viernes, 23 de julio de 2010

"CONFESIONES" DE SAN AGUSTÍN. 3º LIBRO. ANÁLISIS



C
ontinuamos con el análisis de "Confesiones" de San Agustín de Hipona. De los libros analizados anteriormente se obtuvieron las siguientes conclusiones:


• San agustín cree en un dios moral. De hecho, cree en uno perfectamente bueno (utilizando en ocasiones “argumentos forzados”).
• También ese dios, para él, es omnisciente y omnipotente, aunque posee características típicamente humanas.
• El pecado nos precede antes de nacer, aún en el vientre de nuestra madre.
• Ante las inquietudes irresolubles de la vida, decide aferrarse al dogma cristiano, aún aunque éste no le satisfaga las dudas.
• Considera que el placer carnal debe realizarse dentro del matrimonio. Atribuye esto a la “ley de Dios”.

He aquí las opininiones del libro tercero:

CAPÍTULO I
“2. Así manchaba yo con sórdida concupiscencia la clara fuente de la amistad y nublaba su candor con las tinieblas de la carnalidad. Sabiéndome odioso y deshonesto, trataba en mi vanidad de aparecer educado y elegante. Me despeñé en un tipo de amor en que deseaba ser cautivo. ¡Dios mío, misericordia mía! ¡Con cuántas hieles me amargaste, en tu bondad, aquellas malas suavidades! Porque mi amor fue correspondido y llegué hasta el enlace secreto y voluptuoso y con alegría me dejaba atar por dolorosos vínculos: fui azotado con los hierros candentes de los celos y las sospechas, los temores, las iras y las riñas.”

San Agustín se siente culpable de sus aventuras carnales en la juventud, lo cual deja entrever que ya existía en la época un prejuicio moral negativo hacia las relaciones sexuales. Sobretodo las extramatrimoniales. Una pregunta pertinente sería: ¿Sin ese sacramento matrimonial hubiese existido tal prejuicio?

También considera que Dios le amargó la vida, como causa de Su bondad. Esto es importante, porque pareciera que el dios de San Agustín es también responsable de los sin sabores humanos. La tesis de un sufrimiento existente por ausencia de bondad no sería válida en este orden de ideas. El sufrimiento sería oriundo de Dios, aunque con intenciones benévolas.

CAPÍTULO II
“3. Pero guárdate bien, alma mía, de la inmundicia, guárdate de ella, bajo la tutela de tu Dios, del Dios de nuestros padres, excelso y laudable por todos los siglos (Dn 3, 52). No es que me falte ahora la misericordia; pero en aquellos días gozaba yo con ver en el teatro a los amantes que criminalmente se amaban, aun cuando todo aquello fuera imaginario y escénico. Cuando el uno al otro se perdían me ponía triste la compasión; pero me deleitaba tanto en lo uno como en lo otro. Muy mayor misericordia siento ahora por el que vive contento con el vicio, que no por el que sufre grandes penas por la pérdida de un pernicioso placer y una mentida felicidad. Este tipo de misericordia es de cierto mucho más verdadero, precisamente porque en ella no hay deleite en el dolor. Si es laudable oficio de caridad compadecer al que sufre, un hombre de veras misericordioso preferiría con mucho que no hubiera nada que compadecer. Absurdo sería hablar de una "benevolencia malévola", pero este absurdo sería necesario para que un hombre pudiera al mismo tiempo ser en verdad misericordioso y desear que haya miserables para poderlos compadecer.”

San agustín critica las obras de teatro por ser escenarios trágicos que avivan el deleite del público que los ve. Bien, tiene su derecho de haber tenido sus prejuicios morales al respecto. Sin embargo, finaliza con una interesante conclusión.

Considera una verdadera virtud misericordiosa aquel hombre que preferiría no tener nada de qué compadecerse. ¿Cómo se aplica esto a Dios? Bajo esa premisa, ¿es Dios catalogable de la mejor de las misericordias al permitir, en medio de su omnipotencia, toda clase de sufrimientos en el mundo? Casi inmediatamente Agustín dice: “Absurdo sería hablar de una 'benevolencia malévola'", lo cual lo hace contradecirse cuando veía como misericordiosas las hieles amargas que Dios le procuró en su juventud.

“ 4. Hay pues dolores que se pueden admitir, porque son útiles; pero el dolor en sí no es digno de amor.

Esto es lo que pasa contigo, mi Dios y Señor, que amas las almas de tus hijos con amor más alto y más puro que el nuestro; la tuya es una misericordia incorruptible y, cuando nos compadeces, nuestro dolor no te lastima. ¿Quién en esto como tú?”

Si, según San Agustín, el dolor humano no afecta a Dios de ninguna manera, ¿cómo llamarlo misericordioso? ¿Qué motivaría tal misericordia?

CAPÍTULO III
“2. Aquellos estudios míos, estimados como muy honorables, me encaminaban a las actividades del foro y sus litigios, en los cuales resulta más excelente y alabado el que es más fraudulento. Tanta así es la ceguera humana, que de la ceguera misma se gloría. Yo era ya mayor en la escuela de Retórica. Era soberbio y petulante y tenía la cabeza llena de humo, pero era más moderado que otros, como tú bien lo sabes; porque me mantenía alejado de los abusos que cometían los "eversores" (1), cuyo nombre mismo, siniestro y diabólico era temido como signo de honor. Entre ellos andaba yo con la imprudente vergüenza de no ser como ellos. Entre ellos andaba y me complacía en su amistad, aun cuando su comportamiento me era aborrecible, ya que persistentemente atormentaban la timidez de los recién llegados a la escuela con burlas gratuitas y pesadas en que ellos hallaban su propia alegría. Nada tan semejante a esto como las acciones de los demonios y, por eso, nada tan apropiado como llamarlos "eversores", derribadores. Burlados y pervertidos primero ellos mismos por el engaño y la falsa seducción de los espíritus invisibles, pasaban luego a burlarse y a engañar a los demás.”

