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miércoles, 5 de enero de 2011

"LA GENEALOGÍA DE LA MORAL". F. NIETZSCHE. Comentarios.


"L
a Genealogía de la Moral” es si se quiere uno de los libros más académicos de Nietzsche. La misión en esta obra es remontarse a los principios mismos del hombre a comienzos de su prehistoria, analizando en la medida de lo posible el surgimiento de la ética en aquel ser más animal que humano, y explicando el posterior desarrollo de la misma a lo largo de los siglos hasta la época actual. Para conseguir tal objetivo, Nietzsche se vale de toda su experticia, utilizando como herramienta la fisiología, la historia, la psicología y la filología. De hecho, es por medio de esta última que consigue las claves más contundentes para realizar luego sus aseveraciones.

El libro está divido en tres tratados, comenzando por el origen de la moral y la explicación de la moral actual como reflejo de un resentimiento de los débiles, continuando con el origen de la responsabilidad, la culpa y el pecado; para terminar con el tratado más extenso, en el que revela el surgimiento, desarrollo, consecuencias y final de los ideales ascéticos.


En efecto, los dos primeros tratados, aunque concentran una información relevante, fungen sobretodo de introducción o preparación del terreno para el último, cuya importancia es tan grande que deriva en un nuevo problema para la filosofía. El primigenio animal-hombre, fuerte, terrible, independiente, dueño de sí mismo, inocente en sumo grado, incluso sin una inteligencia profunda, no siente inquietudes acerca de la bondad o la maldad. La naturaleza le ha hecho así y él no lo desaprovecha ni lo razona demasiado. Deja brotar su capacidad, su voluntad, su voluntad de poder; esto es, permite tomar para sí lo que desea, sin limitaciones y en completa congruencia con su habilidad y fuerza. Para eso ha nacido y es feliz. Prácticamente no hay cuestionamiento ético, incluso es bastante probable que el concepto “moral” o “ética” ni siquiera existiera en aquellas pequeñas comunidades prehistóricas de cuasi humanos fuertes.


De cuestionarse alguna vez alguna idea impregnada de bondad o maldad, esta raza llena de vida y fortaleza no recurre a ningún patrón externo, sino a sí mismos. De forma simple, pero congruente, lo bueno es, para ellos, todo lo que ellos hacen o piensan. Las mejores virtudes están embebidas en los que para ellos ha de tener ciertamente mucho valor: la fuerza, el orgullo, la capacidad, el poder, la dominación, la felicidad, la voluntad, la independencia, la salud, la fecundidad, el caos, la guerra, la superioridad, lo dinámico, lo vivo, la vida. De esta manera, lo no correspondiente, en contraste, con sus ánimos, salud y espíritu es denominado como malo. Por otro lado, los no favorecidos, los débiles, poco pueden hacer ante la fortaleza de los individuos superiores, y se entreteje entre ellos un resentimiento espiritualizado, una venganza que al no poder desahogar de forma física, es de la conciencia. Superiores en número, necesariamente más inteligentes, y desarrollando una moral paralela a la de los nobles y fuertes, extraen un canon ético no de sí sino de sus señores (a modo de retaliación), invirtiendo los valores de éstos. Se torna mal visto entonces todo lo elevado y superior, todo lo rico y orgulloso de sí; la compasión, la pobreza, la debilidad, la humildad, el caminar cabizbajo, la modestia, la mesura; todo lo que impone una decadencia en la fuerza de la vida, resulta la mayor virtud e ideal.


Nietzsche explica que este proceso se lleva a cabo con el incremento de la conciencia en los individuos, el cual nace cuando el animal-hombre debe sublimar sus instintos más fuertes ante su adaptación a la sociedad (adaptación que le exige, de alguna manera, la evolución). Cuando este animal casi humano está impedido de su voluntad de poder, imposibilitado de expresarse hacia fuera en toda su naturaleza, imprime toda su crueldad y fuerza hacia sí mismo. Se convierte, por tanto, en el primer y único “animal enfermo”, el animal que con el tiempo no solo es el que soporta más el sufrimiento entre todos los animales de la tierra juntos, sino que es el único que lo anhela en las etapas tardías de su civilización.

