jueves, 1 de abril de 2010

"CONFESIONES" DE SAN AGUSTÍN. 1º LIBRO. ANÁLISIS



Para mi es una íntima necesidad el escudriñar la obra de San Agustín, no sólo por mi apetito natural por esta clase de tópicos, sino porque tuve la oportunidad de egresar de un colegio basado en la ideología agustiniana. Sin embargo, el desarrollarme en tal curiosidad en tiempos actuales acusa al hecho de que poco podía hacer en mis años mozuelos para entender la filosofía de San Agustín; y por otro lado, poca era la información (quizás justamente por ser muy jóvenes para entenderla toda) que nos daban en función a aquello.


Quisiera comenzar mi análisis por el tomo “Confesiones” escrito por San Agustín de Hipona. Consta de 13 libros, en los que en resumidas cuentas el santo protagonista sostiene un diálogo con Dios, confesando sus pecaminosos años de juventud, partiendo incluso desde que lo que reconoce no recordar en vista de ser apenas un bebé.


En esta ocasión mis opiniones, inquietudes, críticas y reflexiones se basarán en el libro primero. Destaqué los extractos que más me llamaron la atención:


CAPÍTULO I


“¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios?”


Bien pudiera entenderse la soberbia como la terquedad ante el defender lo indefendible, como la incapacidad de reconocer los errores, bastante similar al orgullo. Agustín afirma que Dios resiste a los soberbios, pero (como más adelante se verá) al partir de la creencia dogmática que Agustín tiene en su Dios, los soberbios no sólo son los orgullosos, sino también todo aquellos que presenten argumentos en contra de Dios, tengan o no tengan la razón.


Bastante común, aún en tiempos actuales, es la afirmación que reza “Los asuntos de fe no se rebaten con asuntos de lógica” con fines de sostener una óptica teísta de la existencia. Sin embargo hago notar que la estrategia que se esconde detrás de tal afirmación es el “ganar o ganar”, o lo que es su corolario: “no puedes refutar mi fe porque no puedes comprobar que no es así”. Falacia lógica, para comenzar. ¿Quién me refuta la existencia de una cafetera que orbita al planeta Marte, lo suficientemente pequeña para no ser vista?


Para continuar, la lógica, amigos míos, nace de axiomas, y los axiomas son realidades que se reconocen evidentes. Ahora bien, ¿qué hace que una realidad se reconozca como evidente? Un consenso. Y un consenso es un acto de fe común. La lógica es fe, y la más honesta.


Y para terminar, si los asuntos de fe no se rebaten con lógica, si “Dios resiste a los soberbios”, todo dogma basado en fe debería prescindir de argumentar sus procederes con lógica. ¿Es esto lo que ocurre en la praxis? No.

“Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.”

Existe un silogismo en esta frase; en realidad un dogma: no es posible buscar a Dios y no quedar satisfecho. Si quedas insatisfecho, es que no le hallaste. Volvemos al “ganar o ganar”, lo cual no es una búsqueda honesta de las verdades.

CAPÍTULO II


No he estado aún en el infierno, mas también allí estás tú. Pues si descendiere a los infiernos, allí estás tú.”


Aquí, aunque Dios está en todas las cosas que crea (en párrafos anteriores de este capítulo Agustín establece que todo lo creado tiene a Dios dentro de sí), no está en el infierno, no porque lo haya creado, sino porque uno, conteniendo a Dios dentro de sí, hace que él esté en ese lugar también.


Debo preguntar: independientemente de que hayan personas en el infierno o no, ¿por qué no hay presencia de Dios en el infierno si es el infierno creación divina?


La respuesta que se intuye detrás del manifiesto de Agustín es que Dios es moralmente bueno. Y en esto hay jaque mate para tal ente. Todo dios moral perece ante la premisa de Epicuro de Samos. Sin embargo, por amor a la curiosidad, seguiré cuestionando los próximos párrafos de San Agustín.


“Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti, de quien, por quien y en quien son todas las cosas? Así es, Señor, así es.”


Si es uno quien reside en Dios, todo lo que uno es está dentro de Dios o es parte de Él. Por lo tanto, desde un punto de vista moral, ¿nuestra maldad no es parte de Dios también? Si es así, Dios no puede ser perfectamente bueno. Esto contradice el punto de vista agustiniano del Dios perfectamente bueno.