De nuevo aquí se ven los prejuicios morales del autor, pero más importante aún, se observa el nivel de conservadurismo de los mismos. Critica (y con razón) la actitud de los eversores (estudiantes antiguos de la institución de retórica, que fastidiaban a los novatos). Sin embargo, no sólo los castiga duramente con las palabras, olvidando casi que se trata de eventuales inmadureces de jóvenes, sino que también hasta atribuye dicha conducta a la obra de malévolos espíritus invisibles.

Por cierto, si antes Agustín ya había aclarado que el sufrimiento humano era obra del misericordioso Dios benevolente, ¿entonces qué cabida tienen estos demonios invisibles? No está claro.

CAPÍTULO IV
“3. Bien sabes tú, luz de mi corazón, que en esos tiempos no conocía yo aún esas palabras apostólicas, pero me atraía la exhortación del Hortensius a no seguir esta secta o la otra, sino la sabiduría misma, cualquiera que ella fuese. Esta sabiduría tenía yo que amar, buscar y conseguir y el libro me exhortaba a abrazarme a ella con todas mis fuerzas. Yo estaba enardecido. Lo único que me faltaba en medio de tanta fragancia era el nombre de Cristo, que en él no aparecía. Pues tu misericordia hizo que el nombre de tu Hijo, mi Salvador, lo bebiera yo con la leche materna y lo tuviera siempre en muy alto lugar; razón por la cual una literatura que lo ignora, por verídica y pulida que pudiera ser, no lograba apoderarse de mí.”

Al leer “Hortensio” de Cicerón, Agustín sintió una nueva motivación en su vida: el amor a la filosofía. Sin embargo, y aunque reconoce que el libro le exhortaba a profundizar en la filosofía misma, en el saber mismo, decidió apegarse al dogma cristiano eventualmente. ¿Por qué, si saber y creer son cuestiones de diferente naturaleza? Ninguna filosofía exhorta al dogma.

CAPÍTULO V, CAPÍTULO VI
(Hablan de las incursiones de San Agustín por las doctrinas maniqueas. Confiesa haberse equivocado y confundido por falsas verdades. Nada que sobrepase lo anecdótico).

CAPÍTULO VII
“1. Desconocía yo entonces la existencia de una realidad absoluta y, estimulado por una especie de aguijón, me fui a situar entre aquellos impostores que me preguntaban en qué consiste el mal, si Dios tiene forma corporal, cabellos y uñas, si pueden tenerse por justos los hombres que tienen muchas mujeres y matan a otros hombres y sacrifican animales. Dada mi ignorancia, estas cuestiones me perturbaban; pues no sabía yo entonces que el mal no es sino una privación de bien y se degrada hasta lo que no tiene ser ninguno. ¿Y cómo podía yo entender esto si mis ojos no veían sino los cuerpos y mi mente estaba llena de fantasmas?

Totalmente ignoraba yo que Dios es un ser espiritual; que no tiene masa ni dimensiones ni miembros. La masa de un cuerpo es menor en cualquiera de sus partes que en su totalidad y aun cuando se pensara en una masa infinita, ninguna de sus partes situadas en el espacio igualaría su infinidad y, así, un ser cuanto que no es espiritual como Dios, no puede estar totalmente en todas partes.

Ignoraba también qué es lo que hay en nosotros por lo cual tenemos alguna semejanza con Dios, pues fuimos creados, como dice la Escritura, a su imagen y semejanza.”

La importancia de este texto alude a que se pueden extraer con más claridad las características del dios de San Agustín. Atribuye éste una completa espiritualidad incorpórea a Dios (evidentemente sin pruebas). La razón por la cual pareciera hacerlo es porque dicha divinidad necesita, según la lógica agustiniana, carecer de masa para poder ser omnipresente.

Asimismo, Agustín afirmaba que existe una realidad absoluta, postura respetable que sin embargo estaría incompleta si no se admite los relativismos de nuestros sentidos para con esa realidad.

Lo peligroso entonces de la parcialidad aclaratoria de la postura agustiniana es que es susceptible de fundamentalismos. Al ser una realidad única y absoluta la existente, y situarla como independiente de los relativismos individuales, es la Verdad única y absoluta, la Moral única y absoluta, la Perspectiva de la vida única y absoluta. Las consecuencias de tal ordenamiento de las ideas es la semilla de todo dogma: la madre de las intolerancias y las ofuscaciones mentales.

“3. ¿Se dirá acaso que la justicia es algo que cambia? No. Pero sí lo son los tiempos sobre los que ella preside, que no por nada se llaman "tiempos". Los hombres, cuya vida sobre la tierra es tan breve, no pueden comprender bien las causas que entraban en juego en siglos pasados y en la vida de pueblos diferentes; no están en condiciones, entonces, de comparar lo que no conocieron con lo que sí conocen. En una misma casa y en un mismo tiempo, fácilmente pueden ver que no todo conviene a todos; que hay cosas congruentes o no, según los momentos, los lugares y las personas. Pero este discernimiento no lo tienen para las cosas del pasado. Se ofenden con ellas, mientras todo lo propio lo aprueban. Esto no lo sabía yo entonces, ni lo tomaba en consideración. Las cosas me daban en los ojos, pero no las podía ver. Y sin embargo entendía yo bien que al componer un canto no me era lícito poner cualquier pie en cualquier lugar, sino que conforme al metro que usara, así debía ser la colocación de los pies, éste aquí y éste allá. La prosodia que regía mis composiciones era siempre la misma; no una en una parte del verso y otra en otra, sino un sistema que todo lo regulaba.