En el hombre temprano, el reblandecimiento de los fuertes a causa de la moral de los bajos y de una vergüenza del hombre por el hombre, y la negación de los instintos y ese destrozar e impedir internos, lleno de contrastes, problemas, amarguras, comparaciones y conflictos; llevó a la conciencia a estadios más grandes. No solo eso, sino que fue el origen de la mutación del concepto de responsabilidad en culpa. Y de la culpa faltó poco ya para la mutación hacia el concepto de pecado.

Con ese sufrimiento interno, miles de años después, imposible de categorizar y expulsar, y con destellos (de hecho mucho más que destellos…) de aquella crueldad primigenia que tanto celebraban aquellos animales-hombres; el humano domesticado llega inevitablemente a lo que Nietzsche llama el “ideal ascético”. Este ascetismo pude tornarse diferente en forma y fondo dependiendo del individuo y su ánimo. El ideal ascético encierra una concepción diferente para los artistas, los filósofos, las mujeres, los débiles y los sacerdotes. Todos, en apariencia, recurren a la expiación o redención de su sufrir por medio de una especie de negación (superficial) de la vida. Lo hacen a través de un apartarse, de una soledad, de una privación, de un ayuno de los instintos. Pero lo más importante de todo esto no es qué tanto o cómo se privan de la realidad que intentan negar, sino la fuerza con la cual lo hacen.

La paradoja de negar la vida con una intensidad realmente viviente es a dónde quería llegar el autor con esta obra. En el caso especial del sacerdote, el maestro por excelencia del ascetismo y del nihilismo, el desarrollo histórico de los eventos ha desentrañado algo realmente Del nihilismo extremo nace una nueva afirmación a la vida: el fin de Dios.impresionante. Con esa intensidad paradójicamente negadora, y bajo la idea de la verdad absoluta, la doctrina sacerdotal ha degenerado a los individuos a los límites de la decadencia de la vida. No obstante, en ese camino estos individuos, supremamente escrupulosos, supremamente amantes de la verdad en sí, negadores de todo, quirúrgicos en sus aceptaciones, terminaron elevando el nivel de la búsqueda de las verdades a una pulcritud tal que ya los dogmas religiosos no estuvieron exentos de su minuciosidad. En efecto, y por increíble que parezca: el más severo nihilismo y la más rigurosa escrupulosidad del saber, a través de la doctrina cristiana impuesta por el sacerdote y sus métodos ascéticos, derivó en la muerte del cristianismo mismo. Los dogmas de fe ya no son suficientes y resultan estancados en el tamiz del ascetismo agudo. Todo el puritanismo racional, o analizando más a fondo, la obsesión de la verdad en sí, desembocó inesperadamente en la obsolescencia de las doctrinas sacerdotales y en el escepticismo ante los dioses. He aquí por qué “Dios ha muerto, y ha muerto de compasión por los hombres. Los hombres le hemos matado.” El sacerdote asceta ha proveído la herramienta de su propia destrucción.


Esta obra es rica en referencias literarias, así como también resulta clara en explicaciones a la vez de densa en sus conclusiones. No escasean, como es costumbre en otras obras de Nietzsche, las críticas fuertes, en especial hacia Wagner. Sin duda es una libro crucial para entender no solo el surgimiento de la moral, la conciencia, el alma, los dioses, la culpa y el pecado, sino que constituye además una base sólida para arrojar la mirada hacia la nueva aventura del hombre y hacia el cuestionamiento legítimo de la verdad como supuesta meta.


Muchos saludos.





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viernes, 1 de octubre de 2010

PRELUDIO ACERCA DE LA MORAL ADECUADA



E
n un mundo paradójico, en donde el siglo XXI pareciera casi ser el eufemismo de la tecnología y el conocimiento, pero que al mismo tiempo está dominado por los más primitivos misticismos, son pocas las personas que osan separarse del estándar social de lo que es bueno y malo para reinventar la rueda de lo ético.

