lunes, 11 de octubre de 2010

"EL MITO DE SISIFO". ALBERT CAMUS. Comentarios.


N
o son vanas las alabanzas tempranas a la astucia de Sisifo que Camus hace al comenzar el ensayo. De hecho son necesarias, porque lo primero que se hace notar en el padecimiento del personaje al elevar la piedra una y otra vez es su conciencia. Y es una sublime conciencia, la misma que le convertirá en héroe del absurdismo.

El mito de Sisifo es un breve ensayo filosófico de Albert Camus, en el cual se usa al mencionado personaje griego y su castigo divino como elemento principal de reflexión. En tiempos contemporáneos, post Revolución Industrial, con horarios para vivir, esquemas de producción y esclavitudes postmodernas, el mito de Sisifo debe ser leído y entendido.

Liberémonos, como deberíamos hacerlo, de los dioses. ¿Qué nos queda en la vida? Más precisamente, ¿cuál es nuestra razón para vivir?. Enseguida sobreviene el gran vacío de los existencialistas. Pero la pregunta clave es: ¿Por qué debe haber una razón para vivir? ¿Por qué no puede haber mí propia razón para vivir?

Camus hace notar semejante dilema cuando establece explícitamente que “si hay un destino personal, no hay un destino superior…”.A él se le antoja Sisifo contento cuando desciende de la montaña, disfrutando lentamente el descenso, libre, ligero, sin esfuerzo, levantado y ayudado a mitad de paso por la mismísima gravedad. Éste es el premio que veo en Sisifo, pero Camus va más allá.

Insiste en que el premio de Sisifo está en el saboreo de lo que le rodea. El roce, la tensión, el esfuerzo. Cada partícula que compone a Sisifo, y cada partícula que compone a la montaña y a la roca son degustadas por la excelsa conciencia del héroe. Pareciera entonces que Sisifo coloca entonces a los dioses creadores de su castigo en jaque mate otra vez. O se le permite la conciencia y dejar que éste interprete la realidad como mejor le venga en gana, o se le suprime, dejándolo sin capacidad entonces para saberse castigado. Sisifo siempre gana. ¿Y por qué no podemos ganar nosotros también?

Ante el absurdo extremo de hacer rodar una roca cuesta arriba una y otra vez para luego dejarla caer y comenzar de nuevo, éste Sisifo "No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida."expuesto por Camus consigue la manera de hacer el procedimiento dichoso. Luego ante el nacer, el crecer, el estudiar, el trabajar para comer, el reproducirse y el morir; o incluso ante el levantarse, ir al trabajo, volver a la noche, dormir, y levantarse otra vez, ¿qué dicha podríamos extraer de ello? La respuesta es que no hay respuesta. Como diría Ayn Rand: “No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida”.

La vida, en su completa contingencia, es absurda, absurdísima (en el sentido peyorativo de la palabra). Famosa es la lección que nos da Camus con este ensayo, pregonando que el problema filosófico más importante es el suicidio. Alguna vez leí que la risa es la respuesta fisiológica ante el absurdo. Como alternativa al suicidio, pues, podemos reírnos siempre de la vida, mil y una veces, tomarla en juego, ser un niño nietzscheano.





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4 comentarios:

  1. Es un buen texto, podrias haber explicado un poco mas acerca del mito de sisifo para aquellos que no tienen ni la menor idea.
    De resto, de muy buen gusto cada una de tus palabras, como siempre.

    Tengo una mania personal y es hacer una especie de correlacion ilusoria (y lamentablemente automatica) entre la calidad de un texto, su conclusion y el ultimo parrafo...cosa extraña. Ante esto debo decir que que tu ultimo parrafo me encanto...

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  2. Ciertamente me ha faltado describir más este pequeño trabajo de Camus, tomaré en cuenta vuestra sugerencia. Y muchas gracias por las flores querida mía.

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  3. Bueno me dijiste que podía criticarte y lo haré. Ya tienes quien te tire flores.
    Sinceramente, "Sísifo siempre gana" me parece un majestuosísimo acto de pura soberbia. Y lo digo ensalzándote. Nietszche estaría orgulloso de tí, de Camus y de Sísifo.
    El otro día estaba en la parada del colectivo, parado y llevando varias mochilas encima. Pensaba en Maya, la ilusión. Pensaba en que yo debía ser alguien muy inteligente, muy grande. Entonces la señora que estaba sentada se corrió como sin darse cuenta y quedó al descubierto un espacio donde podía sentarme.
    En ese momento unos muchachos pasaban por ahí y oí a uno decir: "¿Debe ser mejor esperar sentado, no?"...
    La verdad sea dicha: yo estaba cansado. Sentarme hubiera sido ceder mi orgullo personal ante la evidencia de que tenía que esperar de pie siendo que eso no me gustaba. Maya, muy dulcemente, me había hecho ver la verdad. Y más tarde en el colectivo sucedió algo más:
    Estaba yo de pie al fondo, tratando de mantenerme en equilibrio, entonces empecé a recapacitar y decirme en mi mente: en verdad yo soy muy pequeño. En ese momento un señor empezó a reirse a carcajadas y decir: "es una pulga! ¡es una pulga!" y después: "aunque en su caso, más bien un cascarudo"...
    Éste es el estilo de Maya cuando uno está en el camino de regreso a casa. Para los rebeldes, existe el castigo de Sísifo...

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  4. Saludos Nadie.

    Para que un Sisifo sonriente a pesar de su castigo sea un símbolo de soberbia, es porque hay que estar de parte del bando de dioses castigadores. Y bueno, que los dioses castiguen (o recompensen) debe verse com mucha suspicacia. Por lo pronto, que Sisifo sea mi amigo.

    "Maya" se comunica contigo de maneras muy interesantes. Me haces recordar una película de Robin Williams que se llama "Patch Adams".

    En ella Robin entra en un momento crítico de instrospección. La chica de sus sueños había muerto haciendo una buena labor, su misión de ayudar a la gente entra en serios dilemas; y desesperado va a una montaña y le pregunta a Dios: "¿Qué quieres de mi?".

    Acto seguido, una mariposa aparece y se le para en el dedo. De ahí, sólo porque la mariposa se le paró en el dedo, Robin deduce que Dios está con él, que todo saldrá bien, que debe seguir adelante y que debe ponerse feliz.

    Es una bonita historia,pero no todo lo que suena bonita ha de ser cierto. Por eso es que siempre recomiendo sinceridad a los filósofos para con ellos mismos.

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