Y con esto, no pensaba yo en que tu justicia, a la cual han servido los hombres justos y santos, tenía que ser algo todavía más excelente y sublime, en que todo se encierra: las cosas que Dios mandó para que nunca variaran y otras que distribuía por los tiempos, no todo junto, sino según lo apropiado a cada uno. Y en mi ceguera reprendía a aquellos piadosos patriarcas que no solamente se acomodaron a lo que en su tiempo les mandaba o inspiraba Dios sino que bajo divina revelación preanunciaron lo que iba a venir.”

Párrafo bastante revelador. San Agustín explica nada más y nada menos que el relativismo moral. Está de acuerdo con la idea de que en cada “tiempo” (o época) lo que era considerado bueno o malo era distinto en otro contexto. Aún así, en un forzado absolutismo, defiende que la justicia es una sola.

Ahora bien, ¿cómo puede ejercerse una justicia absoluta ante morales relativas? Una justicia absoluta, de existir, debe sustentarse en principios buenos y malos absolutos también.

Agustín parece percatarse de la paradoja que inventó y creyó remediarla diciendo que Dios emanaba cuestiones absolutas y cuestiones relativas simultáneamente, cosa que tiende a hacer engorrosa la dilucidación de las verdades. Ya establece a priori que Dios existe, luego que es el dios de las Escrituras, luego que es un dios moral, luego que es un dios que ejerce justicia y luego que esa justicia es absoluta, pero que también sirve para sopesar morales relativas. Estamos ante una evidente pirámide de cartas, en donde cada nivel es de frágil sustento.

Un análisis final a estas publicaciones demostrará las contradicciones encontradas en “Confesiones”, entre ellas, las de éste capítulo.

CAPÍTULO VIII
"1. …De manera semejante, las torpezas que van contra naturam, como las de los sodomitas, han de ser siempre aborrecidas y castigadas. Y aun cuando todos los pueblos se comportaran como ellos, la universalidad del delito no los justificaría; serían todos ellos reos de la misma culpa ante el juicio de Dios, que no creó a los hombres para que de tal modo se comportaran. Se arruina y se destruye la sociedad, el trato que con Dios debemos tener cuando por la perversidad de la concupiscencia se mancilla esa naturaleza cuyo autor es él mismo.”

Actualmente está demostrado que la sodomía no es contra naturam. De hecho, en un sentido estricto, ¿qué cosa puede ser contra naturam si todos estamos embebidos en la naturaleza?

“Pero cuando se trata de costumbres humanas los delitos han de evitarse conforme a la diversidad de esas costumbres; de manera que ningún ciudadano o extranjero viole según el propio antojo lo que la ciudad ha pactado con otros pueblos o que está en vigor con la firmeza de la ley o de la costumbre. Siempre es algo indecoroso la no adecuación de una parte con el todo a que pertenece.

Pero cuando Dios manda algo que no va con la costumbre o con los pactos establecidos hay que hacerlo, aunque nunca antes se haya hecho; hay que instituirlo aunque la institución sea del todo nueva. Pues si un rey puede en su ciudad mandar algo no antes mandado por los anteriores reyes ni por él mismo, la obediencia al nuevo mandamiento no va contra la estructura de la ciudad; es algo universalmente admitido que los ciudadanos han de obedecer a sus reyes. ¡Con cuánta mayor razón se debe a Dios, rey de todas las criaturas, una obediencia firme y sin vacilaciones! Pues así como en las sociedades humanas la potestad mayor se impone ante las potestades menores, así también toda humana potestad debe subordinarse al mandar de Dios..“

Se sugiere mesura en la conducta y costumbres cuando una sociedad tenga otras costumbres bien definidas y diferentes. No obstante, cuando el mandato es divino, de poco vale tal prudencia. Como dice Agustín, todo lo humano debe someterse a Dios.

Es lamentable que esa sea precisamente la postura de todas las religiones. ¿Cuál dios está en lo correcto y por qué? ¿Por la fe de unos ha de ser mejor que la de otros?

“3. Pero, ¿qué malicia puede haber en ti, incorruptible como eres? ¿o qué crimen te puede dañar, siendo como eres inaccesible al mal?

Con todo, tú castigas lo que los hombres se hacen entre ellos de malo; porque cuando pecan contra ti se perjudican ellos mismos. La iniquidad se miente a sí misma (Sal 26, 12), cuando corrompe y pervierte la naturaleza que tú creaste y ordenaste, o usando sin moderación de las cosas permitidas, o ardiendo en deseos de lo no permitido en un uso contra naturam (Rm 1,26), o se hacen los hombres reos de rebeldía contra ti en su ánimo y en sus palabras, dando patadas contra el aguijón (Hch 9,5); o, finalmente, cuando en su audacia rompen los lazos y traspasan los límites de la sociedad humana y se gozan en privados conciliábulos o en privados despojos, al azar de sus gustos y resentimientos.

4. Todo esto sucede cuando los hombres te abandonan a ti, que eres la fuente de la vida, el verdadero creador y gobernador del universo; cuando la soberbia personal ama una parte del todo haciendo de ella un falso todo.”

Aquí se confirma lo que en puntos anteriores se debatía y dejaba dudas. La maldad, desde el punto de vista agustino, es la ausencia de la bondad del Dios judeo cristiano. Ahora bien, todo el sufrimiento o castigo experimentado por los humanos es, o un alejamiento del camino divino (en cuyo caso nosotros seríamos responsables de nuestros propios males), o una intervención divina para que recobremos el sentido, sin que esto último signifique, por supuesto, que Dios sea malo.