No constituye una exageración de mi parte afirmar que la gran mayoría de los individuos en el planeta rigen su canon de conducta de lo aprendido tradicionalmente en su entorno. Y mucho de lo que el entorno pudiera influir en ellos es oriundo de las creencias religiosas y/o místicas que les envuelven. Eso ha sido así en cualquier contexto: en cualquier lugar y en cualquier época.

Pero cuando uno se separa convencidamente de los dogmas religiosos, inmediatamente ponemos en duda sus cánones morales de lo bueno y lo malo. No sólo me refiero a la inmutabilidad de los mismos, lo que constituye una falacia evidente, sino a la construcción de dichas normas per se. ¿De dónde nace una moral? ¿En qué nos basamos para construirla? Ya no hay dioses ni entes metafísicos perfecta y sobrenaturalmente morales que valgan en esta posición, así que la pregunta adquiere más vigencia que nunca.

Se puede “evolucionar” del teísmo al deísmo. Se puede evolucionar del deísmo al panteísmo. Pero al final llegaremos siempre a lo que considero el cenit de la sabiduría: el escepticismo. El no saber, irónicamente, denota un gran saber. A este estado han llegado personajes de la talla de Isaac Newton, Sócrates, Pirrón, Protágoras, Voltaire, Descartes, Sartre, Agustín de Hipona, entre muchos otros.

No obstante debo agregar que el escepticismo puro es una contradicción plena en la práctica. Podríamos ser como el mismísimo Pirrón, que en afán de sostener el hecho de que nunca se podía dar un juicio tajante acerca de algo, se cortó la lengua. Aún así, cada vez que Pirrón daba un paso, cada vez que Pirrón veía un cántaro con agua y bebía de él, cada vez que comprobaba la suavidad de su cama para poder acostarse, Pirrón hacía juicios inevitables en su mente. No sólo “opinaba” que la comida le podía servir para alimentarle, sino que la consumía, especulo, sin dubitativos. Me pregunto: ¿Y esto no es emitir un juicio tajante acerca de la realidad? ¿Si realmente no tuviéra certeza de absolutamente nada, qué seguridad tendría Pirrón para dar un paso hacia adelante sin temor de que el suelo desaparezca?

Por eso es que, según la perspectiva que le doy a todo esto, el escepticismo es sólo una cima de la cual sólo se puede avanzar descendiendo. Eso sí, deberíamos descender a un sendero distinto del que provenimos, aunque a veces puede que pudiéramos retroceder, como San Agustín, por ejemplo.

Independientemente de hacia dónde descendamos, armados de la duda metódica que todo sabio debe poseer, la pregunta pertinente es ¿cómo vivir? En efecto, el escéptico siente la vacuidad total de la vida. Se sabe contingente, se sabe fortuito, se sabe sin valor objetivo. Entonces, como soberano de su propia vida, de su propia misión, como regente de sus propios valores y sentidos existenciales, la primera pregunta que debe hacerse es “¿bajo cuáles criterios debo vivir?”

Y es aquí dónde la reinvención de la rueda ética salta a la vista. Siendo seres sociales que inexorablemente tendremos puntos de vista distintos a otras personas, ¿cómo desarrollar una teoría moral particular con la cual se pueda ser consecuente y con la que no se violente el derecho a la libertad de los demás?

Escuelas de la moral han existido varias desde que el hombre tuvo que negociar con sus semejantes. Pero abarcando desde las morales religiosas, pasando por la aristotélica e incluyendo la kantiana, todo el asunto de la moral se puede ver en tres perspectivas:

• Según la escuela intrínseca.
• Según la escuela subjetiva.
• Según la escuela objetiva.