CAPÍTULO IV

“Pues ¿qué es entonces mi Dios? ¿Qué, repito, sino el Señor Dios? ¿Y qué Señor hay fuera del Señor o qué Dios fuera de nuestro Dios? Sumo, óptimo, poderosísimo, omnipotentísimo, misericordiosísimo y justísimo; secretísimo y presentísimo, hermosísimo y fortísimo, estable e incomprensible, inmutable, mudando todas las cosas; nunca nuevo y nunca viejo; renueva todas las cosas y conduce a la vejez a los soberbios sin ellos saberlo; siempre obrando y siempre en reposo; siempre recogiendo y nunca necesitado; siempre sosteniendo, llenando y protegiendo; siempre creando, nutriendo y perfeccionando; siempre buscando y nunca falto de nada.

Amas y no sientes pasión; tienes celos y estás seguro; te arrepientes y no sientes dolor; te aíras y estás tranquilo; mudas de obra, pero no de consejo; recibes lo que encuentras y nunca has perdido nada; nunca estás pobre y te gozas con los lucros; no eres avaro y exiges usuras. Te ofrecemos de más para hacerte nuestro deudor; pero ¿quién es el que tiene algo que no sea tuyo, pagando tú deudas que no debes a nadie y perdonando deudas, sin perder nada con ello?.”

En efecto, tal definición de Dios es lógicamente y ontológicamente imposible, y es evidente la existencia de un dogma acomodaticio. Además se pone en evidencia que tales calificativos indiscutiblemente HUMANOS son el reflejo de que este dios es la obra del hombre y no al revés. ¿O es que es de divinidades sentir ira, alegría, tristeza, ser bondadoso, ser malvado, ser misericordioso, ser hermoso, y demás? Como diría mi amigo Nietzsche: “Humano, demasiado humano”.


Adicionalmente, desde la perspectiva del ignostiscismo, aquí hay una clara definición del Dios cristiano. Ante tal definición, no es viable una existencia así.


CAPÍTULO V


¿Y qué soy yo para ti para que me mandes que te ame y si no lo hago te aíres contra mí y me amenaces con ingentes miserias? ¿Acaso es ya pequeña la misma de no amarte?”.


Excelente pregunta. ¿Qué podría necesitar un dios de nosotros?, ¿qué podría urgir de nosotros un creador nuestro, que lo pudiese poner en peligro o que siquiera le moleste? Un dios, sobretodo bajo la definición que Agustín le da en el capítulo IV, le debería desdeñar lo que un humano haga o deje de hacer. Somos insignificantes ante un ente así.


“No quiero contender en juicio contigo, que eres la verdad, y no quiero engañarme a mí mismo, para que no se engañe a sí misma mi iniquidad. No quiero contender en juicio contigo, porque si miras a las iniquidades, Señor, ¿quién, Señor, subsistirá? “.


Al decir “eres la verdad” explícitamente se hace mención a una verdad única, lo cual desde mi punto de vista es una clara invitación al Oscurantismo y al irrespeto de las individualidades.


Por otro lado, un Dios que mira las iniquidades ocultas, que nos mira dentro de nosotros, es un dios policía. Esto pudiera ser interesante de analizar, por cuanto la culpa no sólo compete ahora al ambito de lo tangible, sino que también hay culpables de conciencia.


Es repugnante el control que esto ejerce en los más ingenuos. Un dios que te conoce incluso hasta en los más oscuros pensamientos es una oda no sólo a la culpa o una expansión de territorio del pecado (el peor invento del hombre), sino también es la base del miedo. Si me lo permiten expresar, cualquier creencia fundamentada en el miedo carece de mi respeto.


CAPÍTULO VI


“Y ¿qué es lo que quiero decirte, Señor, sino que no sé de dónde he venido aquí, a esta, digo, vida mortal o muerte vital? " No lo sé”.


Aquí se delata la raíz de la conversión de San Agustín. De joven, Agustín se paseo por muchas doctrinas filosóficas, y justo antes de volver al cristianismo, se había declarado (sabiamente) escéptico. Pero como muchos filósofos antiguos y modernos nos lo han hecho saber, son pocos los que resisten el vértigo de tal libertad.


No ver objetividad en nada, dudar de todo, relativizar todo, sabernos limitados, ser un náufrago del saber exacto, y sobrevivir a eso, es sólo para valientes. Entonces se tienen tres caminos a partir de este punto: o aceptas el mundo tal cual y como es, incluyendo en ese saber tu incapacidad humana por darle un carácter absoluto a cuestión alguna, y te dedicas básicamente al hedonismo (profundo), o te suicidas, o te aferras ciegamente (aún a conciencia de que tu mismo vendas tu ojos) a un dogma metafísico que te de el piso mental para poder vivir. Agustín optó por la tercera vía y se aferró tanto que se hizo santo.