Lo anteriormente dicho intenta darle coherencia a las palabras de San Agustín, cuestión que en ocasiones se complica. Que bien valga un análisis entonces:

Como ya lo había expresado, San Agustín creía en que todos llevamos con nosotros, mucho antes de nacer, el pecado. Este pecado fue el heredado por Adán y Eva por desobedecer a Dios, ente infinitamente bueno y misericordioso. Acorde con la mitología judeo-cristiana, Adán y Eva SÓLO pudieron conocer el bien y el mal una vez hubieron probado el fruto del Árbol del Conocimiento. Antes de ello es sensato suponer que se encontraban en un estado de inocencia pura. En este orden de ideas, Adán y Eva fueron castigados erróneamente, lo cual contradice la infinita benevolencia y perfección de Dios.

Ahora bien, desde otro punto de vista, supongamos que efectivamente estuvo mal desobedecer a Dios (aún sin probar el fruto prohibido). ¿De dónde vino ese mal? De la Serpiente del Edén, la encarnación de Luzbel, el ángel caído. ¿Y dónde vino Luzbel, y todas sus capacidades? De Dios. La pregunta clave aquí sería entonces ¿Puede de un Dios infinitamente bueno brotar de su esencia maldad o capacidad para la maldad? Evidentemente no.

Aún siendo el demonio malvado por ausencia de la bondad de Dios, su capacidad para disentir erróneamente le fue conferida por Dios (su creador), ente que en teoría es perfectamente bueno. Por otro lado, si Dios es omnisciente, tuvo que haber sabido TODO lo que pasaría en el futuro posterior a su creación, incluyendo las maldades que ocurrirían.

Entonces, toda maldad existente o capacidad para ella contradice la perfecta bondad de Dios, puesto que es Él el creador de todas las cosas. Más aún, si Dios es omnisciente, está al tanto entonces de que a partir de Él todo lo que se aleje del “verdadero camino” pierde su bondad. Siendo esto así, y habiendo creado al universo de todas formas, Dios le da anuencia a la maldad. Ya lo había intuido Soren Kierkegaard: “Con el mundo, Dios se ha contradicho a sí mismo”.

CAPÍTULO IX
(Agustín se recrimina algunas supersticiones maniqueas en las que creyó).

CAPÍTULO X
“1. Pero tú, Señor, hiciste sentir tu mano desde lo alto y libraste mi alma de aquella negra humareda porque mi madre, tu sierva fiel, lloró por mí más de lo que suelen todas las madres llorar los funerales corpóreos de sus hijos. Ella lloraba por mi muerte espiritual con la fe que tú le habías dado y tú escuchaste su clamor. La oíste cuando ella con sus lágrimas regaba la tierra ante tus ojos; ella oraba por mí en todas partes y tú oíste su plegaria. Pues, ¿de dónde sino de ti le vino aquel sueño consolador en que me vio vivir con ella, comer con ella a la misma mesa, cosa que ella no había querido por el horror que le causaban mis blasfemos errores? Se vio de pie en una regla de madera y que a ella sumida en la tristeza, se llegaba un joven alegre y espléndido que le sonreía. No por saberlo sino para enseñarla, le preguntó el joven por la causa de su tristeza y ella respondió que lloraba por mi perdición. Le mandó entonces que se tranquilizara, que pusiera atención y que viera cómo en donde ella estaba, también estaba yo. Miró ella entonces y, junto a sí, me vio de pie en la misma regla. ¿De dónde esto, Señor, sino porque tu oído estaba en su corazón?”

¿Quién no ha soñado alguna vez con lo que más desea? ¿Merece esos sueños interpretación metafísica?

CAPÍTULO XI
(Comenta el sufrimiento de su madre respecto a su conducta).


El análisis continuará en próximas entregas.





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miércoles, 21 de julio de 2010

LA PROPAGANDA OFICIALISTA


H
ace pocos años un buen amigo me hizo saber algo que me impresionó muchísimo, no sólo por su contenido sino por la inequívoca relación que tenía el mismo con el contexto venezolano de aquel entonces. Se trataba de los Principios de Propaganda de Goebbels, una serie de postulados poderosos que constituyeron la base teórica de la influencia de Hitler y de su partido nacional-socialista sobre el pueblo germano. Me apresuro a indicarlos a continuación:
  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. (Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan).
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: (Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad).
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.

Estos principios no dejan de ser impresionantes para mi persona, me ocurre cada vez que los leo. Tan sólo 11 puntos, compuestos de lógica simple y aún de sofismas, que le permite al gobernante de turno, de cualquier contexto o cultura, un eficiente lavado de cerebro de las masas. El núcleo básico de la eficiencia de estos principios es nada más y nada menos que la ignorancia, de ella es que se alimentan.


La opinión de las masas, a lo largo de la historia y en cualquier lugar del mundo, es el reflejo inequívoco del nivel de sofisticación POR DEFECTO del individuo promedio que las compone. En una naturaleza dispuesta jerárquicamente como la que tenemos, son los individuos más especializados los menos abundantes y frágiles. En el caso humano, si elegimos como ejemplo de especialización a la inteligencia, resulta evidente que la proporción de genios de alto C.I. es mucho menor que la proporción de personas de C.I. estándar, regular o bajo.


Dado que la naturaleza, por su mecanismo intrínseco, tiende a prevalecer a los regulares y bajos sobre los excepcionales (sin que haya nada peyorativo en estos términos), es fácil observar que al discretizar a las masas como representación del individuo que las compone, se debe realizar más que un promedio simple, un promedio ponderado. Este promedio ponderado es el que “cuantifica” la tendencia de esa población hacia lo regular o anodino. Por ello hablaba anteriormente del nivel de sofisticación por defecto. Goebbels no ignoraba este asunto, y se puede comprobar en su principio de vulgarización:


Joseph Goebbels.