En posteriores entregas analizaré el tema de la moral con más profundidad. Sin embargo, sólo como preámbulo a este ambicioso tema, dejaré unas palabras de Ayn Rand, fundadora del Objetivismo, que bien valen la pena analizar:

“Toda teoría social se basa explícita o implícitamente en alguna teoría ética. La tribal y primitiva noción de ‘bien común’ le ha servido de justificación moral a la mayoría de los sistemas sociales (y a todas las tiranías) en la historia. El grado, en una sociedad, de esclavitud o libertad está ligado al grado en el que este slogan tribal ha sido invocado o ignorado.

‘El bien común’ (o el ‘interés público’) es un concept
o indefinido e indefinible: no existe tal entidad como ‘la tribu’ o ‘el público’; la tribu (o el público o la sociedad) es sólo un número de hombres individuales. Nada puede ser bueno para la tribu como tal; ‘bueno’ y ‘valor’ únicamente se refieren a un organismo vivo -a un organismo vivo individual-, no a un conjunto de relaciones incorpóreas.

Cuando el ‘bien común’ de una sociedad se considera com
o algo fuera de, y por encima del bien de sus miembros individuales; eso significa que el bien de algunos hombres prevalece sobre el bien de otros; esos otros estando destinados a la condición de animales a ser sacrificados. ¿Qué hace que las víctimas lo acepten, y permite que una sociedad cometa una atrocidad moral de este tipo? La respuesta se encuentra en la filosofía, en teorías filosóficas sobre la naturaleza de los valores morales.

Hay, básicamente, tres escuelas de pensamiento sobre la naturaleza de lo bueno: la intrínseca, la subjetiva y la objetiva.

La teoría intrisicista alega que lo bueno es inherente en ciertas cosas o acciones tales, independientemente de su contexto y consecuencias, independientemente del beneficio o el daño que puedan causarles a los actores y los sujetos implicados. Es una teoría que divorcia el concepto de ‘bueno’ de sus beneficiarios, y el concepto de ‘valor’ de alguien que valore y del objetivo que tenga, afirmando que lo bueno es bueno en sí mismo, por sí mismo y para sí mismo.

La teoría subjetivista sostiene que el bien no guarda relación con los hechos de la realidad; que es el producto de la conciencia del hombre, creado por sus sentimientos, deseos, intuiciones o caprichos, y que es simplemente un ‘postulado arbitrario’ o un ‘compromiso emocional’.

La teoría intrisicista sostiene que el bien reside en alguna especie de realidad, independiente de la conciencia del hombre. La teoría subjetivista sostiene que el bien reside en la conciencia del hombre, independiente de la realidad. La teoría objetivista sostiene que el bien no es ni un atributo de las ‘cosas en sí mismas’ ni de los estados emocionales del hombre, sino una evaluación de los hechos de la realidad realizada por la conciencia del hombre, siguiendo un estándar de valor racional. Racional, en este contexto, significa derivado de los hechos de la realidad y validado por un proceso de razón.

La teoría objetivista sostiene que el bien es un aspecto de la realidad en relación con el hombre, y que ha de ser descubierto –no inventado- por el hombre. Esencial para una teoría objetiva de los valores es la pregunta: ¿de valor para quién y para qué?. Una teoría objetiva no permite ni ignorar el contexto ni robar conceptos. No permite separar ‘valor’ de ‘propósito’, lo ‘bueno’ de los ‘beneficiarios’, ni separar las ‘acciones’ del hombre de la ‘razón’.

La teoría intrisicista y la teoría subjetivista, o una mezcla de ambas, es la base necesaria de toda dictadura, tiranía o variante del Estado absoluto. Se tengan en forma conciente o subconsciente, en la forma explícita de la obra de uin filósofo o en el caos implícito de sus ecos en las emociones del hombre de la calle, estas teorías hacen posible que un hombre crea que el bien es independiente de la mente del hombre y que se puede lograr por la fuerza física.

Si un hombre cree que lo bueno es intrínseco a ciertas acciones, no dudará en forzar a otros a realizarlas. Si cree que el beneficio o perjuicio humano causado por tales acciones no es significativo, considerará que un océano de sangre no es significativo. Si cree que los beneficiarios de tales acciones son irrelevantes (o intercambiables), considerará matanzas al por mayor como su deber moral en servicio a un ‘bien superior’. Es la teoría intrínseca de los valores la que produce un Robespierre, un Lenin, un Stalin, o un Hitler, No es un accidente que Eichmann fuera un kantiano.”


