ha hecho famosos. Por eso su libro le pone punto final al nuestro. Se lo ha ganado a pulso.

INDEX EXPURGATORIUS

«Lo malo no es haber sido idiotas, sino continuar siéndolo.»"


Saqué usted sus propias conclusiones. Por lo que a mi respecta, si el latino atesora respeto, debe respetarse a sí mismo. El problema no es de ideologías de izquierda o derecha, sino de los basamentos morales, en la axiología misma, paralela a los mecanismos económicos. Amad la educación sobretodas las cosas.




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