En el contexto venezolano, no sólo en aquel entonces, sino ahora más que nunca, se observa como la propaganda de Chávez parece haber estudiado muy bien estos principios. Me gustaría ilustrar con ejemplos algunas consignas presidenciales, repetidas innumerables veces por los oficialistas:


  • “¡Uh ah, Chávez no se va!”: Esta consigna probablemente nació del pueblo mismo y no de Chávez. Demuestra, en todo caso, lo acertado del principio de vulgarización. Es una consigna simple, básica, corta, basada en una cacofonía, que aunque de poco contenido en sí misma revela mucho de la mentalidad del bando que la profiere.

  • “Cúpulas podridas, CIA, pueblo Sionista de Israel, Oligarquía, latifundistas, golpistas, burguesía, el Imperio, etc”: Ejemplos claros del principio del método de contagio. Todos ellos son subcategorías de un mismo y único enemigo. Cualquier opositor es simultáneamente un oligarca, un enviado de la CIA, un apátrida, un imperialista, un golpista, y un oligarca.

  • “Yo soy el pueblo. Quien esté contra mi está contra el pueblo”. Ejemplo del principio de simplificación y del enemigo único.

  • “El Niño es el culpable de la crisis eléctrica”. Ejemplo del principio de la transposición.

  • “Chávez es amor”: Ejemplo claro del principio de vulgarización. Es un mensaje dispuesto de tal forma que el más infortunado mental del pueblo venezolano lo entiende y lo cree.

  • “El imperio yankee es el culpable de nuestras crisis”, “Los escuálidos apátridas”: Ejemplo del principio de orquestación. Estas frases han sido repetidas incontables veces durante 11 años por el presidente venezolano. Las repite cada vez que tiene oportunidad, esperando, quizás, que se vuelvan realidad. Por lo menos ya son una realidad en los oficialistas.

  • “Hay que exhumar al Libertador”, “¡Exprópiese!”, “Graduación de médicos integrales”, “Ese terrorista intentó asesinarme”. El presidente venezolano es el maestro del principio de la renovación. En Venezuela hay una incesante cantidad de noticias, que crece a un ritmo inverosímil. Otras naciones serias del mundo han de preguntarse por qué en este país ocurren tantos eventos importantes a la vez. La respuesta es que todo es manipulado, todo está tramado así para distraer a la gente de los verdaderos intereses. Lo lamentable es que se le sigue el juego.

  • Cuando aún no se tienen pruebas de la muerte de Danilo Anderson, por ejemplo, o cuando Ciclia Flores manda a callar a una diputada que inquiere acerca del caso PDVAL, se está ejerciendo el principio de la silenciación.

  • “Bolívar, Che, Marx, Jesucristo, Mao, Lenin, Sucre, Zamora, Manuela Saenz, Alí Primera, etc”: Todos ellos son ejemplo del principio de la transfusión. Chávez es un experto en aprovecharse de la historia de los difuntos para hacer de ella la suya propia. ¿Qué opinarían de él estos personajes de estar vivos?


El caso actual de la exhumación de Bolívar es lo más reciente y palpable respecto al implemento de estos principios propagandísticos. Como es fácil adivinar, Chávez no puede equivocarse en la tesis de que Bolívar murió por envenenamiento (si fuera falso, sería bastante contraproducente para su popularidad, probablemente eso haría que guardara silencio respecto a ese tema). En este orden de ideas, cuando se compruebe que efectivamente fue envenenado, y que muy probablemente lo fue por un “oligarca colombiano” del siglo XIX o por un “apátrida y contrarrevolucionario”, se avivará el discurso en contra del pueblo de Colombia y en contra de las “oligarquías”. Tenemos pues un claro ejemplo de los principios del método de contagio y de transfusión fusionados.

Apelo al pueblo venezolano y a cualquier otro que esté susceptible de ser manipulado a raíz de su ignorancia, que se culturice, que se ilustre. La educación es el mejor bien que pueden dejarse a sí mismos. Cito al tan admirado y desvirtuado Bolívar:


“Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.

Para finalizar, quisiera compartir este video. El maestro actual de las victorias electorales en América Latina, J.J. Rendón (quién fue el artífice de la propaganda del actual presidente electo Santos) devela algunos detalles de la metodología chavista para ejercer su influencia en las masas.




De nuevo repito: educación, educación y más educación. Si la libertad no se entiende, no se merece.




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sábado, 17 de julio de 2010

"CON EL FAVOR DE DIOS"




S

iendo parco, me enfocaré rápidamente en lo que implica la solicitud de favores hacia una deidad, no sin antes expresar mi asombro ante el hecho de que los teístas más acérrimos no hayan caído en cuenta de tales consecuencias. Supongo que es obra de los dogmas. Pero he aquí mi Némesis:


Dios te hace un favor. Implicaciones:


1) Existe un dios

2) Ese dios interfiere hipotéticamente en aspectos de la vida humana para realizar el favor.


Del punto 2, se presentan las siguientes alternativas:


2.1) Dios interfiere en TODOS los aspectos de la vida humana: Todo está configurado de manera inflexible, desde el punto de vista de nuestros deseos. Todo, basado en un plan o no, estaría regulado por ese ente divino, lo cual implica la no existencia del libre albedrío. Por lo tanto, poco podemos hacer para que dios nos confiera favores o modifique el futuro por medio de los ruegos. Nuestras plegarias y agradecimientos en este caso serían necias y fútiles.


COROLARIO: El libre albedrío deja de existir si un dios es omnipotente y además desea ejercer su omnipotencia en todos los asuntos de la vida humana.


2.2) Dios interfiere en ALGUNOS aspectos de la vida humana: El libre albedrío sí existe, por lo menos en ciertos aspectos, lo cual implica que el futuro sí puede ser afectado por nuestros ruegos.


