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lunes, 16 de mayo de 2011

DE OSCURANTISMOS Y ADRIANA AZZI


S
ucede que en una nación tan predominantemente emocional como lo es Venezuela, el oscurantismo religioso no puede quedar relevado de la vivencia cotidiana. Es, más bien, la norma en este tipo de sociedades. Y de hecho, la sociedad venezolana es tan supersticiosa que es categorizable dentro de una lúgubre lista de naciones fundadoras de credos sincréticos. Solo basta acordarse de Sorte, de las “cortes malandras” y de sus menudencias.

Pues bien, ante este panorama proliferan agraciadamente las figuras públicas místicas. Adriana Azzi, por ejemplo, es una de ellas. Es una muy reconocida astróloga y tarotista por estas latitudes, con experiencia en televisión y en prensa escrita. Parte de su reconocimiento también sobreviene por sus muy populares predicciones anuales; más por lo polémicas que por ser exactas.

A título personal, opino que la astrología perdió todo fundamento cuando Copérnico derrocó el geocentrismo, y de hecho, ya lo griegos clásicos se mofaban de semejante creencia en siglos anteriores. Pero todo el mundo puede creer y gustar en lo que más le convenga -siempre y cuando no tenga mayores repercusiones éticas. Éste justamente es el detalle.

Es de mi gusto estar empapado de todas las aristas de pensamiento, sobretodo a través de las redes sociales. Desde lo afin hasta lo que me es repulsivo, todo es susceptible de mi observación y escrutinio. Adriana Azzi era un bonito ejemplar en mi grupo de conocidos virtuales de pensamiento diferente.

Como era de esperar, nunca estuve de acuerdo con las especulaciones “filosofales” de Azzi, sin que eso tuviera mayor repercusión de mi parte. Pero la excepción aconteció el día de ayer, 15 de mayo de 2011, cuando ella escribió algo como:

“Atención, atención. Cadena de oración para el lunes 16 de mayo, a las 9 de la noche. Atención Venezuela. Levantad las manos y orad. Fuertes y oscuros acontecimientos se avecinan. Cadena de oración.”

Más o menos así era.

Confieso que ya estaba un poco irritado anteriormente con las frecuentes noticias de evangélicos alrededor del planeta, vaticinando el fin del mundo para esta semana, para el 21 de mayo. Eso me parece una irresponsabilidad, ya que traspasa la frontera ética a la cual hacía referencia anteriormente. “Una población aterrada por misticismos primitivos, eso podría tener serias consecuencias (nada ilusorias, como sus causantes), y no debería quedar impune”. Así pensaba en aquel momento. Y así sigo pensando ahora, dicho sea de paso.

Así que, al ver esas palabras de Azzi, las encausé inevitablemente por el mismo sentido estúpidamente profético y atemorizante; y decidí opinar debajo con un adjunto:

“Pura apología al oscurantismo medieval.”

Y así fue cómo había sido liberada mi terrible descarga vengativa anti-misticismos embrutecedores. No obstante, no saldría ileso del altercado, aún cuando una simpática señora me había colocado uno de esos populares “me gusta” en mi comentario. Adriana, en un audaz movimiento que apenas tardó un minuto, revisó mi información, colocó un mensaje en mi perfil y borró lo ocurrido inmediatamente.

¿Qué me había escrito? Pues lo siguiente:

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Bien, casi muero de las carcajadas cuando lo vi. Es que el asunto… su respuesta… ha sido de mi total incomprensión. Ella quería una retaliación, obviamente, ¿pero cómo la racionalizó? Esta es mi teoría:

Photobucket

Ahora, Sra. Azzi, debo decirle que la impresión que me ha dado es que:

1) No sabe manejar las críticas, incluso las de mequetrefes como yo.

2) Asocia el contenido bíblico con el Oscurantismo. ¡Muy bien! Estamos de acuerdo.

3) No entendió lo curiosamente atea que es la cita del Génesis que tengo en mi información.

4) En vez de aleccionarme y convencerme de que una “cadena de oración” no es una apología al retraso de la humanidad, sino que más bien es algo muy útil; prefiere en respuesta dejarme mensajes en mi perfil para luego borrarlos (y borrarme) y quedar impoluta ante sus admiradores.

5) Ud. no había predicho esto para el 2011. ¿O sí?

En fin, para mi esto no ha sido más que un evento hilarante del que ahora hago mofa. No pretendo para nada que la Sra. Azzi abandone sus creencias ni sus labores, de eso vive. Pero si hay que extraer alguna moraleja de este suceso, es que hay que calibrar con mucho cuidado la influencia de los misticismos en la cotidianidad. No es responsable fomentar el miedo en la gente, basándose en la ignorancia de la misma.

Tampoco los rezos sirven de mucho, por aquí ya he hablado de eso.