Acá sólo podría añadir de nuevo otra intervención de mi amigo Nietzsche: “Cada filósofo es abogado de sus instintos”.


“¿Qué importa que alguien no entienda estas cosas? Gócese aún éste diciendo: ¿Qué es esto? Gócese éste aun así y desee más hallarte (a Dios) no indagando que indagando no hallarte.”


San Agustín abrazado a la certeza metafísica (o a la ignorancia). Prefiere entregarse a Dios y gozar de esa felicidad que no encontrar a Dios con la duda como bastión. Una frase que confirma mi hipótesis del Agustín agobiado por la duda sempiterna.


CAPÍTULO VII


“Ahora bien, si yo fui concebido en iniquidad y me alimentó en pecados mi madre en su seno, ¿dónde, te suplico, Dios mío; dónde, Señor, yo, tu siervo, dónde o cuándo fui yo inocente?.”


Más allá de la (interesante) pregunta, de la frase precedente queda como corolario que se nace con la culpa. El tentáculo del pecado es más poderoso aún. Y más injusta se hace dicha concepción.


CAPÍTULO X


“Con todo pecaba, Señor mío, ordenador y creador de todas las cosas de la naturaleza, mas sólo ordenador del pecado.”


Otra frase que evidencia la conceptualización forzosa de un dios perfectamente bueno. Una moral a conveniencia, debo decir.


CAPÍTULO XII


“…pues nadie que obra contra su voluntad obra bien, aun siendo bueno lo que hace.”


¿Por qué avalar los mandamientos entonces? ¿Por qué son necesarios? Que el que obre mal sea castigado, pero el que obre bien, que lo haga porque sea de su agrado. ¿Por qué la promesa de una vida eterna entonces? ¿Sería honesto y congruente proferir tal frase y a la vez recompensar al que obre conforme a la ley de Dios?


Lo contrario también aplica. Son más los “buenos” por miedo al infierno que los buenos de genuino sentimiento. ¿Hace falta un infierno entonces?


Para terminar, se hace notar un vacío. Desde un punto de vista moral, ¿qué valor adquiere una persona que es buena por obligación? Ya que no es buena, ¿es mala, aún sin hacer nada malo?


CAPÍTULO XIII


“…porque si les propongo la cuestión de si es verdad que Eneas vino alguna vez a Cartago, como afirma el poeta, los indoctos me dirán que no lo saben, y los entendidos, que no es verdad. Pero si les pregunto con qué letras se escribe el nombre de Eneas, todos los que las han estudiado me responderán lo mismo, conforme al pacto y convenio por el que los hombres han establecido tales signos entre sí.”


Agustín es docto en reconocer que los hombres crean verdades a partir de consensos. ¿Cómo no podría darse cuenta él, a no ser de estar embriagado en sus miedos, que las palabras mismas son un consenso, y que por lo tanto su fe tiene igual esencia?


Pero sí lo sabía: San Agustín realizó el Canon Bíblico, el cual fue el consenso en el que la Iglesia determinó cuáles eran los "libros inspirados por Dios" (incluyéndolos a la Biblia), y cuáles no lo eran. Es menester recalcar que hay muchos libros apócrifos que no sólo no contradicen los demás libros elegidos, sino que le dan una óptica a la religión cristiana distinta a la que se conoce popularmente. En otras palabras, San Agustín discriminó por consenso algunas verdades. De nuevo las conveniencias dogmáticas rebosan los límites de la “divinidad”.


CAPÍTULO XIV


“Por aquí se ve claramente cuánta mayor fuerza tiene para aprender estas cosas una libre curiosidad que no una medrosa necesidad. Mas constríñese con ésta el flujo de aquélla según tus leyes, ¡oh Dios!, según tus leyes, que establecen desde las férulas de los maestros hasta los tormentos de los mártires; sí, según tus leyes, Señor, poderosas a acibararnos con saludables amarguras que nos vuelvan a ti del pestífero deleite por el que nos habíamos apartado de ti.”


Traducción y a la vez ejemplo de cómo adoptar un dogma a conveniencia: La libre curiosidad es entendida como el mejor camino para aprender del mundo siempre y cuando no vaya en contra de la necesidad religiosa.