Aquí vale decir que para que ese dios tenga aún la majestad de la omnipotencia, el mismo puede pero no quiere afectar la vida humana en su totalidad. Si ese ente no fuera omnipotente sería otra cosa, no un dios.


2.3) Dios interfiere en NINGÚN aspecto de la vida humana: El libre albedrío existe a plenitud, lo que nos hace responsables absolutos de cada decisión que tomamos. Es la libertad plena de elegir y ver el mundo como lo deseamos. En esta alternativa, puesto que nada está ordenado metafísicamente (no hay control de dios sobre el universo, bien porque no quiere, porque no puede o porque no existe), dios se hace completamente prescindible. Si existe o no, se torna irrelevante. Nuestras plegarias y agradecimientos en este caso serían necias y fútiles.


Vemos que de todas las alternativas, es la 2.2 la que podrían salvaguardar los creyentes. Redefiniendo se tiene entonces:


Dios te hace un favor. Implicaciones:


1) Existe un dios

2) Ese dios interfiere en ciertos aspectos de la vida humana para realizar el favor.


De nuevo, refinando otra vez al punto nº 2, se tienen dos opciones:


a) El favor no se realiza.

b) El favor se realiza parcial o totalmente.


En la opción a) dios no quiere o no puede realizar el favor que se le pide. Esta respuesta es la más trivial de todas las posibles a la hora de plantear el problema de los favores divinos. Sin embargo, es bastante curioso (por no usar un eufemismo más hiriente) que éste sea el caso que estadísticamente más se repite en todas las peticiones. En la praxis es fácil comprobar la asombrosa desproporción que hay entre los favores recibidos y los no recibidos, éstos últimos muchísimo más frecuentes que los primeros.


Os invito a pedir justo ahora, a la divinidad que más desee, que llueva en sus alrededores. Sin duda, en algún rincón del mundo lloverá, incluso puede llover cerca de usted al momento de pedirlo. Pero compare eso con todas las personas que lo pidieron y no se les cumplió. Ese es el punto.


Respecto al punto b), último bastión del creyente de los favores divinos, tenemos unas serias consecuencias morales, conceptuales y perceptivas acerca de lo que conlleva que un dios cumpla nuestros deseos.


La primera cuestión a hacer notar es que puede existir un error perceptivo entre la causa y el efecto. Retomando la invitación sugerida anteriormente, uno pudiera pedir como favor que lloviese. Suponiendo que se cumpla, debido a prejuicios cognitivos y culturales, el creyente le atribuiría inmediatamente la causa de la lluvia a su dios, lo cual envicia las verdades.


No pasan por su mente cuestiones más lógicas (y comprobables) como la evaporación del agua, como la presión atmosférica, la nubosidad o la factibilidad de que eso pudiese ocurrir. Tampoco, si el evento resulta francamente inexplicable, toma la postura responsable de reconocer que por lo pronto no sabe la causa de la lluvia. Decide más bien, muy seguramente de forma intempestiva, que lo que ha obrado en la naturaleza es un milagro. Atribuye pues, probablemente bajo una interpretación errónea (aún aunque las estadísticas estén en contra) que existe una relación entre su petición y la lluvia, y que además dicha petición es concedida por un dios que casualmente es su dios de preferencia.


Esto último constituye un abreboca para considerar lo siguiente: Si se supone que un dios obra favores, se tiene que sopesar con absoluta seriedad que vivimos en un universo holístico, es decir, que cada evento que ocurre repercute de alguna forma u otra sobre otro evento, aún a pesar de que no sea evidente para nosotros que eso ocurra. Se puede pedir que la lluvia aparezca delante de nosotros, pero sin duda alguna esa lluvia que solicitamos afecta nuestro entorno de maneras que pueden ser hasta insospechadas.


En ese orden de ideas, cabe la pena destacar que al ser complacidos con favores, somos de alguna manera, así sea minúscula, diseñadores del curso de la historia. El orden original de los sucesos se ve perturbado por nuestros caprichos, necesidades, anhelos o peticiones, y por un dios que contempla y complace dichas carencias. Asimismo, es justo preguntar por qué la historia ha de cambiar por nuestras peticiones. ¿Quiénes somos para ostentar tal derecho, al punto de hacer cambiar la opinión original de un dios? Si es posible eso, ¿por qué catalogarlo como dios?


Muy relacionada a esas ideas se encuentra ésta otra: Si un dios es capaz de modificar la estructura del universo sólo para complacernos, necesariamente alguien (cualquier ser viviente) debe verse perjudicado por nuestras peticiones. Eso tiene implicaciones morales muy graves.


COROLARIO: Un dios que concede favores aún a cuestas de contradecirse moralmente no es un dios moral.


Dicho sea de paso, los dioses morales (los dioses buenos, malos o buenos –malos) NO existen, no sólo porque la moral no existe, sino porque de existir, Epicuro de Samos ya ha demostrado la inconsistencia de esta clase de divinidades. Leer Psicología de un dios.


Cuando un dios concede favores, no sólo se hace cómplice de lo que ya se ha explicado, sino que también ese dios se trivializa. En efecto, un dios que hace llover se rebaja a una nube, un dios que hace salir bien al estudiante en la prueba se rebaja a un compañero de estudio que susurra respuestas, un dios que ayuda a llegar rápido a cierto lugar determinado es un taxista, un dios que concede salud es médico, y así sucesivamente.


Entonces no solamente entraña una contradicción (en ciertos casos) que tal clase de dios, si es que es un dios, exista, sino que permanece también una contradicción por parte de los creyentes para con el trato del ser que consideran divino. Solicitar favores a un ente de tal majestad es una falta de respeto, tanto para el dios como para ellos mismos.


