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o son vanas las alabanzas tempranas a la astucia de Sisifo que Camus hace al comenzar el ensayo. De hecho son necesarias, porque lo primero que se hace notar en el padecimiento del personaje al elevar la piedra una y otra vez es su conciencia. Y es una sublime conciencia, la misma que le convertirá en héroe del absurdismo.
El mito de Sisifo es un breve ensayo filosófico de Albert Camus, en el cual se usa al mencionado personaje griego y su castigo divino como elemento principal de reflexión. En tiempos contemporáneos, post Revolución Industrial, con horarios para vivir, esquemas de producción y esclavitudes postmodernas, el mito de Sisifo debe ser leído y entendido.
Liberémonos, como deberíamos hacerlo, de los dioses. ¿Qué nos queda en la vida? Más precisamente, ¿cuál es nuestra razón para vivir?. Enseguida sobreviene el gran vacío de los existencialistas. Pero la pregunta clave es: ¿Por qué debe haber una razón para vivir? ¿Por qué no puede haber mí propia razón para vivir?
Camus hace notar semejante dilema cuando establece explícitamente que “si hay un destino personal, no hay un destino superior…”.A él se le antoja Sisifo contento cuando desciende de la montaña, disfrutando lentamente el descenso, libre, ligero, sin esfuerzo, levantado y ayudado a mitad de paso por la mismísima gravedad. Éste es el premio que veo en Sisifo, pero Camus va más allá.
Insiste en que el premio de Sisifo está en el saboreo de lo que le rodea. El roce, la tensión, el esfuerzo. Cada partícula que compone a Sisifo, y cada partícula que compone a la montaña y a la roca son degustadas por la excelsa conciencia del héroe. Pareciera entonces que Sisifo coloca entonces a los dioses creadores de su castigo en jaque mate otra vez. O se le permite la conciencia y dejar que éste interprete la realidad como mejor le venga en gana, o se le suprime, dejándolo sin capacidad entonces para saberse castigado. Sisifo siempre gana. ¿Y por qué no podemos ganar nosotros también?
Ante el absurdo extremo de hacer rodar una roca cuesta arriba una y otra vez para luego dejarla caer y comenzar de nuevo, éste Sisifo "No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida."expuesto por Camus consigue la manera de hacer el procedimiento dichoso. Luego ante el nacer, el crecer, el estudiar, el trabajar para comer, el reproducirse y el morir; o incluso ante el levantarse, ir al trabajo, volver a la noche, dormir, y levantarse otra vez, ¿qué dicha podríamos extraer de ello? La respuesta es que no hay respuesta. Como diría Ayn Rand: “No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida”.
La vida, en su completa contingencia, es absurda, absurdísima (en el sentido peyorativo de la palabra). Famosa es la lección que nos da Camus con este ensayo, pregonando que el problema filosófico más importante es el suicidio. Alguna vez leí que la risa es la respuesta fisiológica ante el absurdo. Como alternativa al suicidio, pues, podemos reírnos siempre de la vida, mil y una veces, tomarla en juego, ser un niño nietzscheano.
El mito de Sisifo es un breve ensayo filosófico de Albert Camus, en el cual se usa al mencionado personaje griego y su castigo divino como elemento principal de reflexión. En tiempos contemporáneos, post Revolución Industrial, con horarios para vivir, esquemas de producción y esclavitudes postmodernas, el mito de Sisifo debe ser leído y entendido.
Liberémonos, como deberíamos hacerlo, de los dioses. ¿Qué nos queda en la vida? Más precisamente, ¿cuál es nuestra razón para vivir?. Enseguida sobreviene el gran vacío de los existencialistas. Pero la pregunta clave es: ¿Por qué debe haber una razón para vivir? ¿Por qué no puede haber mí propia razón para vivir?
Camus hace notar semejante dilema cuando establece explícitamente que “si hay un destino personal, no hay un destino superior…”.A él se le antoja Sisifo contento cuando desciende de la montaña, disfrutando lentamente el descenso, libre, ligero, sin esfuerzo, levantado y ayudado a mitad de paso por la mismísima gravedad. Éste es el premio que veo en Sisifo, pero Camus va más allá.
Insiste en que el premio de Sisifo está en el saboreo de lo que le rodea. El roce, la tensión, el esfuerzo. Cada partícula que compone a Sisifo, y cada partícula que compone a la montaña y a la roca son degustadas por la excelsa conciencia del héroe. Pareciera entonces que Sisifo coloca entonces a los dioses creadores de su castigo en jaque mate otra vez. O se le permite la conciencia y dejar que éste interprete la realidad como mejor le venga en gana, o se le suprime, dejándolo sin capacidad entonces para saberse castigado. Sisifo siempre gana. ¿Y por qué no podemos ganar nosotros también?
Ante el absurdo extremo de hacer rodar una roca cuesta arriba una y otra vez para luego dejarla caer y comenzar de nuevo, éste Sisifo "No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida."expuesto por Camus consigue la manera de hacer el procedimiento dichoso. Luego ante el nacer, el crecer, el estudiar, el trabajar para comer, el reproducirse y el morir; o incluso ante el levantarse, ir al trabajo, volver a la noche, dormir, y levantarse otra vez, ¿qué dicha podríamos extraer de ello? La respuesta es que no hay respuesta. Como diría Ayn Rand: “No existe el sentido de la vida. Existe tu sentido de la vida”.
La vida, en su completa contingencia, es absurda, absurdísima (en el sentido peyorativo de la palabra). Famosa es la lección que nos da Camus con este ensayo, pregonando que el problema filosófico más importante es el suicidio. Alguna vez leí que la risa es la respuesta fisiológica ante el absurdo. Como alternativa al suicidio, pues, podemos reírnos siempre de la vida, mil y una veces, tomarla en juego, ser un niño nietzscheano.

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