CAPÍTULO XVI


“Con todo, ¿quién es de los maestros que llevan pénula el que oye con oído sobrio al hombre de su misma profesión que clama y dice: "Fingía estas cosas Homero y trasladaba las cosas humanas a los dioses, pero yo más quisiera que hubiera pasado las divinas a nosotros"? Aunque más verdadero sería decir que fingió estas cosas aquél, atribuyendo las divinas a hombres corrompidos, para que los vicios no fuesen tenidos por vicios y cualquiera que los cometiese pareciese que imitaba a dioses celestiales, no a hombres perdidos.”


¿Por qué reclamarle a Homero que sus dioses no son más que símiles de hombres corrompidos y no poder reclamarle al cristiano que su dios es símil del hombre también?


CAPÍTULO XVIII


“Así, pues, estar en afecto libidinoso es lo mismo que estarlo en tenebroso y lo mismo que estar lejos de tu rostro”.


Mi opinión consiste en una palabra compuesta. Es Anti-natural.


Pero es justo eso la finalidad del dogma cristiano. Más allá del aspecto lascivo, el simple hecho de colocar el centro de gravedad de la vida en el “más allá” y no en el “más acá” no permite el gozo de la vida a plenitud. La metafísica en general es la decadencia de los que no son suficientemente valientes para afrontar la vida con todos sus matices. No en vano es sólo “lo bueno” lo que se le promete a todo transmundano.


Próximamente, como buen agustiniano, proseguiré con el resto de la obra de mi padrino colegial.



11 comentarios:

  1. Caballero muy estimado, leído. No soy quién para deciros que dele crédito al patrono del colegio de donde egresó, porque en realidad no se nada de él y con esta lectura me motivaste como tarea a futuro a leerlo, ciertamente presenta paradojas del dogma interesantes, mas pensaría yo en leerlo para "contextualizar" tus análisis.

    Aún más allá, me has motivado a que como futura tarea y primordial lea a Juan Bautista de La Salle, por cuestiones de criterio también. Gracias :D

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por leer querido Memo. Es ahora que tenemos la madurez de leer y entender la filosofía de nuestros patronos. Es menester hacerlo antes de ondear sus banderas con un orgullo inclucado a través de la ingenua infancia.

    Muchos saludos, y espero pronto leer vuestro Juan Bautista de La Salle también.

    ResponderEliminar
  3. gracias perrito.. todo bien :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. que feoooooooooooooooooo comentario q tiene q ver un perro con los capítulos si no tiene nada q hacer anda duermeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee jijijijiji.................+amor -odio x 100pre amix

      Eliminar
  4. El peor analisis leido

    ResponderEliminar
  5. En el capitulo 2, último párrafo pienso que esta errada su posición.
    Tratando de anular esta posición pienso que Dios esta en nosotros, pero eso no quiere decir que nosotros seamos igual a el, pues si lo fuéramos, seríamos perfectamente buenos, lo que anularía a Dios haciéndonos nosotros mismos dioses, lo que es imposible. Dios solo crea imperfección, pues si creara otra fuerza perfecta igual a Él ambas fuerzas se anularían. Nosotros somos cosas imperfectas creadas por Dios, lo que nos hace propensos a la maldad, pues si somos imperfectos podríamos decir que somos impuros y que por lo tanto no somos buenos del todo. No somos como Dios sino mas bien un reflejo un poco disipado que se aclara cada vez mas conforme actuamos según su ley, y al ser seres libres nos convertimos nosotros mismos en maldad o en bondad.

    ResponderEliminar
  6. esta muy hermosoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo el capitulo I y todosssssssssssssssssss los capitulosssssssssssssssssssssssss jajajajajajajajajaja........................

    ResponderEliminar
  7. excelente análisis de san Agustín , santo???. la iglesia cristiana se jacta de serlo pues es más agustiniana que otra cosa, llena de dogmas cerrados oscuros, pecaminosos, culposos. Con los que ha mantenido a todo una sociedad controlada con el miedo y el castigo, ya decía san Agustín desde la infancia y hasta nuestros días. Pues la libertad del pensamiento nos hace libres y disfrutar del placer y este para la iglesia es el pecado capital .Gracias por ayudar a abrir las conciencias y liberarnos de los yugos.

    ResponderEliminar
  8. no leí una mierda, pero buen analisis XD

    ResponderEliminar

Dejad vuestro comentario libremente:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...