martes, 9 de noviembre de 2010

"EVANGELIO DE JUDAS". PASSER, MEYER, WURST. Comentarios.


H
ace algunos años paseaba alrededor de los anaqueles de una tienda libros cuando de repente uno llamó poderosamente mi atención. El título pregonaba que el contenido era el Evangelio según Judas Iscariote, frase que inmediatamente tuvo un contraste de polo a polo en mi mente. ¿Cómo el mancillado honor de Judas Iscariote puede comulgar con algo tan santo como lo es la autoría de los evangelios de la Biblia? Con el tiempo aprendí que ese impacto era un prejuicio cultural.

Y como prejuicio cultural al fin y al cabo, tuve mis reservas. Tomé el libro, lo ojeé rápidamente sin leerlo, y lo que me decidió definitivamente a comprarlo fue que la casa editorial era nada más y nada menos que la National Geographic. Parecía literatura seria, y le di entonces una oportunidad.

Es menester un breve contexto histórico. En el año 1970 unos pastores encontraron un códice escondido en unas cavernas en las cercanías de El Minya, en Egipto. El códice, bautizado como Códice Tchacos, contenía varios manuscritos que datan del siglo III D.C., entre ellos el Evangelio según Judas Iscariote, texto religioso que provino de la corriente gnóstica de los primeros cristianos. El manuscrito conseguido es una copia de manuscritos mucho más antiguos, y la referencia más lejana de este evangelio está en las notas del Arzobispo de Lyon, Ireneo, del año 180 D.C, más o menos la misma época en la que se escribieron las Cartas de San Pablo. Por eso se dice que el Evangelio de Judas es intertestamentario.

El manuscrito es auténtico, cuestión que el libro te explica luego de exponer a modo de introducción que los fragmentos, aunque deteriorados, fueron evaluados por el proceso de carbono radioactivo, análisis de tinta, análisis paleográfico y análisis de imagen multiespectral.

En este evangelio Jesús toma un protagonismo sin igual y bastante particular, en lo relativo en los evangelios aceptados en el Canon Bíblico. Aquí no abundan las parábolas, sino que es el mismo Jesús hablando directamente, sin metáforas, sin analogías y sin aforismos. Al mismo tiempo, el protagonismo se enfatiza en la cantidad de diálogos proferidos por dicho personaje, los cuales constituyen casi la totalidad del libro.

¿Alguna vez, estimado lector, se ha preguntado si Jesús, sabiendo que iba a ser crucificado, sabiendo que debía ser sacrificado, por qué no se entregó el mismo? ¿Se ha preguntado también cuál es el valor del sacrificio si se tiene la certeza de la vida eterna, de la resurrección? Pues en este libro se despeja el panorama claramente respecto a estos tópicos. Jesús explica que de todos los apóstoles, Judas Iscariote es el que más le entiende, es el más profundo de todos ellos. Judas es versado entonces por su maestro en los secretos que ninguno de los demás apóstoles podían entender. Aún más…

Desde la perspectiva religiosa judeo-cristiana,¿Cual es el sacrificio más valioso? Sacrificar a tu dios.el sacrificio ha sido una poderosa simbología de alabanza a Dios y de influir en el futuro de la humanidad. Caín y Abel ofrecían sus mejores frutos, sacrificando lo mejor de su sustento, los personajes de la línea abrahámica ofrecían holocaustos sacrificando sus mejores corderos. A lo largo del historial bíblico observamos cómo se sacrifican hasta los primogénitos. El sacrificado recibe entonces, en la medida de su sacrificio, una recompensa divina proporcional. En este contexto, ¿qué es lo más valioso para un apóstol que se pueda sacrificar? Pues sacrificar a su propio dios. El honor de ello se lo concedió el mismísimo Jesús a Judas, su mejor discípulo.

Esto le da una nueva visión a la historia que todos conocemos. Judas ya no es el traidor, sino el apóstol que tuvo el honor de cumplir con la misión que Jesús le encomendó. Fue el elegido, y esto de pronto cobra cierto sentido, pues, ¿no es especial, de alguna manera, aquel que tuvo que inmolar a Jesús? ¿Por qué Dios elegiría a Judas Iscariote y no a algún otro de los apóstoles?

No solamente esto ha sido lo novedoso dentro del manuscrito. Jesús habla elocuentemente acerca de los “eones”, no en el contexto de entenderlos como espacios de tiempo increíblemente largos, sino más bien como entidades espirituales muy avanzadas, con las cuales él se identifica. Jesús pues, no resulta ser el único en su tipo, según el documento.

Este impresionante libro procura ser muy serio, y hay secciones que simplemente están en blanco por no poder recuperarse de los fragmentos originales. El lector muy bien pudiera dejar de entender párrafos enteros, pero tendrá la absoluta certeza de que lo que sí puede leer ha sido perfectamente fidedigno y bien traducido. En afán de ampliar la cultura histórica acerca del cristianismo primitivo, de las censuras de las primeras iglesias, y del rico campo de conocimiento teológico que va ampliándose y reestructurándose cada vez más ante los nuevos descubrimientos, el Evangelio de Judas resulta un libro obligatorio.

¿Qué tan equivocado se puede estar en una fe?

Muchos saludos.





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