Lo más grave de la petición de favores incurre cuando se pone en entredicho la omnisciencia o perfección de tal dios. Supongamos que bajo una hipótesis dada, un ente divino denominado dios concede un favor. Si la hipótesis preestablece que ese dios es perfecto, la concatenación natural de los eventos que dicho dios ha creado ha de ser perfecta también. En pocas palabras, el universo y su historia se desarrollan en absoluta perfección (así no todos estemos de acuerdo con tal perfección).


Bien, eso es bajo la propuesta de un orden de los eventos original. ¿Qué sucede cuando un creyente solicita un favor y le es concedido? La historia se altera, y su curso original es desviado. Ergo, su perfección también ha de cambiar. Lo que antes estaba estipulado de forma perfecta ya no lo es; y en vista de que es incongruente hablar de “infinitas posibilidades de perfección”, no queda otra alternativa que la evidente imperfección del curso de los eventos.


Esto contradice la perfección (total) de ese dios o contradice su omnisciencia.


Habiendo discutido las características más resaltantes de lo que solicitar ayuda divina implica, la única esperanza teísta para ser atendidos por un ente divino “superior” es:


  • Que ese ente divino exista.
  • Que ese ente divino no sea moral.
  • Que limite parcialmente el libre albedrío de los seres humanos.
  • Que sea caprichoso (no siempre cumplirá).
  • Que tenga perfección parcial (con lo cual ya no es perfecto).

Bien, finalizado ésto sólo quedaría preguntar: ¿Si un ente con las características anteriores existe, por qué le llamamos dios? ¿Qué diferencia tiene con un duende o un genio de la lámpara mágica?


Que viva la libertad.





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miércoles, 14 de julio de 2010

EXTRAÑAS COINCIDENCIAS



E
n mis incursiones chavistoides me he topado con un comentario muy curioso por parte de una persona de Facebook. Ante la foto de un mandatario de izquierda latinoamericano, escribió lo siguiente:

"____________ finalmente se saco la mascara con la que se presentaba en los foros latinoamericanistas donde hasta el día de hoy se presenta como admirador de las ideas revolucionarias marxistas leninistas del “CHE”; el traidor de los últimos días usa el aparato judicial y policial del Estado para acallar, perseguir y reprimir la lucha de los estudiantes, de los pueblos originarios y los trabajadores de ___________; ya no solo se contenta con un preso político, hoy pretende encarcelar a la respetable dirigencia de _____________.

Lo descarado del _________ es que se gasta los dineros del pueblo en una millonaria campaña diaria de propaganda barata para vender sus mentiras y perpetuar el sistema capitalista atrasado que mantiene a los trabajadores y a los pueblos de ____________ marginados del poder.

Mis respetos y gran admiración para el PRESIDENTE DE LA FEDERACION DE ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS DE ___________ (DIRECTIVA NACIONAL). Los “ROBOLUCIONARIOS” quisieron acallar la voz rebelde de la juventud __________ y esta se levanta cada día más fuerte y comprometida con el cambio profundo que exigen nuestros pueblos Y LA TOMA DEL PODER, QUE ES EL OBJETIVO Y RAZON DE TODAS NUESTRAS LUCHAS.

UBIQUEMOSNOS TODOS UNIDOS Y BIEN ORGANIZADOS PARA LUCHAR DESDE LA PERSPECTIVA DEL PROLETARIADO PARA ACABAR CON LA EXPLOTACION DEL HOMBRE TRABAJADOR ______________ POR UNOS POCOS DE LA OLIGARQUIA CAPITALISTA. UNAMOSNOS YAAAA, PARA DERROTAR ELECTORALMENTE A ____________, A SU HERMANO ____________ (PARTE DEL PAQUETE Y PLANES DE LA OLIGARQUIA CRIOLLA Y EXTRANJERA), DERROTAR A LOS ______________, A LOS SOCIAL CRISTIANOS, A LA DEMOCRACIA POPULAR, LA __________, Y A TODA LO OLIGARQUIA QUE MANTIENE INTACTOS SUS PODERES GRACIAS A LA TRAICION DE ___________.

L I B E R T A D P A R A _________________."

Ahora imagino que sospechan hacia quién va dirigida la crítica en tal comentario. Para vuestra sorpresa, no se trata de un chavista disidente que está comenzando a despertar, ni tampoco el protagonista del comentario es el esperado Hugo Chávez Frias. Se trata de un ciudadano ecuatoriano defraudado que critica al presidente Rafael Correa. ¿Increíble la similitud no?

El comentario en su fuente original (fue escrito por Jaime Pueblo el 4 de julio de 2010) pueden verlo por esta via:

"Comentario curioso"

Quisiera ser parco en esta oportunidad, no sin antes hacer notar que al parecer la izquierda latinoamericana es fétida por los mismos flancos, independientemente del mandatario. De hecho, ¿podríamos hablar propiamente de una izquierda, o más bien de un ultra populismo con máscara izquierdista? Lo dejo a vuestra reflexión.





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viernes, 9 de julio de 2010

FUNDAMENTALISMO DEMOCRÁTICO



E

n primer lugar, me excuso ante el Dr. Gustavo Bueno por hacer del título de mi artículo un homónimo del título de su más reciente libro, libro que no tenido el honor de leer. Sin embargo, creo necesario tomar tal atrevimiento en vista de que la frase “fundamentalismo democrático” resume en buena medida el núcleo de mi crítica siguiente.


Siempre he estado en contra del dogmatismo por ser éste la herramienta principal de toda ceguera intelectual y de todo estancamiento progresista. Para mi pesar, en el mundo que actualmente nos compete, presencio una atmósfera justamente dogmática referente a lo que son los sistemas democráticos. En el contexto político, se sacraliza la democracia sobre todas las cosas, y si bien reconozco que dicho sistema es una victoria tangible en cuanto al respeto de los individuos, muy bien existe la posibilidad de creer y caer en que no pueda elucubrarse algo mejor.