Curso dado por Ayn Rand en el Ford Hall Forum, Boston, el 19 de noviembre de 1967.

En un futuro seguiremos con este tema. Muchos saludos.





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martes, 9 de febrero de 2010

Ideas y reflexiones (o mentiras perfumadas)

El contenido de "ideas y reflexiones" se puede categorizar, para facilidades de búsqueda, en subcategorías no-rígidas, como Filosofía, Ensayos, Teología y Literatura. Dichas sub-categorías revelan la temática esencial de sus artículos, pero muy bien los mismos pudieran ser una combinación de varias temáticas a la vez.
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FILOSOFÍA
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"El Banquero Anarquista - Fernando Pessoa. Un tributo."

"¿Cómo filosofar?"

"¿Qué es un intelectual? - Jean Paul Sartre"

"Demostración de que la vida NO es absurda"

"Preludio acerca de la Moral Adecuada"

Autores invitados

"Yo solo se que no se nada" - Manuel Zapata González




ENSAYOS
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"Te amoro"

"Breves consideraciones anodinas del tiempo"

"Pensad como político y entenderéis"

"La superficialidad y la banalidad"

"Profetas, Biblias y Ética Comunicacional"

"Nietzsche y el Origen del Alma"

"La Apuesta de Suniaga: Una Afrenta a Pascal"

"Similitudes Éticas entre el Budismo y el Platonismo"

"Dios No es Autor de los Milagros"

"El Jesús de Nazareth Histórico"

"Entendiendo la Naturaleza de Dios"

"El Arte del Buen Morir"

"El Desangre de Vargas Llosa contra la Idiotez de Galeano"

"El Peligro de los Misticismos"

"Con el favor de Dios"

"Fundamentalismo democrático"

"Existencialismo: Don y Maldición. Parte III."

"Existencialismo: Don y Maldición. Parte II."

"Existencialismo: Don y Maldición. Parte I."

"El Neo oscurantismo"

"El Karma como espiritualización de la venganza"

"Crítica a las doctrinas igualitarias. Caso particular: Socialismo"

"Acerca del sentido de la vida y del vértigo de ser libres"

"Psicología de un dios"

"Soy maravillosa"

Autores invitados

"Motivación, capitalismo y desarrollo" - Manuel Zapata González.




TEOLOGÍA
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"Memorias de un exorcista. - Gabriel Amorth. Comentarios"

"El Pecado Ancestral"

"Dios según Parménides"

"Dios según Aristóteles"

"Suma Teológica - Quinta Vía"

"Suma Teológica - Cuarta Vía"

"Suma Teológica - Tercera Vía"

"Suma Teológica - Segunda Vía"

"Suma Teológica - Primera Vía"

"Análisis de "Confesiones" de San Agustín de Hipona. Tercer libro."

"Análisis de "Confesiones" de San Agustín de Hipona. Segundo libro."

"Análisis de "Confesiones" de San Agustín de Hipona. Primer libro."



LITERATURA
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"Liubliana - Eduardo Sánchez Rugeles. Comentarios"

"La vuelta al mundo en 80 días - Julio Verne. Comentarios"

"La Genealogía de la Moral - Friedrich Nietzsche. Comentarios"

"La República - Platón. Comentarios"

"El Libro de Enoc. Comentarios"

"Evangelio de Judas - Rodolphe Passer, Marvin Meyer, Gregor Wurts. Comentarios."

"Lecciones Preliminares de Filosofía - Manuel García Morente. Comentarios"

"1984 - George Orwell. Comentarios"

"El Mito de Sisifo - Albert Camus. Comentarios"

"El pasajero de Truman - Francisco Suniaga. Comentarios"

"La Peste - Albert Camus. Comentarios"










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