Muchos saludos.





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martes, 4 de mayo de 2010

EL NEO OSCURANTISMO



I
nformación exponencial, saturación y especialización de saberes, tecnología de cajas negras, el argumento ateo del “dios de los huecos” cobrando fuerza y las grandes masas ocupadas en un único pensamiento fantasmagórico: el supuesto valor del dinero fiduciario.

El humano de hoy no piensa, eso ya no es parte de las virtudes en los cánones morales actuales. Más valía tiene el humano que produce, el que “hace”, como si el pensar no fuera la madre de las labores.


Que la siguiente reflexión sea, aún incurriendo en la total falta de elegancia, una menuda bofetada a los positivistas y a la plebe que profesan que estamos en el cenit de la humanidad.


Todo dogma está revestido de oscurantismo, y pruebas históricas de ello se encuentran fácilmente escrutables en la historia de la civilización occidental. La época del Oscurantismo propiamente dicho ocurre formalmente con la caída del imperio romano, sin embargo, el mismo imperio romano en su ocaso, bajo la nefasta tutela de Justiniano I, dio una muy buena introducción de lo que se avecinaba en el mundo: cerró la Academia de Atenas, la misma cuna del conocimiento que había fundado Platón.


Y así como a lo largo de la historia, desde que el mundo es mundo, las verdades absolutas han aparecido para pretender ser las únicas y eternas, la acción de Justiniano I de clausurar la Gran Academia fue una oda a la cegatez, la representación exacerbada de la imposición de un dogma. Dicho emperador emprendió una batalla cultural en contra de todo lo helenístico y lo pagano, más aún y simple, en contra de todo lo que no fuera cristiano.


Lo insólito, pero lógico, es que aún en nuestros días el cristianismo sea considerado como una doctrina virtuosa…


Y bastante costosa ha salido la recuperación del oscurantismo cristiano. Ante un Renacimiento y luego una Ilustración, es que la religión se ha puesto paulatinamente en su lugar, siendo hoy, desde mi punto de vista, ya innecesaria y hasta antinatural. Sin embargo reconozco que no todos son tan valientes para prescindir de un dogma metafísico. Están en su derecho de creer. Yo, sin embargo, prefiero saber.


La Academia de Atenas reunía en un solo lugar a todo lo excelso de Grecia. Era una ofrenda a Atenea misma. Se reunían artistas, sofistas, políticos, historiadores, filósofos en suma, y me aventuro a afirmar que en ninguna época de la humanidad se ha visto semejante amalgama y calidad de saberes. Ni siquiera en la Ilustración del siglo XVII se observó tal cuestión, pues muchos de los conocimientos oriundos de esta revolución cultural ya habían sido basados en los conocimientos griegos.


La prescripción de Justiniano I fue en verdad una estupidez, pero hoy, luego de casi 1400 años, todavía las academias actuales (o universidades) son víctimas de otra clase de oscurantismo, no tanto religioso pero sí económico. La decadencia ya no la constituyen los dioses únicos, sino un nuevo dogma, denominado “producción”.


Desde la revolución industrial todo se ha supeditado a la máxima producción, en aras de conseguir un máximo beneficio económico. De esto deriva la rigidez en los horarios, la antinaturalidad en las familias, el tiempo límite de formación en la universidad, y toda la estructura social en la que estamos embebidos en la actualidad. ¿Estamos en la cúspide de la humanidad? No, definitivamente no.


Un conocimiento libre, cualquiera que fuere, es el síntoma necesario de una civilización dorada. Una civilización así, valiente, que no tema ser nómada del mundo de los relativismos, dinámica y siempre cambiante, jerárquica, que desdeñe a los dogmas con el repudio más puro, con una moral útil a la vida y a la evolución, que vaya acorde con el ritmo natural de los eventos, que se mofe de los absolutismos y las eternidades por cuanto son una contradicción explícita de nuestras limitaciones humanas; sólo una civilización así es la que podría ver a la cara a los antiguos griegos y estar orgullosa de si misma. Estamos, francamente, muy lejos de ello.


En un mundo regido por democracias y aún dictaduras, por sistemas capitalistas y aún socialistas, con tantos dioses como personas, con tantos dogmas como humanos cobardes, con una educación delimitada por lo que sea conveniente de acuerdo con los medios de producción, enamorados del artificialísimo y pantanosamente cristiano “todos somos iguales” puesto en evidente jaque en la práctica; en tal escenario, falta mucho por superar. Incluso sería un gran paso retornar al Siglo de las Luces aunque sea.


Que quede claro entonces, que todo dogma sea sinónimo de oscurantismo, bien sea uno religioso y ya vacilante, o uno económico y aún peligrosamente vigoroso.


Amad a la educación sobre todas las cosas.





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