La democracia se hace valer a sí misma partiendo del hecho de que es la voluntad colectiva la que elige a sus representantes. Esto, que constituye su mayor virtud, como si se tratase de un concepto taoísta, constituye a la vez su mayor defecto. Y ese defecto tiene nombre y apellido: Argumentum ad populum.


El argumentum ad populum es una falacia lógica en la cual se juzga la veracidad de una proposición o de un razonamiento en función de la cantidad de personas que la apoyen o la desacrediten. En pocas palabras, el razonamiento se cree válido no porque sea cierto, sino porque es popular.


En vista de ello, muy bien valdría la pena destacar que para sociedades de pobre nivel educativo, la democracia no constituye la mejor solución. De hecho, son estos ciudadanos los más propensos a las demagogias y populismos por parte de los políticos. Si estos políticos llegan a los cargos anhelados, conocedores (como lo son) de la relación directa entre la ignorancia y el poder, desdeñarán adrede el incentivo por la cultura para que su demagogia y populismo siga cobrando igual o mayor efecto; todo ello para extender lo mayor posible los beneficios que sus cargos les confieren.


Sólo un pueblo ilustrado podría ejercer una democracia que, si bien incurre inevitablemente en el argumentum ad populum, reduciría el margen de error de dicha falacia. Existirían pues más probabilidades de que la verdad de la mayoría sea la verdad de la razón.


En otro aspecto, pareciera que la densidad demográfica influye notoriamente en la estabilidad democrática de un país. Por curioso que luzca la afirmación anterior, ya Voltaire había dicho que “la democracia sólo parece adecuada para países muy pequeños”. Y es que al momento de elegir representantes, siempre habrá una minoría técnica que no se verá complacida con los resultados.


Entonces tenemos, por ejemplo, que una decisión democrática tomada entre 10 personas no es equivalente a una decisión democrática tomada entre 100 millones de personas. En este caso, suponiendo una mayoría del 60% en ambas decisiones, se tendría como resultado un 40% de personas no representadas. El 40% de 10 personas son apenas 4 individuos, pero en una población de 100 millones, son 40 millones lo no representados.


A todas luces se ve que en densidades demográficas altas, la proporción de no representados es alta también, lo cual constituye una probable y potencial fuente de conflictos para el desarrollo democrático. Sin embargo es importante aclarar que toda oposición debe existir para que la democracia tenga efecto. Lo que trato de ilustrar es la dificultad inherente de negociar con la gran variedad de necesidades e ideas que pudiese tener una oposición de alta densidad demográfica.


La democracia, específicamente en el momento de ejercer la elección, toma como axioma el hecho de que “todos somos iguales”. Esto, desde mi punto de vista, incurre en el error típico de las doctrinas igualitarias impregnadas de Cristianismo y de Romanticismo del siglo XIX.


A pesar de que creo necesaria una igualdad de oportunidades, me parece evidente en la praxis, y lejos de toda idealización, que todos los individuos de la naturaleza son únicos, y por ende diferentes. Siendo todos distintos, distintos serán entonces sus talentos y defectos, sus habilidades y limitaciones.


¿Es responsable entonces que todos los individuos de una sociedad tengan el mismo “poder de voto”? El gobierno de un pueblo, me parece, es un asunto demasiado serio como para ser influenciado de igual forma por el común denominador de las personas. Si para que un ingeniero sea reconocido como tal hace falta que el mismo sea evaluado por organismos académicos y profesionales pertinentes y expertos en ingeniería, ¿cómo puede ser posible que para elegir un presidente sólo sea necesario ser mayor de edad?


No se trata, aclaro, de excluir a cierta parte de la población de su derecho a elegir representantes. Se trata en todo caso de mantener ese derecho con una cuota merecida de responsabilidad. El presidente de una nación, que debería reunir una serie de requisitos sociales y habilidades diplomáticas, económicas y políticas, no puede ser visto con el mismo ojo crítico por todas las personas de todas las áreas y todas las edades. Es bastante factible que un joven de 18 años no tenga la pericia analítica de un adulto de 30 años, así como un nutricionista, por ejemplo, no pudiera tener la misma visión que un politólogo, o una persona analfabeta en comparación con una persona ilustrada.


Repito, es de mi anuencia que todos voten. Pero no es de mi simpatía que el voto valga igual para todos. Todos valemos, pero que cada uno sea líder en lo suyo.


Algo relativamente novedoso son los sistemas de neo-totalitarismo. Dichos sistemas se mimetizan hábilmente bajo los esquemas democráticos y bajo el fundamentalismo ciego de éstos últimos. Paulatinamente las personas pierden sus libertades, se les reduce su poder de expresión y de decisión. Bajo la excusa de ser constitucional, un estado neo-totalitarista roza los límites mismos de la legalidad para asirse con el poder de las instituciones, centralizando todo en una élite que gobierna.


Los organismos que velan por la democracia a nivel internacional, supremamente miopes ante la realidad y más apegados, empero, a los dogmas electorales y constitucionales, son prácticamente inútiles ante estas estratagemas totalitarias. La población queda indefensa entonces ante toda injusticia, sólo por culpa de una franca falta de análisis ante el hecho de que las democracias no pueden ser sacralizadas: tienen defectos.


Los antiguos griegos ya sabían de dichas fallas democráticas, e incluso proponían sistemas, a mi saber, mucho mejores, como la noocracia o como la demarquía. Os invito pues al análisis de los mismos como sistemas de gobierno que pueden superar la funcionalidad de la democracia.


Y de ser mejores, no por ello dejarán de ser imperfectos. No a los dogmas.





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